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Los Huertos de Cabueñes cosecha ilusión: Más de 70 adornos para celebrar la Navidad en Gijón

El dueño de una finca parcelada en huertos instala luces y motivos navideños, que se pueden visitar gratis, pensando en alegrar a los más pequeños

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Los Huertos de Cabueñes, en Gijón, jardines de ilusión en Navidad Juan Plaza

Hay un huerto en Gijón donde se cosecha la ilusión. Unos terrenos donde las luces de Navidad sustituyen estos días a los frutos colgando de los árboles, donde hay renos en vez de aperos de labranza y una casa de Papá Noel por caseta. Los hortelanos se han transformado en multitud de niños correteando a su alrededor. Este milagro navideño se obra en los Huertos de Cabueñes, un espacio de 11.000 metros cuadrados que luarqués Eugenio Suárez heredó en su día y que hace siete años optó por reparcelar en pequeñas huertas que alquila. La idea de decorarlas surgió en una cena de “siete amigos hortelanos” en verano. “Pensamos en hacer algo para Navidad por primera vez y nos pusimos a ello”, asegura Suárez.

Adrián Hevia, de la mano de la pequeña Valeria, junto a Patricia Prieto. | Juan Plaza

Desde entonces han pasado cuatro meses de trabajo, decenas de planchas de porexpan, innumerables botes de pintura y hasta un camión de madera para construir en la zona común de la finca un gran museo de luces y decoración navideña que nada tiene que envidiar a los grandes montajes del centro de la ciudad gracias a alrededor de 70 figuras. Todo de forma altruista, ya que la entrada es gratuita. La recompensa es, asegura Suárez, “ver las caras de ilusión de los niños”.

Un ejemplo de esa ilusión es Carlota Pelegrín, de ocho años, su hermana Olaya, un año menor y sus dos amigas, Alba y Venella Vaquero, de cuatro y siete años. Sus padres las llevaron a visitar el montaje por sorpresa y sus caras y gritos de admiración confirmaron que acertaron en su decisión. “Lo mejor es el espíritu navideño, pasar el día con mi hermana y mis amigas y toda la decoración”, remarca todavía asombrada Carlota, mientras no dejan de fotografiarse en todas las piezas posibles. Su favorita, sin embargo, un gran trineo tirado por renos y cargado de regalos. “Queríamos hacer algo diferente y esto lo conjuga todo: disfrute al aire libre, la Navidad y también la naturaleza”, asegura Laura Fernández, madre de dos de las niñas. “Cualquier plan es bueno para compartir entre familia y amigos”, afirma Rosa Santiago, madre de la otra pareja.

Carlota Pelegrín y su hermana Olaya, junto a Venella y Alba Vaquero, frente al belén. Juan Plaza

“Me gusta todo, es muy bonito y quiero volver”, enfatiza Tiago Rodríguez, de cuatro años, a sus padres, Jorge Rodríguez y Marta Gallego. La familia acudió a visitar el espacio después de enterarse de su existencia a través de un grupo en redes sociales. “La verdad es que es espectacular”, confirman los progenitores, que alaban las esculturas de madera y porexpan. Tiago, como la mayoría de los niños, tiene otra preferencia: la casa de Papá Noel, en cuyo interior se fotografía.

“No le falta detalle”, confirma Patricia Prieto, madre de la pequeña Valeria Hevia, también de cuatro años, que ya entregó su carta al anciano de la barba blanca en el buzón que hay instalado junto a su casa. Más muestras del nivel de detalle: frente a la casa, están tendidas las ropas de Papá Noel. “Nosotros tenemos un huerto aquí y solemos venir y aprovechar el día y el buen tiempo al aire libre”, explica Prieto, “comemos aquí y Valeria se pasa el día jugando con toda la decoración”. Gracias a contar con una de las parcelas de la instalación, tuvieron el privilegio de ir viendo crecer el museo navideño. “Se lo curraron muchísimo”, confirma sin ambages. Fruto de ese espíritu navideño, ellos también optaron por decorar su huerto.

Uno de los detalles más aplaudidos de la instalación: las ropas de Papá Noel tendidas junto a su casa. Juan Plaza

“No le falta detalle”, confirma Patricia Prieto, madre de la pequeña Valeria Hevia, también de cuatro años, que ya entregó su carta al anciano de la barba blanca en el buzón que hay instalado junto a su casa. Más muestras del nivel de detalle: frente a la casa, están tendidas las ropas de Papá Noel. “Nosotros tenemos un huerto aquí y solemos venir y aprovechar el día y el buen tiempo al aire libre”, explica Prieto, “comemos aquí y Valeria se pasa el día jugando con toda la decoración”. Gracias a contar con una de las parcelas de la instalación, tuvieron el privilegio de ir viendo crecer el museo navideño. “Se lo curraron muchísimo”, confirma sin ambages. Fruto de ese espíritu navideño, ellos también optaron por decorar su huerto.

“Lo vimos de casualidad en redes sociales y antes de que se lo dijera a mi mujer, ya había reservado”, asegura Francisco Borges, acompañado de su mujer, Ana Braña, y sus hijas, Sara e Inés, de siete y dos años. Ellos, como otras familias, valoran especialmente eso: para acudir hay que solicitar cita previa y, gracias a eso, no se crean grandes grupos ni tumultos, un punto a favor respecto a las aglomeraciones que se forman en el centro urbano para visitar las luces navideñas.

“El sábado llenamos y hoy –por ayer– a las ocho de la mañana ya me estaba sonando el teléfono para reservar”, explica Eugenio Suárez, que ha visto cómo “después del confinamiento, se alquilaron prácticamente todos los huertos que tenía libres y la gente viene mucho más”. Sobre todo porque “la gente tiene ganas de estar al aire libre después de tanto tiempo encerrados”. Por eso también quisieron crear este museo navideño, “para alegrarnos a todos un poco más la Navidad”.

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