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El último paso hacia el mercado laboral

El Club de Calidad ayuda a veinteañeros sin experiencia como trabajadores a mejorar su perfil: “La Universidad no lo enseña todo”

Nacho Sandoval y, arriba, por la izquierda, Lucía López, Marina González, Sara Suárez, Emma González y Marino Zapatero, al final de su última sesión en el Club de Calidad, por videoconferencia.

Nacho Sandoval y, arriba, por la izquierda, Lucía López, Marina González, Sara Suárez, Emma González y Marino Zapatero, al final de su última sesión en el Club de Calidad, por videoconferencia.

En la universidad se aprende mucha teoría, pero no siempre la suficiente práctica. Y los veinteañeros, que salen de las aulas con la confianza de un título que les hace sentirse preparados para comerse el mundo, suelen darse de frente contra un mundo laboral que saca a relucir sus debilidades: la incapacidad para gestionar bien el tiempo, el estrés, la falta de confianza. El Club de Calidad y la Agencia de Empleo Local llevan ya unos años organizando talleres anuales para que estos jóvenes puedan conocer de primera mano cuáles son las competencias reales que piden las empresas de sus respectivos sectores.

Esta semana, tras varias reuniones telemáticas, la última edición de “Habilidades para el empleo futuro” finalizó con un buen sabor de boca entre los participantes. “Cuando acabas la universidad sales con tu título y te topas con compañeros más mayores que tú que a lo mejor no tienen tantos estudios, pero sí un dominio apabullante de lo que hay que hacer. Hay cosas que solo aprendes trabajando”, razona Nacho Sandoval, de 26 años, ingeniero.

El programa pone en contacto a menores de 30 años con poca o ninguna experiencia laboral con varias empresas gijonesas, entre ellas, Idonial, DXC, Samoa y Saint-Gobain. Lo hacen tutelados por Emma González, responsable de gestión de la edición, y de Marino Zapatero, director general del Club de Calidad. Las empresas les dicen qué buscan en sus empleados y los jóvenes toman nota. Y el modelo funciona –empezó en 2015– porque ayuda a identificar los “puntos débiles” de cada joven, según explica Sara Suárez, de 22 años y graduada en Turismo. En su caso, ahora sabe que su faceta a mejorar es la gestión de su tiempo. La de Lucía López, de 21 años y futura geóloga, es aprender a tolerar su estrés. La de Marina González, técnica superior en Química Ambiental de 24 años, es confiar en su capacidad de liderazgo. Todos dicen sentirse ahora “mejor preparados” para su próxima entrevista de trabajo y encaran con menos ansiedad un futuro laboral que sigue siendo complejo, pero que les asusta menos tras esta experiencia.

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