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Corrida anhela sus cafés en masa

Las limitaciones en las terrazas acaban con las habituales aglomeraciones en el primer tramo de la céntrica calle: “Es raro”

En primer término, María González, junto a sus hijas, Cristina y Belén Aranda, y su marido, Nacho Aranda, en una terraza de la calle Corrida, ayer.

En primer término, María González, junto a sus hijas, Cristina y Belén Aranda, y su marido, Nacho Aranda, en una terraza de la calle Corrida, ayer.

Aprovechando la tregua que ayer dio la borrasca “Bella” , el calor que desprenden las estufas y el placer de paladear una taza de una bebida caliente, las míticas terrazas de la calle Corrida presentaron menos calvas de lo habitual desde que comenzó la pandemia, pero siguen heridas por las restricciones impuestas por el Principado, que limita los clientes por mesa a cuatro. Los hosteleros aguardan el año nuevo con la esperanza de recuperar las imágenes de antaño: grandes grupos que prácticamente abarrotaban el tramo entre las plazas de Italia y del Carmen. “Temporal, más pandemia es muy mala receta”, aseguran.

Las pequeñas Cristina y Belén Aranda disfrutaban ayer de un buen chocolate con churros en la terraza del Korynto, uno de los locales hosteleros más clásicos de la calle Corrida. Sus padres, Nacho y María González, las observaban con calma, tras haber degustado sus viandas. “Aprovechamos que salió un poco el sol para tomar el aire. Pensábamos que habría más gente, pero encontramos mesa sin ningún problema. Ya no es como antes”, afirmaban. “Ver así la calle Corrida, semivacía, da algo de pena. Es raro, como todo este año”, resumían, abrigados con cazadoras y gorros para mantener el calor corporal.

La poca afluencia en la calle Corrida por los efectos de la pandemia la detallaba Flor Ortea, una de las propietarias del conocido local hostelero Casa Baizán. “El temporal nos ha terminado por fastidiar, porque el viento se lleva los toldos y dentro la gente no quiere estar”, explicaba. Cuenta la veterana que las medidas que han puesto en marcha para aumentar la comodidad de los clientes en los meses menos amables del año han sido muchas. A saber, estufas, toldos y agrandar la longitud de las terrazas. Eso sí, de momento con poco éxito. “Mucha inversión, pero retorno cero”, lamentaba.

En la cafetería Mayerling, Rosa Gil apuraba un te. Ahora vive en Mallorca, pero antes fue vecina de la calle Corrida. “Está claro que las terrazas están más vacías de lo normal. A ver si el tiempo mejora, porque la gente tiene ganas de marcha”, indicaba. El más optimista es Alberto Bokos, uno de los camareros del Mayerling, que achaca las vacas flacas al virus y “a las decisiones de los políticos”. “El temporal es solo cosa de un día o dos, porque la gente no aguanta más tiempo en casa”, afirmaba un hostelero, que ansía mejores tiempos.

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