Hace 200 años que se reinstauró en España la Constitución de 1812; fue el 8 de marzo de 1820, coincidiendo con el Trienio Liberal, cuando Fernando VII fue obligado a jurarla. Gijón no ha querido pasar por alto esta efeméride. La ciudad rindió ayer homenaje al general tinetense Rafael del Riego y Flórez, el militar y político liberal asturiano que lideró el levantamiento contra el absolutismo del monarca e impulsó la reinstauración de aquella Carta Magna. Lo hizo en la plaza que lleva su nombre, en Laviada.

Aquella acción le costó la vida, pero para la historia han quedado aquellos hechos, al son del himno que lleva su nombre y con público reconocimiento en calles y vías públicas. El Ayuntamiento de Gijón ha querido ir un paso más allá, con la colocación de la placa en su nombre en su rincón, a un costado del “solarón”. La propuesta fue presentada en el Pleno municipal por el edil de Podemos Juan Chaves, y ayer se le dio forma con un acto público en el que el concejal de Cultura, Alberto Ferrao, llamó a “mantener vida la historia”. “No podemos olvidar, la conservación de la memoria es lo que hace que entendamos mejor lo que somos”, aseguró el edil.

Detalle de la inscripción.

Ferrao también insistió en la necesidad de “agradecer a quienes lucharon por la libertad”, toda vez que la Constitución de 1812 se forjó con “sangre y fuego”. “Parece mentira que dos siglos después tengamos que recordar que los totalitarismos no tienen cabida en una sociedad justa”, afirmó. Por eso, al descubrir la placa conmemorativa en la plaza de Riego, aseguró que la ciudad en su conjunto “está celebrando una forma de entender la convivencia”. El acto contó también con la presencia del edil de la formación morada que propició el homenaje y con la del portavoz de Ciudadanos, José Carlos Fernández Sarasola. Chaves se mostró especialmente satisfecho por este reconocimiento, también impulsado desde colectivos republicanos. “La memoria y el conocimiento son las claves fundamentales para seguir soñando el futuro”, recalcó el titular de Cultura, antes de proceder a descubrir el monolito. Un espacio de reflexión sobre un trozo de historia bien conocido, pero a veces “no los suficientemente bien valorado”, y que ahora quedará grabado para la posteridad en Gijón.