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Fallece Pedro Niño, referente de los misioneros asturianos

El jesuita, impulsor de "Gijón, una ciudad para todos", puso en marcha en América una plataforma de formación y alfabetización

El jesuita Pedro Niño, en 2014 en la finca Vegapresas.

El jesuita Pedro Niño, en 2014 en la finca Vegapresas. MARCOS LEÓN

El sacerdote jesuita Pedro Niño Calzada, uno de los grandes referentes de la familia misionera asturiana, falleció ayer en Quito (Ecuador), país que se había convertido en su segunda patria y donde llevó a cabo un inmenso trabajo de promoción formativa a través del Instituto Radiofónico Fe y Alegría (IRFEYAL), una de las plataformas más sólidas de educación para adultos en América Latina a través de las ondas radiofónicas, aunque también imparte clases presenciales a niños y adolescentes. Tenía 89 años de edad.

Vinculado desde joven a la gijonesa Fundación Revillagigedo y al movimiento solidario vecinal "Gijón, una ciudad para todos", Pedro Niño había nacido en 1931 en Madrid. Ingresó en la Compañía de Jesús en 1955 y pocos años más tarde fue destinado a Gijón, a "su" Fundación Revillagigedo, institución docente inmersa en "un mundo duro, exigente, fabril, con movimiento social", según sus propias palabras.

De amplísima formación académica (Humanidades y Filosofía en la Universidad de Comillas, Teología en Cataluña y Sociología en la Universidad belga de Lovaina), la teoría no solo no le impidió sino que le dio argumentos para trabajar sobre el terreno. De regreso a la Fundación Revillagigedo ejerció de profesor y dirigió la Escuela de Mandos Intermedios, auténtico vivero profesional. Se impartían estudios especializados en relación con las necesidades de las empresas. Los gerentes llegaban directamente a la Escuela y planteaban sus necesidades. Casi siempre la respuesta era positiva... e inmediata. La idea era compaginar estudios y trabajo remunerado, un anticipo inteligente y pionero de lo que hoy conocemos como FP Dual.

Una buena parte de aquellos maestros jesuitas que ayudaron a crecer a la Fundación Revillagigedo se marcharon fuera de España. Pedro Niño se fue a Ecuador en 1979 para dirigir el IRFEYAL en un momento de grave crisis de la entidad. Por el Instituto pasaron cientos de miles de alumnos y alumnas ecuatorianos por 60 colegios, y más de un centenar de escuelas para adultos, además de la radio educativa. Y todo con la ayuda de miles de profesores voluntarios. Fe y Alegría, idea que nació en Venezuela, tiene presencia en una veintena de países, en su mayoría de Hispanoamérica.

De padre asturiano y madre cántabra, Pedro Niño mantuvo una estrecha relación, a pesar de las distancias geográficas, con quienes habían sido sus amigos y colaboradores en Asturias, en especial con muchos de aquellos 1.200 miembros que compusieron una especie de "ejército social" frente a la pobreza y el chabolismo y que se denominó "Gijón, una ciudad para todos". Las escasas venidas a Asturias del padre Niño acababan irremediablemente en un encuentro de confraternización en la finca de Vegapresas, en Vega, donde la asociación, ejemplar por su trayectoria pero también por sus resultados, tiene su sede. "Esto es como un milagro, después de cincuenta años, cada vez que vengo nos juntamos", señalaba Pedro Niño a LA NUEVA ESPAÑA en una de sus últimas visitas.

En el año 2011 el Gobierno ecuatoriano lo nombró Maestro del Año. En 2006 Ecuador le concedió una de las más altas condecoraciones nacionales, la medalla al Mérito Cívico y Cultural. Un año más tarde le fue otorgada la nacionalidad ecuatoriana "en reconocimiento a sus méritos humanitarios y pastorales, y a los servicios relevantes que ha venido prestando al país".

Los años y la enfermedad pasaron factura a un "paisano" que no andaba lejos de los 190 centímetros de estatura, andarín vocacional, buen gestor y tenaz en su particular lucha en busca de fondos para sus proyectos sociales, que dejó huella allí donde trabajó, de carácter vigoroso y al que le encantaban el cine italiano y la música clásica.

En Ecuador -hogar elegido, hogar abrazado- reposarán sus restos, tal y como él quería. Su memoria y ejemplo, en cambio, viajarán lejos y durante largo tiempo.

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