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Las placas conmemorativas en Gijón siguen deteriorándose por el vandalismo y la incuria municipal

La falta de un programa municipal para velar por el cuidado de los carteles que honran a personajes ilustres de la ciudad

Placa en recuerdo a Antonio Medio

Placa en recuerdo a Antonio Medio

Hará unos veinte años que el Ayuntamiento de Gijón emprendió una iniciativa encaminada a recuperar parte de la historia local. Con el nombre genérico de Memoria de Gijón, este ámbito de actuación se ha basado en dos actividades complementarias: la edición de folletos y monografías y la colocación de hitos conmemorativos en vías públicas y edificios.

Así, durante estas dos últimas décadas se ha generado una ya considerable colección de publicaciones, en su mayor parte de historia contemporánea gijonesa, abordando asuntos diversos y que en su conjunto han contribuido a descubrir o a conocer mejor aspectos de ese pasado reciente.

De manera paralela fueron colocándose en diferentes emplazamientos placas conmemorativas, con distinto formato y estética, que hacen alusión a lugares, personas y colectivos que tuvieron o tienen relevancia en nuestra comunidad y que incluso por ello están en el callejero.

Con estos hitos se visibilizó, se rindió homenaje o se recuperó memoria e identidad, pero gran parte de esta labor ha ido diluyéndose durante la década que ahora concluye. Durante ella, se han coaligado dos factores independientes pero sumatorios en cuanto a efectos: el vandalismo y la incuria municipal. El resultado es que, en lo tocante a las placas, se ha desbaratado lo que no sin esfuerzo y en gran medida mediante la participación ciudadana se consiguió rescatar del olvido.

Sobre el vandalismo poco cabe decir. La necedad de los botarates que por simple diversión o por “hooliganismo” ideológico dañan el patrimonio público son parte de los pesares de cualquier comunidad. Así ha sido y así será. Más lamentable resulta que los responsables de la institución que detenta la propiedad de estos elementos, de los que todos somos copropietarios, y entre cuyas obligaciones está velar por los bienes públicos de cualquier tipo, no muevan ficha.

Así se transmiten dos mensajes demoledores. Uno, que lo público no importa –incluso, como en los dos mandatos anteriores, vendiendo como ahorro lo que no es más que abandono– y, no menos grave, que tienen de esta manera garantizado su objetivo quienes mediante la violencia buscan que el olvido vuelva a cubrir nombres y acontecimientos de nuestro pasado que no les resultan afines.

Si durante la mayor parte de esta década el abandono de los espacios públicos fue una característica del gobierno local, comienza a resultar llamativo que transcurrido más de un año desde el inicio de este nuevo mandato, en este asunto, todo siga igual. Estamos hablando de establecer un simple programa de mantenimiento similar al que cabe realizar con el resto del mobiliario urbano que, de hacerse sobre la marcha, no tendría mayores costes y que de no hacerse así, como ocurre ahora, acaba implicando o la pérdida de ese trabajo de años o abordar una intervención de calado para su recuperación.

El abandono no puede consolidarse como imagen de Gijón, como tampoco puede asumirse desde el Ayuntamiento que el vandalismo sea quien determine qué podemos recordar y qué no.

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