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Una expareja del hombre en busca y captura por el crimen de La Calzada

"Se desentendió de sus hijos y se volvió agresivo; vino a amenazarme al trabajo"

"Fui la primera en denunciarle; por la calle parecíamos muy felices, pero los problemas siempre se producían de puertas adentro"

J. M. S. M.

J. M. S. M.

Según explica su entorno más cercano, la expareja de Lorena Dacuña, uno de los principales sospechosos de su muerte y Lorena Dacuñadetenido ayer, cuando la mujer rompió la relación el pasado mes de noviembre. Pocos, sin embargo, sabían que J. M. S. M. acumulaba varios delitos previos por malos tratos y que fue denunciado por al menos otras dos mujeres. "Yo fui la primera en denunciarle; por la calle parecíamos muy felices, pero los problemas, en estos casos, siempre van por dentro", concreta una de estas exparejas, que pide mantenerse en el anonimato por seguridad. "Tuve que mudarme de la ciudad y cambiar mi número de teléfono debido a todo esto", razona.

Según informa esta mujer y el entorno más cercano de la propia Dacuña, el hombre es original de Villaviciosa, aunque durante la mayor parte de su vida ha residido en Gijón. También apuntan que tiene entre 47 y 48 años y que era demasiado "discreto" como para contar detalles personales. La familia que le queda en Villaviciosa, de hecho, cortó relación con él hace al menos una década y, desde entonces, no han vuelto a contactar. Ayer, de hecho, estos parientes ni siquiera sabían que su familiar estaba siendo investigado por una muerte violenta.

Pese a ello, sobre este varón pesan varios delitos previos por violencia de género. La primera denuncia llegó en el año 2010 de manos de su exmujer, que se cansó de una relación que, aunque larga, "no pintaba bien desde hace tiempo". "Yo desde entonces he hecho lo posible por olvidarme de todo, porque pasaron muchas cosas, pero en estos casos lo normal es que casi nadie más que tú sepa nada ", concreta la afectada, que entiende por qué Dacuña también mantuvo sus posibles problemas privados en secreto.

A esta mujer J. M. S. M. la conoció en el año 1998 y estuvo con ella hasta el 2010. Una vez presentada la denuncia y haber roto la relación, el presunto sospechoso "se desentendió" de los hijos que compartía con su hasta entonces esposa, con la que había formado una familia numerosa, lo que fue objeto de varias procedimientos administrativos al respecto. "Ahora están conmigo, alejados de él, y no lo han vuelto a ver desde entonces", añade la víctima.

Esta misma mujer había llegado a presentar otras denuncias por malos tratos con anterioridad: "Pero siempre las acababa retirando; estas cosas nos pasan a muchas". Cuando las cosas "se pusieron peor", la mujer ya decidió irse del domicilio que compartía con él en Gijón y tratar de rehacer su vida, pero no fue posible. "Llegó a venir a mi puesto de trabajo para amenazarme por la ruptura e intentó agredirme", afirma: "Y ahí ya supe que tenía que denunciar".

Mientras su causa judicial avanzaba, a esta mujer le consta de otra supuesta víctima que presentó una segunda denuncia por hechos similares. "Lo que tenemos entendido es que le condenaron por lo que declaramos las dos, pero como rompimos todo contacto no estamos seguras ni de los años que cumplió en la cárcel", reconoce.

En cualquier caso, esta afectada tuvo que ser protegida por las autoridades por una orden judicial de alejamiento que se alargó durante ocho años. También se le facilitó uno de los dispositivos telefónicos de seguridad para las mujeres en situación de riesgo por violencia de género.

Por otra parte, tanto a esta mujer como al hermano de Dacuña les consta que el varón "fue legionario en su juventud" y que por entonces se hizo uno de los tatuajes típicos de esta fuerza militar. El segundo añade que llegó a acoger en su casa a varios excompañeros del colectivo. También se sabe que, tras romper su relación con Dacuña en noviembre, él mismo fue cobijado durante algunos días en el domicilio de un camarero de otra sidrería de la ciudad donde ambos habían coincidido como compañeros, y que después había logrado independizarse.

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