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El drama de un hostelero gijonés: está a punto de perder su local por impagos y toca en la calle para poder comer

Carlos Da Silva, que tiene un bar en el barrio de Laviada, aprovecha la música “para llevar algo de dinero a casa”

Carlos da Silva, ayer, tocando su trompeta en el paseo del Muro.

Carlos da Silva, ayer, tocando su trompeta en el paseo del Muro.

“De hostelero a músico callejero”. Esa es la frase que predomina en la pancarta que acompaña a Carlos da Silva en sus recitales de trompeta en las calles de Gijón. Es un buen resumen de su situación actual. Hasta hace unas semanas, antes de que las imposiciones sanitarias le obligaran a cerrar por segunda vez (tras el confinamiento domiciliario) su local, Da Silva se dedicaba a la hostelería, regentando junto a su mujer, Yolanda Moriyón, una cafetería en el barrio de Laviada. Ahora, tras los últimos acontecimientos, se ha visto obligado a dejar la hostelería y comenzar a tocar en la calle, en busca de caridad.

“Estamos en una situación extrema, no tenemos ni ingresos ni ayuda, y el propietario del local nos exige que le paguemos íntegros los tres meses que le debemos o nos echa”, lamenta el matrimonio. La entrega de llaves está programada para el próximo 6 de enero. “Ese es el regalo de Reyes que nos viene”, ironiza con resignación Yolanda Moriyón.

Por ello, “todas las mañanas salimos a tocar, en las zonas más concurridas, para intentar ir pagando los gastos y llevar algo de dinero a casa”, explican. Para ello, se valen de la experiencia de Da Silva, que durante años trabajó en varios de los circos de más fama de Europa, como el Circo Mundial o el de Ángel Cristo, con un número de crown musical. “Es algo que me apasiona y me gusta”, concede el trompetista, que remarca que “en la cafetería ya la tocaba a veces, los fines de semana por la tarde noche, para animar a los clientes”.

En estos conciertos obligados, la pareja se encuentran con muchos antiguos clientes que “nos dan muchos ánimos”. También con gente anónima, que “son encantadores, nos animan y nos ayudan”, alaban.

No obstante, critican que “si pudiéramos estar abiertos, aún podríamos ir pagando lo que debemos”. Pero ahora, con la hostelería cerrada al público, su situación se vuelve crítica. “Y como nosotros habrá muchos más”, advierten. Han solicitado todas las ayudas posibles a la administración pero, “aunque nos digan que está aceptado, aun no cobramos nada”.

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