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Medio siglo de una escultura icónica El significado de la obra

" 'La madre del emigrante' no deja indiferente", dice el hijo del autor

Ramón Santiago de Muriedas reivindica la escultura: "Si hay un homenaje municipal por sus cincuenta años iremos toda la familia"

J. M. REQUENA

Asegura Ramón Santiago de Muriedas (Madrid, 1973), hijo del escultor santanderino creador de "La madre del emigrante", que no hay visita a Gijón en la que no vaya a ver la obra cumbre de su padre. Una mujer de bronce de tres metros de altura, a punto de cumplir medio siglo, raída y oxidada por el tiempo y la tristeza, que representa a muchas madres que vieron a sus hijos partir en busca de una vida mejor. Muchos volvieron, otros no. Pero ella ahí sigue, imperecedera, perenne, con su sempiterna mirada clavada en el horizonte del mar. Pero, destaca Muriedas, también representa a la perfección lo que fue su padre, en el plano personal y artístico.

"Es una de sus obras más representativas, sin lugar a dudas. En ella se ve cómo entendía mi padre el arte y su producción artística. Es una de sus obras más importantes", explica Muriedas hijo al otro lado del teléfono desde Madrid, donde vive y donde su padre, también emigrante a su manera, tuvo que recalar tras salir de la capital cántabra, en busca de un porvenir. Por eso, dice Muriedas que la obra gijonesa "tiene que ver también con su historia personal, con su infancia y su pasado". "Está muy relacionada con su biografía", la que puso los cimientos del Ramón Muriedas artista.

-¿Qué quería expresar su padre con esta obra?

-El sentimiento de pérdida, de ausencia, de añoranza.

Precisamente por eso "La madre del emigrante" retrotraía al Muriedas escultor a sus primeros años de vida, donde perdió a su padre muy joven y tuvo que emprender el camino hacia el éxito como escultor, con paso previo por la capital del reino. "Se fue a Madrid para tener un futuro mejor y desempeñarse en el mundo del arte", remarca ahora su hijo.

-Es una obra muy emocional.

-Sí. Tiene mucha carga emocional. Se transmite mucho esa emoción de tristeza, pero también de esperanza. Tiene esa doble emoción: no solo la pérdida, sino también la ilusión por mejorar y tener un mundo mejor.

Dicen los más versados en artes que la obra que preside El Rinconín es una de las esculturas más emocionales de su creador. Su hijo lo rubrica: "Es una de sus obras en las que más se transmite esa potencia de emociones, en otras el sentimiento está más contenido". Quizá por ello no oculta que "toda la familia le tenemos un especial cariño" a la obra, que este año cumple medio siglo desde su creación.

Cincuenta años que dieron para mucho. "La madre del emigrante" sobrevivió en este tiempo a un atentado y a muchos temporales. Circunstancias que hicieron que el bronce echara raíces. "Ya forma parte del imaginario colectivo de Gijón. Ya no solo es una escultura, que puedes pasar a su lado y verla o no, sino que se ha integrado mucho en la ciudadanía y en los veraneantes. A la gente le gusta mucho pasear por allí", explica el Muriedas contemporáneo, tan contemporáneo que recurre a un recurso tecnológico para apoyar su tesis. "Hay webs que la sitúan como la tercera cosa a visitar en Gijón", incide.

Lo que no se consiguió en estos cincuenta años fue lo del nombre. "La madre del emigrante" sigue siendo para muchos -casi todos- "La lloca'l Rinconín", por aquello de la retranca marinera, ese humor tan playu que lleva a llamar "váter de King Kong" al Elogio del Horizonte, "El Difuntu" a uno por delgado o "El Mercrominu" a otro que se sobrepasaba con esta solución.

"Mi padre se lo tomaba con mucho humor, no le molestaba. Y a nosotros tampoco. Nos hace gracia. Así no es tan académico y tan teórico. Que la gente opine lo que quiera hace que sea más respetada", enfatiza del hijo de Muriedas.

Una de cal y una de arena. El nombre no cuajó, pero el emplazamiento sí, hasta convertirse en vigía de paseantes, corredores y surfistas. "Me gusta mucho el emplazamiento, porque está cerca del mar y orientada hacia esa salida del puerto. Y la zona está despejada, dejando ver el paisaje natural y el verde de Asturias, que es maravilloso. No podría estar en mejor sitio", sentencia Ramón Santiago de Muriedas, que dice más: "Ya me gustaría a mí tener en Madrid unas esculturas así".

Y es que, entiende el hijo del autor, la escultura puede gustar estéticamente o no, pero la gente la ha querido por todo lo que transmite y lo que significa para quienes han tenido que irse fuera de España mucho tiempo, por cuestiones económicas".

Esta escultura, a tenor de lo que explica Muriedas hijo, tiene algo de sinécdoque, la parte por el todo. "Es una escultura que no deja indiferente a nadie", algo que tiene en común con su autor: "Mi padre era también así, no dejaba a nadie indiferente, por su forma de ser tan arraigada".

Y entrando en materia paternofilial:

-¿Falta reivindicar la figura de su padre?

-Totalmente. Se valoran sus esculturas, pero hay muchas que no se conocen. "La madre del emigrante" es una buena publicidad para mantener su legado, pero como él no le daba mucha importancia, falta ese reconocimiento. Mucha gente conoce la obra, pero no al artista. Eso es un problema y me preocupa. Por eso, intento informar a la gente de la producción importante de mi padre, que tuvo un gran bagaje y una gran aportación al mundo del arte, como se recoge en diversos manuales. Espero que ese reconocimiento llegue en años venideros.

Hablando de homenajes:

-¿Se está planteando hacer algún acto por el aniversario de la obra, en Gijón?

-El Ayuntamiento planteó la posibilidad de hacer algo relativo a la pieza, pero no se ha concretado nada. Nosotros estamos a su disposición para lo que necesiten. Entiendo que ahora tendrán problemas más grandes que resolver. Pero a mí me encantaría y, si se hace, iremos toda la familia.

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