Con gafas de sol, inmaculados trajes y vestidos (hasta con elegante mantilla, para el pregón de la Semana Santa de 2006), bolso ad hoc y una agenda y un boli para apuntar cruzó en multitud de ocasiones Cuca Alonso los pórticos de la iglesia de San Pedro para dejar constancia de cuantas actividades litúrgicas se celebraban en el templo. Ayer fueron sus hijos varones, Manolo, Pablo, Felipe, Alfonso y Jesús Vega-Arango Alonso, quienes transportaron hasta el altar, lleno de flores y ramos, el féretro de una mujer valiente y polifacética que ha dejado huella en su “Gijón del alma”.

La despedida de la escritora, cronista social y colaboradora de LA NUEVA ESPAÑA durante tres décadas no pudo ser en loor de multitudes por la pandemia, pero sí se sintió el cariño hacia sus familiares y el respeto que Cuca Alonso se ganó a lo largo de su intensa vida. Fue su amigo y párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, quien ofició el funeral por su eterno y merecido descanso, acompañado por los sacerdotes Fernando Fueyo, capellán del Sporting y amigo de Manuel Vega-Arango (exmarido de Alonso), y José Vicente Álvarez Gutiérrez, párroco de Granda, que asistió a las exequias en señal de gratitud por el buen momento que vivió con ella tras conversar para la sección de entrevistas “Directo al corazón” de este periódico. Muchos otros entrevistados se encontraban entre los concurridos bancos de la iglesia.

El solemne funeral, de cuerpo presente, dejó la imagen familiar de la que Cuca Alonso tanto disfrutó. Todos unidos para darle el último adiós. Fueron sus nietos, tres de los trece que disfrutó, quienes se encargaron de las lecturas. Manuel Vega-Arango Vega, con voz firme, fue la voz de la primera lectura, de la Carta de San Pablo a los Corintios, como a Cuca Alonso le gustaba destacar cuando cubría un oficio. Luego, Alicia Vega-Arango Vega y Paloma Arrizabalaga Vega-Arango hicieron lo propio a dúo en el salmo. No faltó una música tenue de acompañamiento a lo largo de las honras fúnebres.

Gómez Cuesta, al dar comienzo la homilía, se sinceró con los presentes, reconociendo “la honda amistad y empatía” que siempre les unió. También las conversaciones mantenidas sobre el más allá, muestra clara de la curiosidad que siempre destacó en Cuca Alonso. Nunca una pregunta se le quedó en el tintero.

Las loas comenzaron situando a Cuca Alonso en una generación de mujeres, vinculadas al colegio de La Asunción, que destacaron por un “feminismo de excelencia” que a lo largo de su vida, en distintos ámbitos, como la política (por Paz Fernández Felgueroso) o la ciencia e investigación (por Margarita Salas), dignificaron a la mujer. Gómez Cuesta destacó de ella “ese gusto por la casa y la cocina”, pues son muchas las personas que coinciden en recordarla como una gran cocinera. “Rompió esquemas, clichés y costumbres”, describió el sacerdote, que quiso hablar de Cuca Alonso en presente. “Es una mujer intuitiva, soñadora, sencilla, tesonera y distinguida. Sin telarañas en el corazón”, añadió.

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Cuca Alonso, imágenes de una vida

Las tiernas palabras, manuscritas, de Gómez Cuesta, después de dar lectura al Evangelio, con un texto de San Lucas (“buen escritor, como tú”, apuntó mirando al féretro), fueron llenando de emoción y gratitud las caras de los hijos de Cuca Alonso, en las primeras filas, arropando a su padre, Manuel Vega-Arango, al que mucha gente del fútbol le dio ayer el cariñoso pésame. Fueron ellos, los hijos del matrimonio, “la gran obra de arte de Cuca”, pronunció el párroco de San Pedro. A buen seguro que la cronista oficiosa de Gijón daría por bueno el titular. Y añadió: “Los educó en los mejores valores”.

Quiso Gómez Cuesta poner de relieve los méritos periodísticos y literarios –escribió seis libros– de Cuca Alonso, que supo recoger “la historia humana de Gijón de los últimos cincuenta años”. Entre ellos, los celebrados en la iglesia de San Pedro, templo del que fue “cronista oficial”. Entre esas paredes, quizá, llegó la mejor definición de la escritora, cuando Ignacio Alvargonzález la presentó como pregonera de la Semana Santa de 2006 y dijo de ella que era “una gijonesa con mayúsculas”.

Su faceta como periodista estuvo muy presente. Desde su debut en 1995 en LA NUEVA ESPAÑA, pocos eventos culturales y sociales se hicieron en Gijón sin que la firma de Cuca Alonso les diese lustre. “Fueron entrevistas con sello propio. Confesaba a su entrevistado para sacar lo mejor, siempre ponía de relieve lo mejor de cada persona. Y con lo malo, pelillos a la mar”, aseguró Gómez Cuesta.

Las palabras del párroco le hubiesen gustado a Cuca Alonso, “una feligresa de raza” que siempre llevó a gala su religiosidad. Entre otras cosas, Gijón le debe en gran medida su pelea por conseguir que el sagrario y el Cristo de Blay regresasen el pasado año al Sagrado Corazón de Jesús, conocido popularmente como la Iglesiona. Siempre se entregó en cada aventura que emprendía, de forma concienzuda, como prueban las miles de firmas que consiguió para que los Jesuitas trajesen de vuelta ambas piezas a Gijón.

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Poco antes de que el olor a incienso y el agua rociasen el ataúd, Gómez Cuesta acertó a reflexionar sobre las entrevistas que ahora Cuca Alonso realizará, pues, es sabido, “La muerte no es el final del camino”, como dice la canción católica. “Mándanos directos al corazón esas entrevistas con Jesús y con San Pedro, con personas buenas como tú”, deslizó el párroco, que también invitó a los presentes a guardar un minuto de silencio por Cuca Alonso.

Sus hijos, de nuevo, volvieron a cargar con el féretro tras la misa por una mujer que permanecerá en el recuerdo colectivo de la ciudad. Una ciudad, Gijón, “que tiene alma”. “La que Cuca Alonso ayudó a mostrar”.