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Vanguardia y tradición en un culín

Sidra Trabanco, con 95 años de historia, lucha contra la incertidumbre con innovación y solidaridad con una tienda en Amazon y donando los excedentes de su huerta a la caridad

Maite Martínez, prepara los pedidos de la tienda online, junto a las verduras que regalarán a los clientes.

Maite Martínez, prepara los pedidos de la tienda online, junto a las verduras que regalarán a los clientes. Ángel González

Si algo ha aprendido la familia Trabanco en estos 95 años de vida de la etiqueta sidrera por excelencia en Gijón es saber adaptarse a las circunstancias, vengan como vengan, superarlas y, más aún, conseguir ir siempre un paso por delante. Unas pautas que ahora, con la pandemia del coronavirus acechando a propios y extraños, se han visto obligados, más que nunca, a ejecutar. Así lo entiende Yolanda Trabanco, cuarta generación de la empresa familiar, directora de ventas y marketing de Sidra Trabanco y directora de Casa Trabanco, al frente del restaurante, los eventos y la tienda online. “Afrontamos esta época con mucha preocupación, tratando de adaptarnos lo más rápido posible”, asegura Trabanco, con ese poso de quien nació y creció en un llagar, entre zapicas de sidra y mallos.

El primer paso, hace unos meses, coincidiendo con la reapertura de los locales hosteleros, fue encargar 70.000 vasos serigrafiados con distintos colores y 70.000 pulseras de silicona, para facilitar diferenciar las vasos de unos y otros. Una innovación que pronto reprodujeron muchos otros. Ahora, meses más tarde, también son los primeros en dar abiertamente el paso y comenzar a elaborar sidra para el próximo año. “A pesar de la incertidumbre, tenemos un deber de protección hacia lo nuestro”, recalca Trabanco. “Tenemos que mantener el negocio con vida para dar cobijo a todas las personas que viven del sector de la sidra: nuestros cosecheros, a los que estamos comprando manzana, nuestros trabajadores y los hosteleros”, enfatica. Además de los clientes, claro. “Hay un gran motor económico detrás”, remarca.

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También se han decidido a dar un paso en pro de la solidaridad. De este modo, regalan el excedente de la huerta que habitualmente sirve al restaurante –ahora cerrado a causa de las restricciones impuestas– a la Cocina Económica. También a sus clientes que, con cada pedido que recogen en la sede de la empresa, en la parroquia de Lavandera, se llevan alguna pieza de la huerta. Una solidaridad que desde Sidra Trabanco extienden a la hostelería, que conocen de primerísima mano, y que es “la gran perjudicada, porque cumplió las medidas de seguridad a rajatabla y está pagando el pato de los fallos de otros”.

Ante el cierre de los locales hosteleros, ya durante el confinamiento estricto de la primera ola, en Trabanco notaron un aumento de ventas en su tienda online. “Funcionó muy bien, se nota un cambio en la tendencia. La gente se atreve más a comprar por internet, y quiere tener una caja de sidra en casa por si a caso”, aventura Yolanda Trabanco. Ante esta mejora en las ventas, y para estar más cerca de sus clientes, Sidra Trabanco acaba de crear una tienda propia en la plataforma de venta online más grande del mundo: Amazon. “Así podremos llegar a más sitios y a más gente fuera de España”, donde actualmente se les hace mucho más difícil. “Los que viven fuera, al beber un culín de sidra, se sienten mucho más en casa, y eso también es una responsabilidad para nosotros”, enfatiza la directora de ventas. Por ello, también pide un esfuerzo a los clientes por “consumir productos asturianos, como un instinto de protección de lo nuestro”.

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Muchas mejoras y avances que, sin embargo, “no cambian lo esencial”. “Seguimos haciendo la sidra como la hicimos toda la vida, con las mismas prensas de hace más de medio siglo”, enfatiza Yolanda Trabanco, que asegura que el leitmotiv de su familia es “poner en valor la sidra y saber llevarla a otros muchos sitios y mercados, contando lo que somos de todas las formas que podamos”. Y siempre con ese olor a aldea, a tradición, a pomarada, al vecino picando a la puerta con las cajas de manzanas en la mano y a ese llagar que impregna los recuerdos con el ácido regusto de la sidra.

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