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Victoria García Villar | Directora de la residencia Mixta de Gijón

“Los mayores nos están dando una lección de vida con su sensatez; ya quisieran muchos”

“Todos los residentes ya están vacunados, hemos hecho una vigilancia muy estrecha con ellos y no ha habido ni una fiebre; están todos bien”

Victoria García Villar, ayer, en la recepción de la residencia Mixta de Gijón, en Pumarín.

Victoria García Villar, ayer, en la recepción de la residencia Mixta de Gijón, en Pumarín. / S. F. LOMBARDÍA

Gijón

Victoria García Villar, tras algo más de una década al frente de la residencia Mixta de Pumarín, el mayor geriátrico de Asturias, ha tenido que coordinar la gestión de una pandemia que, hasta ahora, ha pasado más bien de puntillas por un centro que ha registrado de momento solo contagios aislados, principalmente en el personal. Esta residencia, también la primera en comenzar la campaña de vacunación, afronta ahora una tercera ola de incertidumbre y con su debatida unidad de convalecencia todavía paralizada.

–Fue la primera residencia en vacunarse en Asturias, aunque no todas las dosis se tramitaron en el día. ¿Ya se ha terminado?

–Sí, hace nada mandamos la última lista con las siete u ocho personas que faltaban, por tema de horarios, así que la primera fase ya está terminada.

–¿Sorprendió la tasa de trabajadores que declinaron vacunarse?

–Me sorprendió para bien, la verdad. Ves datos de otros sitios y yo creo que está bien. Faltan por afinar los datos en total para poder comparar, pero hasta ahora parecen que alrededor de un 80% dice que sí a la vacuna. Aquí, en La Mixta, en el primer conteo ya dijeron que sí el 83% y días después se sumaron algunos más que habían dicho que no al principio. Yo creo que está bien.

–¿Los residentes vacunados están todos bien?

–Sí. Hemos hecho una vigilancia muy estrecha con todos, por si acaso, y también porque ya lo hacemos ante cualquier otra vacuna normal, y no hemos visto nada. Es que ni una fiebre. Yo aluciné, estoy muy contenta. Y los trabajadores, que yo sepa, tampoco han tenido problemas, aunque también es verdad que si alguno se hubiese encontrado mal un día tal vez no vio necesario contárselo a nadie. Pero, vamos, que ningún problema de importancia.

–Usted misma se vacunó, ¿qué tal?

–Sí. Bien, nada raro. Notas solo unos días el dolor ahí en el brazo donde te pusieron la vacuna. Tienes ahí el recuerdo de que te pincharon. Molesta un poco, como un golpe, pero nada más.

–¿Cómo están de ánimo los residentes?

–Ilusionados. Bueno, en los medios ya salió el caso de Pepita (Eulalia Josefa Paleo, Pepita), la primera vacunada. Que ahora ya no quiere que la llamemos Pepita, por cierto, ahora prefiere Eulalia. Y Eulalia tuvo momentos muy buenos. Salió en la tele y le preguntaron que qué tal estaba y contestó que si no había visto su rueda de prensa del día anterior, que estaba perfectamente (ríe). Están todos muy bien, por suerte. En la vacuna ven un gran motivo de esperanza. Solo queda esperar por la segunda dosis.

–Muchos residentes habrán vivido bastante ya como para ver esta pandemia con algo más de amplitud de miras.

–Sí... Aquí hay historias de vida brutales. Y, bueno, en la pandemia el ánimo sí se resintió, como es lógico, porque ellos veían que no podían salir y luego, cuando habían retomado parte de su vida en verano, volvimos a cerrar. Fue muy duro sobre todo para los usuarios más independientes. Pero yo de verdad que estoy sorprendida con cómo están haciendo frente a todo esto. Tienen una sensatez que ya querrían muchos. Los mayores nos están dando a todos una gran lección. Y sí, muchos te cuentan su vida y, claro, casi es lógico que vean que si el problema de ahora se puede solucionar con una vacuna lo vean como pan comido, en comparación.

–¿Hubo momentos especialmente duros?

–Sigue siendo duro para las familias, ellas sí creo que lo pasan peor y es normal, están muy preocupadas y llevamos así meses. La comunicación era complicada, sobre todo al principio, pero hemos ido mejorando. Ya desde abril más o menos pusimos dos tablets a disposición de los residentes para que con ayuda del personal pudiesen hacer videoconferencias con las familias y, a raíz de esta segunda ola, también hemos habilitado un grupo de Whatsapp con ellas para anunciar algunas cosas más cotidianas. El otro día les pasamos por ahí cuál iba a ser el menú de Navidad, por ejemplo. Queremos que estén informadas.

–¿Podemos hacer un balance de cómo impactó el covid-19 en la residencia?

–Salieron algunos casos en la segunda ola, cuando se empezaron a hacer los cribados cada 28 días, primero, y luego quincenalmente. Ahí detectamos casos en trabajadores, sobre todo empleados que volvían de unas vacaciones o de un descanso de varios días. Positivos trabajando debimos de tener dos o tres casos y ahí también pudimos actuar a tiempo, porque la residencia está muy sectorizada: puedes aislar esa planta afectada y mandar a sus contactos a casa. Y PCR a todo el mundo. En total en esta segunda ola tuvimos 18 positivos en trabajadores por cosas como esa: o no habían empezado a trabajar o se les aisló antes de que provocasen transmisión en el centro.

–¿Y residentes?

–Nos computan dos casos, aunque es verdad que su contagio está vinculado a hospital, ya sea por ingreso o derivación.

–Hace unos meses los empleados nos decían que en La Mixta era muy difícil que surgiese un brote porque había suficiente personal como para hacer cuarentenas preventivas.

–Bueno, nuestras ratios son las que marcan el ERA, pero tiene que ver con lo de la sectorización que explicaba antes. Sí es verdad que la pandemia nos pilló con algo menos de residentes por el tema de las obras en la unidad de convalecencia y que, al tener los centros de día cerrados, ese personal se sumó a la residencia. No estamos mal de personal, es cierto.

–¿Qué pasa con esa unidad de convalecencia?

–No lo sé, por mí ojalá que salga adelante y se use. Está lista y equipada.

–El Principado barajaba usarla en caso de detectar brotes en el centro.

–Sí, pero creo que hay otros recursos como el Credine que ya hacen esa labor. Muy mal tendrían que ponerse las cosas para tener que usarla. Es una necesidad en la región, la idea es muy buena, pero, no sé, ojalá todo esto sirva para darle ese último empujón y que de verdad se use como unidad.

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Amor Domínguez

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