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Las pintadas se suben por las paredes

Emulsa invirtió 1.154 horas en limpiar edificios públicos en 2019 y alerta de un auge del fenómeno l El Polígono y El Coto harán grafitis artísticos

El gran grafiti sobre la fachada del antiguo edificio de Bankunión.

El gran grafiti sobre la fachada del antiguo edificio de Bankunión. Ángel González

Luchar contra las pintadas en Gijón es lo más parecido a darse de cabezazos contra una pared. Emulsa invirtió 1.154 horas el año pasado en eliminar grafitis solo de las fachadas públicas. Y ni con esas, porque los garabatos rotulados con spray vuelven a florecer como las malas hierbas.El Ayuntamiento

A pesar de las demandas vecinales, la realidad es tozuda. Para Emulsa el problema es "inabarcable". La empresa limpia solo en los edificios públicos. Si se trata de un monumento, como sucedió en varias ocasiones con el "Elogio del horizonte", la Fundación Municipal de Cultura debe autorizarlo. Si la pintada aparece en una comunidad de vecinos o un garaje, el desembolso corresponde a los particulares. "Ni destinando toda la plantilla de la empresa se podrían abarcar todas las pintadas de la ciudad", aseguran fuentes de Emulsa, que apelan a la colaboración ciudadana para paliar la problemática.

Esa colaboración puede ir de la mano de los colectivos vecinales. La asociación "Evaristo Valle" del Polígono organizaba, a través del Conseyu de la Mocedá, unos encuentros sobre grafitis, cerca de la Escuela de Idiomas. "La gente lo apreciaba muchísimo y se respetaba mucho", asegura el líder vecinal del barrio, Manuel Cañete. En esa zona, dos de las calles más castigadas son Puerto Cerredo y Puerto Pajares. En ambas hay pintadas con comentarios racistas. "Nuestra vocalía de juventud tenía preparado un proyecto de recuperación de fachadas. Vino el covid, pero lo tenemos guardado", indica Cañete. Una idea similar tienen en el barrio de El Coto. La asociación vecinal que preside Christian Guisado está gestando un proyecto que presentarán "en un futuro" al Ayuntamiento. Consistirá en decorar con grafitis algunas zonas del barrio. "Aquí no hay pinturas considerables", valora.

Cimadevilla es uno de los barrios más castigados por las pintadas. Cuesta encontrar una pared completamente "virgen". Donde no hay grafitis, quedan sus cicatrices, porque, aunque se limpie y repinte, rara es la vez que el color de la fachada vuelve a casar a la perfección. "Antes pintaban más de madrugada, cuando acaba la fiesta. Ahora, han cambiado los horarios por las restricciones al ocio, pero el problema se mantiene", lamenta el presidente de la asociación de vecinos "Gigia", Sergio Álvarez. Este mismo colectivo denunció la pasada semana el mal estado de la pista de patinaje del Honesto Batalón. Un equipamiento que costó 900.000, que no tiene ni un año (se inauguró en enero) y ya está lleno de pintadas.

Los vecinos de Laviada también se quejan por los grafitis. Portales y garajes de las calles Magnus Blikstad, Avilés e Infiesto se llevan la peor parte. "Aquí pinta el que le da la gana", clama el presidente vecinal, Florencio Martín, que ve "cruda" la situación. "Salvo que los pillen en el momento, es imposible de frenar. Hace falta más vigilancia, pero con la crisis no hay policía suficiente", lamenta. También en la zona Centro se dan estas gamberradas, especialmente en locales cerrados, que con la pandemia han proliferado. "Con las tiendas vacías y con las pintadas hay calles que dan mucha sensación de dejadez", puntualiza Maite Martín, de la asociación "Jovellanos". "Salvo poner cámaras de seguridad, poco se puede hacer", se resigna la líder vecinal. A pesar de los esfuerzos, algunos ven las pintadas como batalla perdida.

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