06 de marzo de 2020
06.03.2020

Ingenieros y filósofos unen ideas "para un progreso con ética"

Una diadema para ayudar a los tetrapléjicos a comunicarse o Alexa para personas con alzhéimer, propuestas de los alumnos

06.03.2020 | 02:30

El diseñador industrial Doug Dietz es el creador de una máquina de resonancia magnética de grandes prestaciones, con varias unidades instalada en el Hospital de la Universidad de Pittsburgh. Dietz estaba muy orgulloso de su creación hasta que un día fue testigo de cómo una niña pequeña lloraba desesperada ante la terrorífica idea de tener que introducirse en la máquina para una prueba, inmóvil sobre una camilla de metal. Tanto le removió la conciencia saber que un 95 por ciento de los pacientes infantiles menores de nueve años necesitan ser sedados para utilizar las máquinas de resonancia magnética que decidió tomar cartas en el asunto. Rediseñó las máquinas, añadiéndoles colores e ilustraciones y convirtiendo la prueba en una aventura en la selva, en un barco pirata o en el fondo del mar, y ahora los niños no sólo no tienen miedo sino que quieren repetir. Es sólo un ejemplo de cómo la tecnología y la ética deben ir siempre de la mano, porque los resultados siempre serán más humanos y porque, al fin y al cabo, "la técnica debe estar siempre al servicio de las personas".

Así lo expusieron ayer los ponentes de las II Jornadas de Ingeniería y Filosofía organizadas la Cátedra MediaLab de la Universidad de Oviedo, ante la certeza de que "cambiar el mundo a mejor, progresar, conlleva una dimensión ética", recalcó Ramón Rubio, director del MediaLab. De ahí la necesidad de "combinar progreso moral y científico y técnico", apuntó la profesora de Filosofía de la Universidad de Oviedo Asunción Herrera, quien apoyó su exposición en la novela victoriana "La raza futura" de Edward Bulwer-Lytton para hablar del transhumanismo.

A lo largo de la jornada, se abordaron cuestiones como la inteligencia artificial, el envejecimiento, el papel de la tecnología como mediadora en situaciones de vulnerabilidad, la tecnificación agrícola y hasta el feminismo, para llegar a una misma conclusión. "Es necesario un trabajo interdisciplinar, de desarrollo por proyectos, es una semilla muy importante que debemos cultivar a imagen de lo que ya se está haciendo en otras partes del mundo", concluyó el rector de la Universidad, Santiago García Granda, para quien "la hibridación nunca debe perderse" habida cuenta de "una necesidad de simbiosis, de perspectiva humanística" en el mundo actual.

Buena prueba de ello son las inquietudes de los estudiantes que desde diferentes ámbitos tratan de hermanar los dos aspectos: técnico y ético. Tres alumnas presentaron ayer sus trabajos fin de grado sobre este asunto: Raquel Alonso habló de las "Modulaciones tecno- afectivas en Inteligencia Artificial". O lo que es lo mismo, un trabajo de filosofía para ahondar en la necesidad de emociones respecto a las nuevas tecnologías. Porque "las emociones y las afecciones cuentan en nuestra realidad, en la toma de decisiones, en la forma de interactuar con otros", explicó, con la intención de "llamar la atención sobre la perspectiva de cómo vamos a abordad la tecnología y los dilemas que nos encontramos con ella".

Elba Fernández, por su parte, está trabajando en el desarrollo de una herramienta de Alexa para la estimulación cognitiva de los pacientes con alzhéimer. Porque el asistente de Amazon e es capaz de hablar casi de todo, pero aún no ha sido entrenado para prestar un servicio a las personas mayores de forma sencilla. Es lo que pretende la estudiante, que plantea la realización de juegos y ejercicios a través de la interactuación: "que Alexa te pregunte cosas y tengas que responder", resume, con tareas como repeticiones de palabras, operaciones matemáticas o incluso con preguntas más personales como las relaciones de parentesco para que el "paciente" pueda practicar de forma amena y sencilla, sin salir de casa.

Alisson Martha Sifuentes ha diseñado como trabajo fin de grado una diadema de electroencefalografía para personas con tetraplejia. El objetivo es medir la actividad cerebral para determinar qué movimientos desea hacer el paciente con los brazos "para ayudarlo a comunicarse con su entorno". Varios ejemplos de que la técnica, más que nunca, debe estar al servicio de los humanos.

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