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De viaje con Jovellanos | Gran viaje de 1791 (XVI)

“¡Pobre Asturias!”, afirmó el prócer al dejar Bilbao

Jovino destaca en su diario la necesidad de mejorar las infraestructuras de comunicación de la región con la Meseta y la modernización del puerto gijonés al compararla con el País Vasco, Galicia y Cantabria

Puente Nuevo de Bilbao, por donde sale Jovellanos de la ciudad.

Puente Nuevo de Bilbao, por donde sale Jovellanos de la ciudad.

Qué placer y qué lujo iniciar un año nuevo y continuar tras las huellas de Jovellanos, siguiendo la estela trazada por sus palabras en su diario. De hecho, recuerdo hoy un texto de la autora francesa del XIX, George Sand, que va como anillo al dedo para esta situación que vivimos: “Mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar”. Así que, cogiendo esta máxima, sigamos el sendero marcado por nuestro viajero.

Continuamos en aquel verano de 1791, cuando Jovellanos dejaba atrás Bilbao y se encaminaba hacia Durango. Era la madrugada del 20 de agosto y en su diario dice así:

“Salida a las seis dadas; niebla. Camino por la carretera, mal construido, malparado y poco reparado; multitud de carros con lanas, que lo embarazan. Por todo él se hallan abiertos senderos de caballerías y aún de carros para evitarle; pero son molestísimas las entradas y salidas; se pasan dos ríos. El de Bilbao, o más próximo, por un puente harto grande; se lee en él esta fecha, escrita con tinta: 1766, y puede ser de este año. Todo el camino es por montes excelentemente cuidados y por lo común jóvenes; prueba de que se ha plantado y replantado mucho, de que se ha gastado mucho carbón y de que éste vale mucho. El arbolado es roble por lo común; hay algunas encinas, alisos y pocos castaños; gran calor a las dos leguas por haberse disipado la niebla”.

En la oscuridad aún de la noche, sale de Bilbao y nos ofrece una buena pista del camino que coge cuando cita aquel puente, “harto grande”, en el que vio la fecha inscrita de 1766. Se refiere a la zona del barrio de Bolueta, a orillas del río Ibaizabal. Desde mediados del siglo XV en la zona, y bien catalogadas, había huertas, molinos y dos ferrerías.

En 1765, es decir, un año antes del puente citado por Jovino, se construyó la vía de comunicación entre Bilbao y Pancorbo. El camino pasaba por medio del barrio y es cuando se construye un puente para atravesar el río hacia Basauri. Ese puente fue el que vio don Gaspar. Este resistió hasta las invasiones napoleónicas, que se sustituyó por otro, denominado Puente Nuevo, que en 1936 es dinamitado. El actual es de la última remodelación en 1975.

Además, nos cuenta nuestro noble viajero los paisajes que se topa y es digno de mención, cuando nos dice que ve bosques jóvenes y muy bien cuidados, y es que, en el ideario ilustrado, los árboles eran bellos, pero también rentables económicamente hablando. Lo bello y lo útil, lema muy de la ilustración y muy usado por nuestro Jovellanos cuando en sus escritos habla de llenar Gijón, de punta a punta, de árboles.

Y ese camino, ¿a dónde le lleva tan temprano? Veamos su diario: “Llegamos muy fatigados a Zornoza a las nueve y media; tres leguas. Buena y limpia posada; camas y muebles muy aseados; pero aún no hemos comido. Como a una legua de Bilbao encontramos al conde de Villafuerte, que volvía de Tolosa”.

A las nueve y media de la mañana tenemos a nuestro ilustrado en Zornoza, a unos seis kilómetros de Bilbao. Hay que comentar que lo que realmente existía era la merindad de Zornoza, es decir, una división administrativa que estaba formada por las anteiglesias (distritos municipales que tenían su origen en comunidades formadas alrededor de una iglesia), de Amorebieta, Echano, Ibarruri y Gorocica. Desde mediados del siglo XX son un municipio y se llama Amorebieta-Echano, las otras dos forman el municipio de Múgica. Aún así la nomenclatura de Zornoza aún existe y pervive en la zona.

Hasta 1212, esta merindad era fronteriza con el reino de Navarra, cuando Alfonso VIII, Rey de Castilla, la otorga al señor de Vizcaya. Hay un texto interesante que habla de este asunto durante el reinado de Sancho VI. Y dice así: “Sancho VI, nombrado ‘el Sabio’ y, de otra manera, ‘el Valiente’, dio fueros a la villa de Durango que agora es Vizcaya que entonces hasta el lugar de Navarra del pueblo e anteiglesia de Hechano de la merindad de Çornoça hera suyo”.

En ese trayecto se encuentra con un personaje importante, el conde de Villafuertes, título creado por Fernando VI para concedérselo a José Aramburu Basilio y Plaza, tras su actuación como teniente general en el ataque a las trincheras de Villafranca de Niza, que habían sido ocupadas por el Rey de Cerdeña en 1744. En aquel momento el Rey de Cerdeña, perteneciente a la casa de Saboya, era Carlos Manuel III.

El conde de Villafuertes que Jovellanos conoce era el tercero, personaje de gran influencia en aquel momento, Manuel José de Zavala y Acedo. Sólo su vida daría para varias páginas. A modo de esbozo decir que había nacido en 1772, es decir, tenía 19 años cuando Jovellanos lo cruza, y ya era alcalde de Tolosa. Imbuido por las ideas ilustradas, culto y con gran personalidad, se formó, en el admirado por Jovellanos, Seminario de Vergara y perteneció a la Sociedad Vascongada de Amigos del País. Senador y diputado general con Carlos IV, defendió siempre la foralidad de su territorio. Llegó a poseer seis mayorazgos, con sus ferrerías, palacios, caseríos y terrenos. Sin duda un hombre poderosísimo de aquel tiempo, en el actual territorio del País Vasco.

Jovellanos en Zornoza permanece hasta las cinco de la tarde, pero antes de partir nos cuenta varias cosas muy interesantes: “Hasta aquí se ve muy poco cultivo de tierras, y casi todo en los llanos. Por lo común se prefiere el viñedo, y éste se halla alguna vez en sitios costaneros, rara en las alturas. El maíz es casi el único grano, y menos trigo aún que en la montaña; el arbolado lleva la primera atención. Sin embargo, no se ven montes altos como en Asturias. Sin las franquicias estas provincias serían muy inferiores a nosotros; con ellas no prospera la industria. La del hierro es casi única, y aun esta ventaja la deben a la vena. El precio del quintal macho fue poco ha a 122 ½ reales; el último a 109. Los montañeses están mejor, por lo menos en cuanto a comercio e industria. Francos sus puertos para recibir géneros extranjeros, y no gravada su industria o los productos de ella a la entrada de Castilla. ¿Cuánto no pueden aventajar? Es verdad que pagan las rentas provinciales; pero, habiendo logrado encabezarse, esta contribución monta poco. Puede asegurarse que son por muy superiores los impuestos municipales de Vizcaya. ¿No ascienden a 150.000 ducados las rentas del señorío, consulado y villa de Bilbao? Pues harto menos pagará La Montaña. Es verdad que la amenaza el cinco por ciento de los frutos civiles; pero, si se encabeza por él, no quedará oprimida. ¡Pobre Asturias, vecina a estas provincias tan favorecidas con las franquicias, y a La Coruña con los correos, y oprimida con todo el peso de las exacciones fiscales y con la falta de comunicaciones, que desalientan su industria y ahogan sus esfuerzos patrióticos! Caminos y la franquicia del puerto de Gijón deben ser el objeto de sus deseos”.

Añadir por mi parte a este fragmento algún dato sería de necios, ya que don Gaspar lo narra muy nítidamente. Hace hincapié en aspectos económicos que él conoce, de País Vasco, Cantabria y Galicia en comparativa con Asturias. Su dictamen es claro, el Principado con sus características, debería estar mejor posicionada de lo que estaba con respecto a sus vecinos más cercanos, y esboza dos pensamientos fundamentales de su ideario, con respecto al desarrollo de la región; mejoras en las infraestructuras de comunicación entre Asturias y la meseta, y modernización estructural y jurídica del puerto gijonés, que, bajo su planteamiento, sería el único capaz de competir con otros puertos norteños.

Tras una “buena, abundante y bien sazonada comida… Comimos buena sopa de pan francés, buena olla fresca de pecho de vaca, con salsa de tomate bien hecha; olla de verdura con buen tocino, dos pichones y una polla bien asados al reloj, huevos revueltos, magras, guisado y buenas peras. Costó todo 105 reales” parten hacia Durango, pero ese trayecto lo vemos en el próximo capítulo.

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