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Roces se aferra al maná europeo

“Reformar solo fachadas sería tirar el dinero”, indica el impulsor de la idea que llevará a la Alcaldesa a solicitar fondos para regenerar el barrio

Viviendas del poblado de Roces. | JUAN PLAZA

Viviendas del poblado de Roces. | JUAN PLAZA

Se llama Luis Vega, tiene 77 años, regentó varios negocios en la avenida Salvador Allende y de su puño y letra han nacido los trazos del plan de lo que puede terminar siendo la mayor reforma del poblado de Roces, adelantado ayer por LA NUEVA ESPAÑA. La alcaldesa, Ana González, tantea la posibilidad de acudir a los fondos europeos de reconstrucción para acometer esa regeneración integral. Una petición que, de prosperar, afectará a buena parte de las 800 viviendas de la zona, que datan de la década de los cincuenta del siglo pasado. “La Alcaldesa se ha preocupado de escuchar”, asegura Vega, orgulloso de que su idea haya entrado en los despachos del Ayuntamiento y quizás encuentre eco en Bruselas.

Alfredo Nillord, ayer, en Roces.

El plan sobre el que pivota la idea de la primera edil se remonta a la pasada campaña electoral, cuando un colectivo de vecinos se lo presentó a la entonces candidata socialista. González tomó el proyecto de Vega consciente de que impulsarlo requiere prudencia, ya que se contempla la posibilidad de derrumbar algunos de los bloques en peor estado. Así lo reconoce este vecino, contrario a los planes para rehabilitar fachadas de 2016. “Arreglar fachadas y tejados es lo más caro. Y en el caso de hacerse, por dentro las viviendas seguirían siendo viejas”, explica. “Se pueden tirar los edificios, hacer torres y así liberar espacio. Invertir en arreglar las casas por fuera sería tirar el dinero”, apunta.

La avenida Salvador Allende.

Vega fue uno de los primeros vecinos de Roces, así que su opinión tiene fundamento. Llegó con 14 años a un barrio en el límite entre lo urbano y lo rural. Uno de sus nietos regenta una confitería en la avenida Salvador Allende, así que su familia más directa sigue ligada a la zona. “Inicialmente esto era un barrio de obreros; entonces las casas eran como palacios, pero ahora se han quedado viejas”, puntualiza el veterano. El plan de la reforma integral de Roces no ha pasado desapercibido en el barrio. Son muchos los vecinos que ven un rayo de esperanza en el proyecto que pilota González, que buscará primero escuchar a los residentes. Zonas para perros, más espacios deportivos, mejoras en las conexiones a internet y una apuesta decidida para impulsar el comercio local son algunas de las demandas, que, eso sí, se centran sobre todo en acometer mejoras en las fachadas de los bloques más antiguos. “Eso sería lo principal”, aseguran los residentes.

La cancha del colegio Alfonso Camín.

Uno de ellos es Alfredo Nillord, que tiene 63 años y que desde hace tres semanas vuelve a ser vecino de Roces tras una estancia anterior de ocho años. “Las fachadas es lo que más prisa corre. El barrio está bien, pero eso es lo que más falla”, comenta. Tomás Ordás tiene 19 años y lleva tres viviendo en uno de los bloques de edificios de nuevo cuño en Salvador Allende. “El mejor negocio en el barrio es el estanco. Se debe impulsar el comercio local, hace falta”, dice. “Tampoco vendrían mal más zonas verdes y algo más de limpieza”, añade.

Jana Rico barre para casa. Ayer se la pudo ver paseando a su perro, “Río”, por la calle Esmeralda Maseda. “No hay muchos lugares donde sacar a las mascotas”, explica la mujer, de 34 años, que lleva siendo vecina desde hace una década. “También hacen falta más zonas de deportes, porque solo hay una cancha, la del colegio Alfonso Camín”, señala. Alejandro Méndez aguarda dentro de su coche en la misma vía. “Lo que peor están son las fachadas, pero hay algunos pisos a los que no llega conexión por fibra”, añade el joven, de 22 años, vecino de Roces, un barrio que espera con ansia el maná europeo.

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