11 de octubre de 2020
11.10.2020
La Nueva España

Adiós a Floro Gordillo, rey de la noche gijonesa

El hostelero fue hallado muerto por unos amigos en su casa a los 52 años: "Unió a todo el sector"

11.10.2020 | 01:51
Florentino Gordillo, Floro, en la discoteca El Jardín.

El fallecimiento de Florentino Gordillo, Floro, dejó ayer en shock a la hostelería gijonesa. Su cuerpo fue hallado sin vida en su domicilio de Pumarín sobre las 16.30 horas por dos de sus amigos más cercanos. Las alarmas habían saltado poco antes en el restaurante Mamaguaja, en la calle Marqués de San Esteban, cuando no se presentó al servicio de comidas. Las causas de la muerte se conocerán hoy tras el resultado de la autopsia, pero todos los indicios apuntan a motivos naturales. Tenía 52 años y era uno de los personajes más emblemáticos de la juerga local, el rey de la noche gijonesa. Vinculado actualmente al Grupo Gavia, fue relaciones públicas de la mítica discoteca El Jardín y organizador de la fiesta de fin de Feria, una de las verbenas de referencia del verano local durante años, dedicada principalmente a los trabajadores de la Feria de Muestras. "Unió a todos los hosteleros, fue un mítico", apuntaban ayer sus allegados, rotos de dolor.

Florentino Gordillo nació en Gijón. Sus raíces estaban en el barrio de Pumarín. Residía en el piso de sus padres, que se enteraron del fallecimiento en su segunda residencia en Argüero, en el concejo de Villaviciosa. Sus progenitores regentaban una frutería en la calle Valencia, donde él llegó a trabajar. Tenía un hermano. Estaba vinculado al Grupo Gavia, trabajando en el Mamaguaja, donde la noticia se ha recibido con estupefacción. También colaboraba en el Bambara, local del mismo grupo y también en Marqués de San Esteban, donde era una referencia a la hora del vermú. Y casi a cualquiera. "Fuimos felices por poder contar con su carisma. Fue un trabajador fantástico. Valía para todo", aseveró ayer Javier Martínez, socio de Gavia.

El querido hostelero se dio a conocer como relaciones públicas de la discoteca El Jardín, en Somió. Borja Fernández fue encargado de la emblemática sala de fiestas, que cerró en 2018. "No había nadie que no fuera cercano a Floro. Vivió para hacer disfrutar a los demás", aseguró. En El Jardín organizó durante varios años la fiesta de fin de Feria, una referencia del verano gijonés destinada a los trabajadores -y cualquiera con ganas de pasarlo bien- de la Feria de Muestras, que, tras dos semanas de arduo trabajo, se resarcían bailando. La última edición, ya con la discoteca cerrada, se celebró en 2019 en Laboral Centro de Arte. Nacho Fernández, conocido "DJ Nack", fue pinchadiscos de la mano de Gordillo. "Era nuestra bandera", contó.

Gordillo tuvo una aventura como empresario en el Baypass, en la calle Cervantes. Ese local abrió sus puertas en 2005 y cerró diez años después. Estuvo como responsable cerca de tres años. En ese negocio repartió su simpatía. Era costumbre verle vestido de traje. Y también era famosa su sorprendente habilidad para cocinar tortilla de patata. "Era el mejor, no había una tortilla como la suya", recordó Pablo Gallego, camarero y amigo personal.

Floro o Florín, como también se le conocía, era integrante de la peña "El Buen Rollo", formada sobre todo por hosteleros. Cada septiembre, era tradición que organizara un viaje en autobús desde Gijón hasta Ribadesella para hacer el Descenso. Era un consagrado jugador de naipes, especialmente de La Pocha. Una de sus últimas partidas la jugó con César Telenti y Javier Rodríguez, Bodeguita, en el merendero El Yantar, en el camino de El Cotarón, el pasado jueves. "Era un especialista en agrupar a la gente, en unirla, en organizarla", afirmó Telenti. "Era un personaje de la movida gijonesa", describió Rodríguez.

Javier Rodríguez Álvarez es el hijo de Javier Rodríguez, Bodeguita. Era uno de los más cercanos a Gordillo. Comían todos los lunes, cuando el hostelero libraba en el Mamaguaja. Solían ir juntos de vacaciones a Benidorm, de donde Floro regresó hace pocos días, tras tomarse unos días de descanso. Rodríguez Álvarez recuerda, como lo hace prácticamente toda la ciudad, el lema de Floro, aquel mítico "Gijón se mueve", que repetía una y otra vez. Un eslogan que al final hizo propio el Ayuntamiento y que Gordillo estampó en chapas y camisetas. "Va a ser imposible llenar el hueco que deja. Cuando no fue a trabajar saltaron todas las alarmas", contó. Gordillo también era un hombre querido en el mundo del fútbol asturiano. Pasó por el Cimadevilla y el Valdesoto. Llegó a ser segundo entrenador del Marino de Luanco, detrás del técnico Roberto Robles. Con ellos dos, el conjunto gozoniego logró un ascenso a Segunda B en 2001. "Era una persona muy legal, un fenómeno organizando eventos. Recuerdo un partido que dirigió él solo al equipo. Ganó 0-5 al Real Avilés", rememoró Robles.

Gordillo era aficionado al fútbol y estaba muy ligado al Sporting, aunque tampoco perdía de vista al Real Madrid. Y tenía querencia por el balonmano de la ciudad. David Pellitero, excapitán del Juanfersa y con una dilatada trayectoria en este deporte, también apreciaba enormemente a Floro. "Su pérdida es incalculable. La primera vez que vio un partido de balonmano fue para verme a mí. Se verá estos días la repercusión que tenía", subrayó el también responsable de una inmobiliaria.

A la espera de saber el resultado de la autopsia, aún se desconoce dónde se rendirá el último adiós a Florentino Gordillo. De no ser por la pandemia de coronavirus y por la alerta naranja en Gijón, estaría garantizado que la despedida al hombre que unió a la hostelería de la ciudad sería mayúsculo.

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