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Grilletes, bengalas, ácido sulfúrico y poleas: así encontró la Guardia Civil el zulo donde se secuestró a un gijonés en Valencia

Nave donde tuvieron secuestrado a Pablo Juan Sánchez.

Nave donde tuvieron secuestrado a Pablo Juan Sánchez. J. M. López / Levante

La nave industrial en la que retuvieron durante cinco días a Pablo Juan Sánchez, el gijonés secuestrado el pasado mes de marzo, está ubicada en la calle Braç de San Pere del Polígono de Masanasa, en Valencia. Los investigadores accedieron a ella hace tres meses y allí encontraron multitud de materiales que les han llevado a sospechar que los dos detenidos, y sus posibles cómplices, preparaban un nuevo secuestro. Hallaron desde el BMW X6 que se utilizó para el traslado del gijonés y cuya llave apareció escondida en una regleta de la luz hasta un sofisticado sistema de poleas y cadenas para elevar objetos de mucho peso, sobre un bidón metálico de grandes dimensiones. También había bengalas, grilletes y una decena de garrafas que en suma contenían 250 litros de ácido sulfúrico. No faltaban otros útiles de limpieza. Todo un operativo destinado a poder, incluso, deshacerse del cuerpo si llegara a haber necesidad.

Una deuda contraída por asuntos poco claros con su hermano podría estar detrás, tal y como hoy desveló este periódico, del secuestro del gijonés Pablo Juan Sánchez. El secuestro tuvo lugar hace meses cuando dos individuos armados con pistola le obligaron a salir de una nave del polígono industrial de Pervera (Carreño) para meterlo en el maletero de un coche que le llevó hasta la zona de Levante. En otra nave de Massanassa, en Valencia, estuvo retenido contra su voluntad durante cinco días a la espera de un rescate de cinco millones de euros que nunca llegó, aunque finalmente fue liberado ileso en la provincia de Albacete. De estos hechos son supuestamente responsables dos hombres de 38 y 51 años, que cumplen ya prisión preventiva, hay un tercero investigado y los agentes de la Guardia Civil buscan a otros dos individuos que podrían haber colaborado en la retención ilegal del joven surfista. Todos ellos forman parte de un grupo criminal especializado en secuestros, con multitud de antecedentes y amplias medidas de seguridad para evitar ser detenidos. La operación, capitaneada desde la Policía Judicial de la Guardia Civil de Gijón y en la que están implicados agentes de la Unidad Central Operativa (UCO), sigue abierta.

La misteriosa desaparición de Pablo Juan Sánchez, que llevó a su familia a difundir su imagen por redes sociales a partir del 5 de marzo, dio comienzo a una exhaustiva y ardua labor de la Guardia Civil, que al poco tiempo supo que se enfrentaba a un delito poco común en España. Tras las primeras actuaciones, desvelan desde el Instituto Armado, “se pudo concluir que la víctima podría haber sido secuestrada por un grupo violento, pudiendo correr su vida grave peligro”. En la nave de Pervera, ubicada cerca de la vía de entrada a la central térmica de Aboño, estaban todas las pertenencias del joven y su coche. Las sospechas de los agentes se confirmaron al día siguiente, cuando se pusieron en contacto con el hermano de su víctima a través del sistema de comunicaciones “Encrochat” –red de mensajería encriptada utilizada con frecuencia por narcotraficantes– para exigir el pago de cinco millones de euros a cambio de liberarlo. Era una cantidad inasumible para la familia.

¿Por qué lo liberaron si no pagaron el dinero? La principal hipótesis que manejan los investigadores está en la presión policial, pues sus pesquisas apuntaron hacia la zona de Levante desde los primeros momentos de la desaparición de Pablo Juan Sánchez “tras analizar 2.000 kilómetros de la red viaria española y revisar más de 300 horas de imágenes”, según explica Javier Rogero, teniente coronel de la UCO. El seguimiento a los dos coches que emplearon en el secuestro –uno iba de avanzadilla y en el otro, más retrasado, el gijonés retenido– les llevó a estrechar el cerco. Es más, los secuestradores le dijeron al joven que “había demasiada gente” buscándole antes de soltarle.

Los delincuentes exigieron el pago de cinco millones a la familia a través de una red de mensajes encriptados

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La liberación llegó tras esos cinco días de cautiverio en una nave industrial donde le dieron comida y bebida. Sus captores, que ante él lucieron pasamontañas para que no les viese la cara, lo liberaron en la provincia de Albacete. Le dejaron dinero en efectivo y le amenazaron para que no revelase nada. El gijonés se subió entonces en la capital de esa provincia manchega a un autobús que cubre la ruta Benidorm-Madrid. Y desde Méndez Álvaro, en la capital, cogió otro autobús a la estación de Gijón, donde llegó a las seis de la mañana del día 11 de marzo. Un taxi de la parada más próxima lo llevó a su casa, en Roces.

Con el gijonés a salvo de sus captores, las pesquisas se centraron en saber dónde lo tuvieron retenido, algo que el joven no pudo compartir cuando declaró durante horas en la Comandancia de Gijón. El estado de alarma por la pandemia dificultó también las gestiones. Igual que las medidas de seguridad que emplearon los delincuentes, que cambiaban de coche y hasta las matrículas con frecuencia. Pese a todo, hizo ayer tres meses que la Guardia Civil entró en la nave donde Pablo Juan sufrió el cautiverio. Al tiempo, se procedió a los arrestos de dos de los implicados, ambos vecinos de Madrid, y a los que la revisión de imágenes permitió relacionar pronto con el secuestro. Son P. P. J., de 38 años, y C. R. M., de 51.

Fue el cabecilla del grupo, por sus extremas precauciones, al que más costó detener. Le interceptaron a mediados del pasado agosto, cuando circulaba por la autovía A-3 en dirección a Valencia. De primeras, se hizo pasar por otra persona, pero la Guardia Civil confirmó su verdadera identidad. En el coche que conducía había “un sofisticado sistema de ocultación de acceso a dobles fondos, móviles, tres juegos de matrículas falsificadas, bridas, un rotativo policial, sprays antiolor, pasamontañas, cinta americana, grilletes y ropa de varios tipos”. Al tiempo, en Colmenar Viejo (Madrid), se detenía al otro implicado en el secuestro. Ambos fueron enviados a prisión –cada uno en la localidad correspondiente– sin que dijesen una sola palabra al respecto del caso. Las actuaciones, dirigidas por el Juzgado de Instrucción número 3 de Gijón, siguen abiertas.

Cronología del secuestro.

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