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Navegación sobre ruedas

La federación de Vela celebra una regata en Gijón para personas con discapacidad funcional: "Tienen una inmensa sensación de libertad"

Los barcos, durante la regata.

Los barcos, durante la regata. FVPA

"Si para una persona sin diversidad funcional navegar es un lujo, para una persona discapacitada es un lujo elevado al cubo". Así lo entiende Alfredo Flórez, director técnico de la Federación de Vela del Principado de Asturias. Una frase que cae con el peso de la experiencia de quien lleva una década organizando una competición de vela adaptada en Gijón, hasta convertirse en "un referente a nivel nacional". Como ejemplo, a la edición de este año, cuando se cumple la primera década de competición, acudieron navegantes de cuatro federaciones de fuera del Principado como Cantabria, Madrid, País Vasco y Andalucía. "Y eso que el coronavirus nos mató, porque la gente de Baleares y Canarias no pudieron venir", remarca Flórez.

Las ocho tripulaciones disfrutaron este fin de semana en Gijón de la navegación. "Cuando se suben al barco, se sienten en el paraíso", explica Flórez, "después de estar todo el día acostumbrados a las trabas que supone la silla de ruedas, navegando tienen una inmensa sensación de libertad". Algo que se les nota en las caras. "Es su válvula de escape, pueden estar en contacto con la naturaleza, sintiendo la brisa y el ruido de las olas", remarca el organizador del evento. "Esa sensación de no estar anclados a la silla de ruedas les da mucha libertad", añade.

Para ello, un grupo de voluntarios, además de los trabajadores de la federación, les ayuda a subir a los barcos, gracias a una grúa sufragada por el Ayuntamiento de Gijón. No es la única diferencia respecto a los campeonatos de vela tradicionales. Por ejemplo, el timón del barco no es una rueda, sino un "joystick" que manejan con la mano.

"Tenemos la suerte de tener una instalación única en todo el Cantábrico, perfectamente adaptada desde los vestuarios a la rampa de entrada a los barcos", explica Flórez. Unas instalaciones que sufragaron con el dinero que la Federación tenía ahorrado hace años. "Se juntaron las instalaciones, los barcos, y el apoyo de Nacho Robles, que fue el canalizador de todo el proyecto", rememora.

Tras una década de experiencia, este año introdujeron además una novedad de calado. A las categorías individual y doble, en esta edición se sumó la categoría open, en la que participan juntas personas con y sin discapacidad. "Apostamos por ser mucho más inclusivos, no separar a las personas con discapacidad funcional, sino aprender de ellas y con ellas", enfatiza Flórez, que remarca que "con esto, se crean grandes relaciones de amistad entre los navegantes, que luego se mantienen a lo largo de la vida", cuando "quedan incluso para navegar juntos".

Esta complicidad, sin duda, "es lo que más me prestó de esta edición", en la que los resultados deportivos fueron lo de menos. No obstante, en la modalidad por parejas, ganaron Gabriel Barroso y Agustín González de la Federación Madrileña de Vela (Fundación También); en segundo lugar quedaron Juan Luis Salinas y Rodolfo Fernández de la Federación Andaluza de Vela; y completaron el podio Laura Pire y Miguel Ángel Pérez de la Federación Asturiana de Vela. En la categoría individual el galardón fue para Alberto Pacho León, también de la Federación Madrileña de vela, con Mikel Bidaurre Ansoain (Federación Navarra de Vela) en segundo puesto y Manuel Fernández-Barbón Fernández (Federación de Vela del Principado de Asturias) en tercer puesto. El palmarés de la décima edición de un proyecto de integración y deporte que no deja de crecer en las aguas del mar Cantábrico.

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