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La baliza de Sacramento, en blanco

La señal de acceso al puerto deportivo muda su habitual color verde en la base para cumplir la normativa vigente, aprovechando las labores de mantenimiento que recibe cada década

Trabajadores sobre la baliza de Sacramento, ya pintada.

Trabajadores sobre la baliza de Sacramento, ya pintada. DANIEL MON

Uno de los elementos del paisaje de Gijón que contemplan quienes transitan por el paseo marítimo del puerto deportivo o quienes están en la playa de Poniente, acaba de cambiar de forma permanente su apariencia. Se trata de la baliza de Sacramento, que señaliza unos bajos rocosos en la bocana del Puerto Deportivo y que ha pasado a tener su base pintada de color blanco, cuando el minifaro de esta señal marítima había sido tradicionalmente de color verde en toda su extensión. El verde es precisamente el color de la luz que emite esta señal que, junto a la luz roja de la punta de Lequerique, indica cuál es el canal de entrada al Puerto Deportivo de Gijón.

La estructura de hormigón sobre la que se encuentra la baliza se revisa periódicamente para comprobar su estado ante el deterioro que va provocando en la misma los embates de la mar. Las tareas de mantenimiento acaban siendo necesarias al menos una vez por década, cada siete a nueve años. El cambio de imagen del minifaro que soporta la baliza se ha hecho ahora aprovechando precisamente una de esas actuaciones de mantenimiento por parte de la Autoridad Portuaria.

Al pintar el tercio inferior de la estructura de blanco, manteniendo de color verde los dos tercios superiores, la señal se amolda a las directrices marcadas por Puertos del Estado en la Guía para la elaboración de proyectos de ayudas a la navegación marítima y también a las ultimas recomendaciones que sobre las señales laterales en los puertos ha efectuado Asociación Internacional de Ayudas a la Navegación Marítima y Autoridades de Faros. Unas recomendaciones que se remontan también a 2017, fecha de la última revisión de las que afectan a este tipo de estructura.

Las rocas sobre las que se asienta el hormigón de la baliza están a muy poca profundidad, siendo un riesgo para las embarcaciones. De hecho, afloran en parte a la superficie y son perfectamente visibles en los momentos del año en los que se producen mareas vivas.

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