Los teléfonos comenzaron a echar humo, las centralitas de los centros policiales, en la antesala del colapso, y las redes sociales y grupos de whatsapp entre amigos, familiares y vecinos se convirtieron en un hervidero desde que el anuncio vespertino del viernes informó del cierre casi inmediato de Gijón. ¿Qué zonas se limitan? ¿Puedo entonces ir a ver a mis padres a la parroquia de al lado? ¿Qué necesito para ir a trabajar? Las dudas fueron casi tantas como habitantes tiene el concejo y se apoderaron rápidamente de los ciudadanos hasta bien entrado el mediodía, cuando el Ayuntamiento anunció que, además de la zona urbana, se incluía el cierre para Jove, Tremañes, Roces, Somió, Cabueñes y una parte de Deva. Fueron esas mismas dudas las que animaron a otros muchos gijoneses a poner tierra de por medio, provocando grandes caravanas para salir de la ciudad y topándose con los controles policiales, que mantendrán su labor informativa por el momento, ante el caos generado en las primeras horas de cerco.

Trazar la línea divisoria no fue una tarea sencilla en Gijón, donde el Ayuntamiento apostó sin éxito por cercar todo el concejo para facilitar el día a día de los ciudadanos. Por la mañana, eso sí, el gobierno local tenía hechos los deberes y había fijado el límite en la zona urbana, utilizando para ello el área de actuación de la Policía Local, que se estableció en 2010 por decisión de la junta local de seguridad. Justo cuando la alcaldesa, la socialista Ana González, iba a anunciar esa decisión, aprobada tras la reunión de las policías de los tres ayuntamientos afectados por las medidas en Delegación de Gobierno, Avilés anunció que cerraba todo el concejo. ¿Y por qué Gijón no?

La Alcaldesa se puso en contacto con Sanidad del Principado y con Delegación de Gobierno para pedir que el límite de movimiento afectase a todo el concejo de Gijón, de Baldornón a Serín, para así facilitar la adaptación de todos los vecinos. Pasaba ya el reloj de la una del mediodía. Mientras la ciudadanía seguía con la incertidumbre, desde la Casa Consistorial salían llamadas intensas para lograr el objetivo, pero, por más insistencia que se puso desde el Ayuntamiento, la idea de cercar todo el municipio se frustró desde el Gobierno regional, la Federación Asturiana de Concejos y Delegación de Gobierno, que se opusieron tajantemente. Había que volver al plan inicial de forma obligada.

Minutos después, Ana González informaba a los ciudadanos de las nuevas medidas para disipar las dudas. "Estamos en un momento muy complicado, están aumentado mucho los casos de contagio y esto tenemos que cortarlo; y todos sabemos cómo se corta, teniendo las mínimas relaciones posibles", advirtió en sus ya conocidos vídeos en redes sociales. Eso sí, prometió flexibilidad y dio orden a la Policía Local de mantener una labor informativa, y no sancionadora, hasta el martes.

Cierre de Gijón: Control a la entrada y salida de la ciudad, en el nudo de el Llano

Esa división del concejo, matizó la regidora, no impedirá que, por motivos de fuerza mayor, se pueda entrar y salir de la zona cercada. ¿Qué casos? Se podrá sortear esa barrera por motivos laborales, previo certificado de la empresa, de estudio o sanitarios. También, si fuese necesario realizar atenciones a familiares de avanzada edad o con dependencia. A la inversa, subrayó la Alcaldesa, se podrá entrar en la zona acotada para realizar gestiones que exijan acudir a Gijón, como ir al banco u otros trámites. Incluso para hacer compras en superficies como Alcampo o el Decathlon. Eso sí, "no se trata de intentar venir a Gijón y salir del cierre porque sí; esta medida lo que intenta es minimizar lo más posible los movimientos", requirió Ana González.

Otra de las excepciones será la visita a los cementerios, que salvo el de Ceares están todos al otro lado de la línea divisoria, en la zona rural. "Claro que se puede ir, y en especial en estos momentos; habrá flexibilidad, pero hay unos protocolos diseñados desde el Ayuntamiento", recordó la Alcaldesa, que también anunció que el Rastro de hoy domingo se instalará en El Molinón como cada fin de semana. No faltó, por supuesto, la recomendación de una mayor precaución y quedarse en casa.

Ese llamamiento a autoconfinarse y a extremar las medidas que imperan en los últimos días en la región relajó la afluencia de paseantes por la mañana y vació, en parte, las grandes zonas hosteleras de la ciudad en la sesión vermú. "Hubo menos gente que de costumbre para ser un sábado", valoró Gianina Pirvu, que regenta un bar en la zona del Carmen. "La gente no quiere entrar dentro. Si hubiera llovido hoy, habría sido un verdadero descalabro", aportó Eduardo González, al frente de una cafetería en la confluencia entre la avenida de Castilla y Torcuato Fernández Miranda. Más de lo mismo en El Llano, donde "la mañana fue bien, parecía que no pasaba nada, pero luego la cosa ya fue despacio", describió Rubén Barrero, dueño de una sidrería en la calle Leoncio Suárez.

Las dudas recorrieron el concejo. En la zona este, los vecinos de Somió y La Providencia, zonas sobre el papel rurales, no sabían si podían acudir con libertad a la zona centro. En el oeste, en lugares como Veriña o Jove, donde finalmente las restricciones solo afectarán a la primera parroquia. En Granda, una parroquia de la zona centro, donde muchos de los residentes son personas mayores, la duda era si iban a poder recibir la visita de sus hijos. También en Nuevo Roces hubo incertidumbre hasta que la asociación de vecinos se vio obligada en sus redes sociales a emitir a un comunicado recordando que, de igual forma a como sucedió en el desconfinamiento, el barrio se considera zona urbana.

Hubo situaciones hilarantes. José Blanco comía ayer junto a su mujer, Estilita Bajo, su hija, Verónica y su nuera, Marina Costales. Los cuatro apuraban una frugal comida en el merendero de la carbayera de Roces, a escasos metros de Nuevo Roces. "No sabemos si estamos en zona cerrada o no. Suponemos que las autoridades serán flexibles. En algún sitio hay que poner el límite", apuntaron. Mientras, la Policía esperaba instrucciones y se dedicaba a informar en sus controles puntuales.

El anuncio del cambio, eso sí, fue animando a la gente a retomar en cierta medida la actividad de ocio. La Ruta de los Vinos, por ejemplo, ya parecía un sábado cualquiera ayer por la tarde. Y ahí sí que la Policía no será flexible.