La figura de la semana || Mario Vigil Pico | Nuevo presidente del Club Hípico Astur (Chas)
Un negociador de wéstern y monte
Aficionado al tiro, el cine y las bandas sonoras, le gusta disfrazarse, el senderismo y la gastronomía

Mario Vigil Pico
José Manuel REQUENA
Con su carácter afable, abierto y conciliador, Mario Vigil Pico (Mieres, 1960) ha llegado esta semana a la presidencia del Club Hípico Astur (Chas) para sustituir a Jesús Kocina. El salto lo ha dado de forma consensuada con su antecesor y desde la vicepresidencia. Ese talante dado a escuchar y a encontrar puntos de encuentro son su carta de presentación para liderar un club que acaba de dejar atrás una época dura, pero que aún sigue en reconstrucción. Una entidad de la que entró a formar parte casi de forma casual, hace ya más de una década, después de que el aparejador de una de las obras en las que trabajaba su empresa le instase a probar suerte con el tiro . Porque lo suyo es disparar, no montar a caballo, aunque le encanten los equinos.
Quienes más y mejor le conocen aseguran que en él se ve reflejado el carácter de su padre –Antonio Luis Vigil, casado con Rosa Pico–. Como muestra, un botón: aun siendo el mediano de tres hermanos –Luis, por encima; Julio, por debajo–, fue a él a quien su progenitor cedió el testigo de la empresa familiar, Instalaciones Eléctricas Vigil, que tiene 53 años de historia. Una firma que nació en una cochera y que creció con tesón hasta convertirse en un referente del sector. Entre otros trabajos, fue la encargada de instalar la nueva iluminación del estadio de fútbol Hermanos Antuña de Mieres, donde el Caudal disputa sus encuentros.
De su padre aprendió una palabra que lleva grabada a fuego: negociación. Esa es la fórmula que Vigil utiliza siempre, tanto en el mundo empresarial como personal. Tiene una capacidad innata para llegar a acuerdos, para converger en puntos de encuentro que dejen contentas a todas las partes. Ante cada problema, siempre tratar de dar con una salida, más satisfactoria o menos, pero al menos una salida. También heredó la visión comercial, que lleva décadas desplegando en la empresa, de la que es la cara visible, mientras sus hermanos se ocupan de las facetas más puramente empresariales.
Otro rasgo distintivo que se le nota a la legua es que le gusta estar metido en todos los saraos, como confirman desde su entorno más cercano. Es vicepresidente de la Unión de Comerciantes del Caudal y es miembro de la asociación de Mierenses por el Mundo. No son las únicas organizaciones de las que forma parte activa: también es socio de las sociedades gastronómicas gijonesas “La Andecha” y “Puente de Mando”, donde siempre saca a la luz sus dotes de buen conversador, merced a su forma de ser, muy abierta. En estas cofradías confluyen muchas de sus grandes aficiones: la conversación, la gastronomía y Gijón.
Porque Mario Vigil –casado con Mercedes, padre de dos gemelas, Carla y Rocío, y abuelo por partida doble– aunque nacido en Mieres y habitante de esa localidad, tiene su segunda residencia en Gijón, a la que se escapa de forma continua en cuanto llega la primavera. Se define como un enamorado de la villa de Jovellanos y, prueba de ello, es que pasa más tiempo junto al Cantábrico que junto al Caudal.
Amante de la naturaleza, aprovecha siempre que puede para escaparse a dar un largo paseo por el monte. Si el estrés laboral es mucho, al llegar a casa se pone a cocinar para relajarse, sobre todo, repostería. Cuando no, uno de sus planes predilectos es ver la Fórmula 1, aunque ahora algo menos que cuando Fernando Alonso estaba en lo más alto.
También se declara fiel sportinguista. Pero su plan preferido es sentarse en el sofá a ver una buena película de vaqueros, a ser posible con compañía familiar. De su afición por los wésterns, nació otro de sus hobbies: las bandas sonoras. Especialmente, las que firma Ennio Morricone, de ahí que “La Misión”, aunque no vaya de indios, sea una de sus películas favoritas. De hecho, uno de sus momentos más especiales de este año fue durante los preparativos de los Premios Princesa de Asturias en la Fábrica de Armas de Oviedo, donde tuvo que instalar el montaje eléctrico. Mientras trabajaba, se produjeron los primeros ensayos del recital que el hijo de Ennio, Andrea Morricone, dirigió con las obras de su padre. Un momento que siempre se le quedará grabado en la memoria.
Como grabadas quedaron también aquellas Nocheviejas de hace años cuando, junto a sus tres hermanos, se disfrazaba. Porque Vigil es muy dado al disfraz. Le valen una toalla o una sábana para transformarse y montar una juerga. Igual que cuando cuenta anécdotas o chascarrillos, con una gracia innata que, eso sí, pierde a la hora de contar chistes: dicen de él que no se le da bien contarlos. Un defecto menor que no oculta sus grandes virtudes, de las que ahora podrán disfrutar en plenitud en el Club Hípico Astur.
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