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El historiador Héctor Blanco: “El franquismo tuvo operativos los refugios antiaéreos de Gijón hasta la Guerra Fría”

“Las construcciones de Cimadevilla y el paseo de Begoña se utilizaron en la Guerra Civil y se reactivaron en los años cuarenta”

Héctor Blanco.

Héctor Blanco. Ángel González

Investigador con una sólida formación y una renovada inquietud por esclarecer aspectos poco conocidos de la historia de Gijón, Héctor Blanco (Mieres, 1970) conferenció ayer en el Centro Antiguo Instituto sobre los refugios antiaéreos de Gijón. Un patrimonio que, según el también colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, hay que conocer y preservar para entender la dimensión que tuvieron, por ejemplo, los bombardeos de la aviación franquista y de la nazi Legión Cóndor durante la Guerra Civil española, hasta la caída del Frente Norte republicano.

–Hasta hace sólo unos años, esos bombardeos sistemáticos que sufrió Gijón eran poco conocidos.

–Empezaron a salir a la luz hará diez años el próximo marzo, cuando publicamos “Gijón bajo las bombas” e inauguramos la exposición sobre ese asunto.

–Hay quien incluso negaba que se hubieran producido esos bombardeos. ¿Hemos avanzado en el conocimiento de esa etapa de nuestra historia?

–Faltan piezas, pero hay ya una visión de conjunto consistente sobre esos quince meses de guerra civil (de julio de 1936 al 21 de octubre de 1937, cuando las Brigadas Navarras toman Gijón). Pesaba mucho la versión oficial franquista. Había tramos de sombra y otros borrados, que coinciden con el ataque indiscriminado y sin justificación a la población civil indefensa. Esos bombardeos seguían la estrategia del terror y la de doblegar la voluntad de la población.

–¿Podemos afirmar hoy que Gijón sufrió bombardeos masivos, sistemáticos e indiscriminados?

–La cuestión es más compleja y no se puede centrar solo en Gijón. Lo que vemos, por distintos estudios, es que hubo una mecánica del bando sublevado y que se aplicó en todo el territorio republicano como táctica de guerra. En Gijón estaba El Musel, pero hubo bombardeos en lugares donde no había ningún objetivo estratégico.

–Cangas de Onís, por ejemplo.

–Exacto. Y en Tarna, en Colunga o en Teverga. Te das cuenta de que, a partir del verano de 1937 y cuando toma cuerpo la ofensiva del Norte, con la Legión Cóndor plenamente operativa, esos bombardeos complementan las operaciones bélicas de frente. Se atacan poblaciones indefensas para provocar el miedo. Es lo mismo que vemos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

–¿La aviación nazi ensaya en España lo que hará después en la última guerra europea?

–Eso está ya asumido y demostrado en la historiografía sobre la guerra de España. Alemania e Italia tuvieron ahí una oportunidad única para entrenar a sus pilotos, probar sus aviones y tomar nota para la inminente Segunda Guerra Mundial.

–De manera casi simultánea a estas investigaciones sobre los bombardeos, aparecen los refugios antiaéreos gijoneses...

–Claro, hablamos ya de una guerra moderna, total, que afecta a todo el territorio que se quiere ocupar. El refugio antiaéreo es la tipología arquitectónica de respuesta a esos ataques de la aviación. Son los resguardos mínimos para la población civil. Los refugios están en los núcleos urbanos. En Colunga ha aparecido uno excavado en roca, como en Gijón el de Cimadevilla. Son soluciones que encontramos en toda la zona republicana y que se extenderán por todo el mundo con la contienda mundial. La guerra moderna tiene como gran protagonista a la aviación.

–Además de los más conocidos, que son los de Cimadevilla y Begoña, en Gijón hubo una tupida red de esos refugios. ¿Se sabe el número?

–Toño Huerta hizo un estudio por encargo de la que era Concejalía de Memoria Social. Y en su cuenta se incluyen casi doscientos refugios antiaéreos. Hay que tener en cuenta que ahí se incluyen desde sótanos, portales, túneles... Y los refugios privados.

–Lo que es menos conocido es que el propio Régimen franquista vio utilidad a estos refugios, una vez finalizada la Seguda Guerra Mundial, por temor a una invasión de los aliados...

–Antes, incluso. Esos refugios se utilizan unos meses durante la Guerra Civil. En los años 40 se reactivaron, al menos, los dos más importantes: los túneles de Begoña y Cimadevilla. En 1943, cuando el franquismo ve que la guerra se tuerce para Hitler y Mussolini, pues replantea el asunto de la defensa civil. Y entonces se dispone que se haga la mejora o consolidación de esos refugios. Los que tenemos hoy en Gijón son, realmente, estructuras que se remataron entre 1945 o 1946 y 1948. La de Cimadevilla es una galería con traviesas de carril; es una obra de los años cuarenta. Después, en el contexto de la Guerra Fría, esos refugios tenían una función y en Gijón estuvieron preparados hasta 1965. A partir de esa fecha, quedan como espacios marginales que se alquilan o abandonan.

–¿Tiene interés la recuperación de esos refugios?

–Son testimonio de una parte de nuestra historia. Como lugares físicos, muestran lo que ocurrió. Nadie hace ese tipo de construcciones si no es por necesidad y por un terror extremo.

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