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El capitán Miguel López apuesta por el suspense en “Hallux”, su séptima novela

“La trama, con crímenes, se desarrolla entre Gijón y Barcelona”, explica el marino jubilado y ganador de los premios “Zayas” y “Dulce Chacón”

El escritor y excapitán de la Marina Mercante Miguel López García.

El escritor y excapitán de la Marina Mercante Miguel López García. Marcos León

Pasados los cincuenta años de edad, Miguel López García (Barres, 1954) encontró una nueva vocación en la escritura de ficciones. Capitán de la Marina Mercante, navegó durante diecisiete años por todos los océanos y trabajó después otros veinticuatro en la Torre de Salvamento de El Musel, en Gijón. Desde que halló en la literatura la ventana por la que mostrar las historias que fabula, no ha dejado de sorprender a los lectores con sus ficciones de narrador al que le gusta contar cosas. Ha logrado algunos premios importantes, como el “Dulce Chacón” (2010), el “Zayas” (2012) o el “Ciudad de Almería” (2012). Su última novela se titula “Hallux”, la séptima que pública, aunque guarda aún bastante prosa inédita en sus carpetas. “La trama, con algunos crímenes, se desarrolla entre Gijón y Barcelona”, explica, reticente a destripar el meollo de la trama. Los lectores, claro, se merecen un respeto.

La expresión “hallux valgus” sonará extraña a casi todo el mundo que no sea podólogo o padezca esa deformación del pie llamada “juanete”. Así que no es extraño que el Colegio Profesional de Podología de Madrid haya hecho una edición especial de esta obra. “Es una historia que he dedicadado a mi hijo, que es podólogo, y que llevaba escrita hace tiempo”, dice Miguel López, algunas de cuyas obras han tenido resonancia en un país como Panamá.

El escritor y marino ha tenido que suspender presentaciones de sus novelas, en Madrid y en el citado país centroamericano, a causa de la pandemia por el covid-19. Lleva con resignación, tirando a mal, la difícil situación sociosanitaria que vivimos. De “Hallux” dice sin dudar que ha sido “la más difícil” de escribir entre la suyas. ¿Por qué? “Por las descripciones de gran realismo de una cirugía de juanete, de principio a fin”, responde, aunque añade de inmediato que “hay suspense desde la primera línea”.

El podólogo que protagoniza “Hallux” se ve envuelto en los acontecimientos casi sin darse cuenta. Y Miguel López concede que el final es “trágico”. “Una de las diferencias entre esta y mis otras novelas es que salgo del mundo rural; los que la han leído afirman que es lo mejor que he escrito”, añade. Son los podólogos, que algo han visto en esas líneas, los que se han conjurado para llevar “Hallux” al papel impreso.

A Miguel López, educado siempre y con una cierta timidez gobernada, le cuesta adaptarse a estos meses de mascarilla, distancimiento físico y reclusión. Y eso que pasó muchas horas en alta mar. “Antes, la escritura resultaba una liberación, mientras que ahora me cuesta; no acabo de adaptarme a porque no me siento libre”, confiesa. Un poco como todos.

Y eso que en la biografía del escritor castropolense, avecindado en Gijón desde hace muchos años, no faltan los largos distanciamientos familiares y las horas solitarias, en su camarote, escribiendo cartas a la familia. Recuerda que, tras bautizar a su hijo en la iglesia de Fátima, tuvo que embarcar. Cuando regresó, habían pasado diez meses.

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