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Vuelta al ruedo de ilusión

“Todo merece la pena por ver a los Reyes Magos”, aseguran los niños que acudieron a El Bibio en una cita marcada por la pandemia y las recomendaciones de extremar la seguridad

El Bibio, rodeada de medidas de seguridad para evitar contagios, recibe a los primeros niños

Tuvo que llegar una pandemia mundial para que María Bernal se perdiera la primera cabalgata en sus cuatro décadas de su vida. No obstante, ayer acudió a ver a Sus Majestades, acompañada de su marido y sus dos hijos, Alejandro y Julia Vega, de 6 y 4 años, que no podían estarse quietos de la emoción. “Siempre vemos a los Reyes en la cabalgata, el desembarco y la recepción”, explicó el pequeño, avispado, que no sabe decidirse entre si es mejor el día en que ve a los tres sabio de Oriente o el día que abre los regalos. Lo que sí tienen claro, él y su hermana, es que su mago favorito es Melchor “porque es el que más regalos nos trae”.

Blanca Loza, en el cuello de Ana Isabel González, junto a otros asistentes.

Las mascarillas, abrigos, bufandas o los paraguas no consiguieron ayer ocultar la felicidad de los más pequeños en el día más especial del año como es para ellos la llegada de los Reyes Magos. La ilusión y la magia se impusieron con claridad al frío, la lluvia y el granizo. Uno de los muchos ejemplos que ayer se dieron en la cita en El Bibio (que hoy volverá a repetir función) fue el de Lena Álvarez, de 9 años, que acompañó a su “mejor amiga del colegio Cabueñes”, Alicia Huertas, y la hermana de esta, Cecilia. “Todo merece la pena por ver a los Reyes Magos”, remarcaron las tres niñas, cubriéndose de la lluvia con sus paraguas y reconociendo que “no pudieron dormir de nervios e ilusión”. Incondicionales de Melchor, Gaspar y Baltasar, no se pierden ni una cabalgata. “Yo todos los años los voy a ver a Madrid”, enfatizó Alicia Huertas, que aseguró que en la carta que entregó a los pajes reales había un deseo por encima de los demás: “salud para todos y que vacunen a todo el mundo”.

Por la izquierda, David Meire, Marta García y Nacho Meire, haciendo cola.

Alrededor de la plaza de toros de El Bibio, en cuyo interior aguardaban los Reyes Magos para encontrarse con los más pequeños, se entremezclaban niños y mayores. La primera de la cola fue Tea Fernández, de 9 años, acompañada de su hermana Noa y su madre Marta Díaz. La pequeña se cubría de la lluvia con un poncho de Harry Potter, que da pistas sobre el regalo que le pide a los Reyes: la varita mágica del famoso mago adolescente creado por J. K. Rowling. “Fue muy buena, sacó buenas notas y, sobre todo, se esforzó mucho, que es lo más importante”, confirmó su madre.

Miembros de la asociación “La actividad de diverciencia”, ataviados con coronas.

Miembros de la asociación “La actividad de diverciencia”, ataviados con coronas.

Prueba de lo emocionante del día es que Naia Urdiel, de 8 años, quiso acudir acompañada de su peluche favorito, una oveja de nombre Luna. “Quería que también viese a los Reyes Magos”, explica, pizpireta, la pequeña. Su rey favorito, sin duda, es “Baltasar, como el de mamá”. Y en su carta, no solo peticiones para ella, sino también para sus padres. “Una bicicleta para mi madre y unos calcetines gordos para mi padre”, desveló.

Las niñas Micaela Díaz, Victoria Díaz y Gabriela Azcona, con su familia.

Las niñas Micaela Díaz, Victoria Díaz y Gabriela Azcona, con su familia.

Presente especial es el que pide Nacho Meire, de 11 años. Tras un año en el que aseguró haberse “aburrido mucho” durante el confinamiento, su carta la encabeza “una miniportería de fútbol” para poder jugar con su hermano David, dos años más pequeño, en caso de que tengan que verse otra vez confinados en casa. Así, este portero del Lloreda no perderá la forma y podrá hacer su propia pretemporada. La petición de su hermano también está marcada por las largas horas pasadas en casa: un juego de mesa.

Alba Marina, saludando. 6. Otro de los pequeños que, como muchos, pasaron el encuentro sobre las piernas de su acompañante.

Alba Marina, saludando. 6. Otro de los pequeños que, como muchos, pasaron el encuentro sobre las piernas de su acompañante.

Pueden estar tranquilos todos ellos, porque los regalos, como aseguraron los Reyes, “ya están en Gijón”. Es más, como confirmó Gaspar en su intervención entre los vítores de los más pequeños, “¡vinieron dos barcos más cargados de juguetes!”. Hubo quien aún llevaba su carta en la mano para entregársela, a última hora, al Príncipe Aliatar. Y en alguna de estas misivas, peticiones sorprendentes, como “un robot que limpie la habitación” o “un novio para mi hermana mayor”, según confesó Gaspar.

Otro de los pequeños que, como muchos, pasaron el encuentro sobre las piernas de su acompañante.

Otro de los pequeños que, como muchos, pasaron el encuentro sobre las piernas de su acompañante.

“Este año tuvimos muchas más dificultades, pero pudimos sobreponernos, porque los niños lo merecen”, aseguró Melchor en su aplaudida intervención, enfatizando que “ver a estos niños felices es la mayor satisfacción que podemos tener”. Los niños siguieron atentos, ilusionados, cada palabra que se decía en el escenario. Pero también obedientes, sin levantarse de su asiento, como marcaban las normas. “Estamos dispuestos a complacer todas vuestras peticiones porque habéis cumplido todos los protocolos de Sanidad”, confirmó Baltasar en una cita marcada por primera vez por la pandemia y, como siempre, por la magia e ilusión.

El piloto que trajo a los Reyes: “Lo voy a recordar siempre”

Los Reyes Magos llegaron a Gijón a bordo del globo aerostático de la ciudad, que aterrizó en el campo de golf de La Llorea. Jorge Iglesias fue el encargado de manejar el dirigible. “Ser el piloto de los Reyes Magos es un honor”, remarca el avezado piloto, “es algo que voy a recordar toda mi vida”. Iglesias se mostró muy ilusionado “por formar parte de un día tan especial” y aseguró que “fue toda una experiencia”, sobre todo con los temporales que tuvieron que sufrir desde su salida de Oriente. “Fue un viaje arduo”, explica, “pero Sus Majestades demostraron que son magos, porque allá por donde íbamos habrían una ventana de buen tiempo”. Sin embargo, no fue Iglesias quien más disfrutó la experiencia, sino Melchor, Gaspar y Baltasar, que “alucinaron al ver Gijón desde el aire”, ya que “es una ciudad espectacular, y desde arriba se observa mucho mejor. Es una experiencia que todo el mundo debería tener al menos una vez en la vida”. Y si ilusionado estaba Iglesias, mucho más lo estaba su hijo. “Cuando vio el vídeo y se enteró de que había sido yo quien los había llevado, estaba emocionadísimo”, remarca el piloto, “no se lo podía creer”. Lo único que echó en falta el más pequeño de la casa fue no haber podido saludar a Sus Majestades. 

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Los Reyes Magos llegan en globo a Gijón

El hostelero Lauren Castañón llevó caldo a los trabajadores

La ilusión y los buenos deseos de los Reyes Magos se propagaron ayer más allá de la plaza de toros de El Bibio. El hostelero Lauren Castañón, al frente de un establecimiento situado en frente del coso gijonés, al filo del mediodía, cuando el más de un centenar de operarios llevaban ya varias horas trabajando, Castañón les alegró la mañana con un caldo. “No me cuesta nada, y así también apoyo en lo que puedo; es lo menos que podemos hacer”, remarcó el hostelero. Un gesto muy agradecido por todo el personal, sobre todo en una mañana tan desapacible como la de ayer. “Al menos que no pasen frío”, aseguró. Frente a su local se establecía una de las colas de visitantes para entrar a la plaza.

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