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Crisis del coronavirus

El "milagro" de La Mixta: el mayor geriátrico de Asturias, sin contagios

El centro gijonés, con 319 residentes, cerró sus espacios comunes y permite paseos por el jardín, pero no en grupo

Con 319 ancianos, la mayor residencia de Asturias, La Mixta de Gijón, ha conseguido mantenerse hasta la fecha libre de contagios por coronavirus. El pequeño "milagro" de este geriátrico, uno de los más antiguos y amplios del país, aplica estos días medidas que, según sus trabajadores, "exceden las propias recomendaciones

La plantilla de trabajadores se empezó a someter en los últimos días a un barrido de test rápidos que, ahora, se están acompañando de las pruebas habituales de PCR, las de laboratorio, para verificar que todos se mantienen sanos. Mientras tanto, en el centro del barrio de Pumarín las posibilidades de un foco grave de contagios como el registrado en Grado o en Pravia son cada vez menores. "Los protocolos que manejamos ahora mismo son muy estrictos. Hasta las compañeras que en los turnos de noche quedaban y se juntaban en la planta de abajo se quedan ahora en sus plantas. Siendo sinceros, es probable que el virus acabe entrando, hasta cierto punto es imposible evitarlo, pero no creo que llegue a ser nada masivo", concreta una de las enfermeras del recinto.

Las pautas de prevención se fueron aplicando al mismo tiempo que en el resto de establecimientos residenciales de la red pública: se empezaron a restringir visitas ya a principios de marzo y se negó la entrada de nuevos residentes, y después, ya tras el decreto del estado de alarma, el edificio se blindó a todo tipo de público salvo personal contratado. "También se instalaron los puntos de higiene con hidrogel y papel de manos, y no sé cómo estará en otras residencias, pero aquí casi hay puntos en demasía; tenemos hasta en los ascensores", bromea la misma empleada.

Para la plantilla, la clave del éxito registrado hasta ahora es precisamente el elevado número de trabajadores, que tocan a casi uno por cada residente. Eso les permite "licencias" como las citadas al principio. "Poder enviar a un compañero a casa hasta que vengan las pruebas de un residente enfermo no es lo habitual. Aquí somos muchos, y en tiempos como estos es cuando se demuestra que así es como tiene que ser", razona la misma empleada.

Sí que hubo algún "percance" en los primeros días del estado de alarma, porque varios empleados se pusieron mascarillas cuando aún no estaba estipulado por protocolo. Los responsables del centro amenazaron con sancionar a los apelados y en una ocasión tuvo que intervenir hasta la Policía Nacional. "Se podría haber evitado con un poco más de mano izquierda por ambas partes; ahora mismo tenemos material de sobra, pero al principio escaseaba y no teníamos instrucciones", opina la misma trabajadora.

Los dos cambios más sustanciales para los internos fueron el cierre de espacios comunes y del comedor de la planta baja, al que acudían en grupo los residentes en mejor estado que pudiesen caminar y comer por sí mismos. Ahora, cada residente come en las áreas de su planta designada, evitando movimientos innecesarios, y se han habilitado espacios nuevos para que en las mesas cada comensal esté siempre a dos metros de distancia del resto de compañeros. La otra modificación ha sido vigilar más las salidas al jardín, que ya no se pueden hacer en grupo, pero sí de forma individual.

Para los residentes, las dos primeras semanas de confinamiento fueron "duras". "Algunos estaban más alterados de lo normal y les preguntaban a sus familiares por qué no podían venir a verlos. Los que están bien y tienen teléfono intentamos que tengan siempre el móvil cargado para poder hablar con sus parientes, y creo que la mayoría ya lo empieza a llevar mejor y se han ido acostumbrando", concretan desde la plantilla.

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