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Los taxistas aplauden la reducción de la flota, pero tienen dudas para justificar las ayudas

“Hay miedo a pedir las subvenciones por si luego nos obligan a devolverlas”, aseguran los conductores, con un 75% menos de ingresos

David Bueno, junto a su taxi, ayer, en la parada de la calle Álvarez Garaya.

David Bueno, junto a su taxi, ayer, en la parada de la calle Álvarez Garaya.

Los taxistas de Gijón aplauden de forma unánime la reducción a la mitad del servicio que entró en vigor en la media noche de ayer a petición de las tres cooperativas del sector en la ciudad, tal y como adelantó LA NUEVA ESPAÑA. Sin embargo, algunos trabajadores tienen “dudas”

Mario Solís, dentro de su vehículo, en la calle Marqués de San Esteban. Juan Plaza

No obstante, la medida –que hará que los taxis con licencia par trabajen los días pares y, quienes tienen licencia impar, los impares– es bien recibida por el grueso de los taxistas. El propio Bueno asegura que “la situación es penosa”. Y pone un ejemplo: “En una jornada de doce horas, no consigues facturar más de 40 o 50 euros”. Unas cifras impensables hace no mucho.

Así lo entiende también Mario Solís, que cifra en alrededor de “un 70 o un 75 por ciento” la disminución de ingresos. “El servicio bajó muchísimo, no hay trabajo”, asevera el veterano taxista, con once años de experiencia. “La calle, sin comercios ni hostelería, no tiene vida”, añade. Las restricciones impuestas por el Principado también se están haciendo notar en el día a día del sector del taxi. “Hay paradas que están llenas y no tienes dónde dejar el coche”, ejemplifica.

"La noche está muerta y los fines de semana no existen"

José Ángel Villar - Taxista

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Solís indica que, en el día de ayer, desde las 6.30 hasta las 17.00 horas, “únicamente hice dos servicios por centralita, y apenas tres o cuatro que cogí por la calle”. El conductor asegura que “por las mañanas aún se hace algo, con los colegios o los mayores que acuden a citas médicas, pero por las tardes no se mueve nada de nada”. “Dar vueltas por la ciudad buscando clientes es una tontería”, cuenta. Y apunta otro condicionante en su contra: la meteorología. “Con mal tiempo, la gente coge más taxis, pero con estos días tan buenos, prefieren pasear”, remacha.

“La noche está muerta y los fines de semana no existen”, se resigna José Ángel Villar, que enfatiza que “los tiempos de espera en las paradas ahora son de una hora, cuando antes si estabas veinte minutos parado ya te parecían muchos”. Por ello, aplaude la medida impulsada por el Ayuntamiento, que “llevábamos mucho tiempo pidiendo”. Sobre todo, porque “permite, a quienes tienen asalariados, poder acogerse a los ERTE”. Un destino al que muchos se van a ver abocados ya que “la cosa está muy mal”.

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