Santo protector de las gargantas, San Blas llega este año en medio de la crisis del coronavirus. Por eso, las tradicionales fiestas de la parroquia de Jove se celebrarán bajo estrictas medidas de seguridad. La cita tendrá lugar el próximo día 3 de febrero con eucaristía, pero sin procesión y con aforo reducido a la mitad. Sí se mantiene la dulce tradición asociada a la onomástica: la venta de rosquillas de mantequilla. Aunque en esta ocasión también sea de un modo diferente por la pandemia.

Empezando por el número de rosquillas que se pondrán a la venta. “Esta vez solo hemos encargado la mitad, unos 200 kilos, en vista de la situación y para evitar problemas”, explica Víctor Pando, veterano colaborador de la parroquia y un asiduo a la preparación de San Blas desde hace muchos años. Hace ya tiempo que los dulces se pidieron a un obrador, pero los parroquianos siguen siendo los responsables de su empaquetado, en bolsitas de media docena, para su reparto el día de la fiesta.

“En esta ocasión, solo somos ocho personas las encargadas de embolsar, porque hay que mantener las distancias y todas las medidas de seguridad necesarias”, indica Pando. Otros años “llegábamos a ser 20 feligreses, pero en esta ocasión tiene que ser así”. “El caso es que podamos seguir celebrando más años en el futuro y que la devoción no se acabe”, sentencia. Así, distribuidos en mesas con dos personas en cada una de ellas, desde ayer se dedican a rellenar las bolsas que, y también como novedad, no se venderán en masa tras la misa festiva para evitar aglomeraciones.

Se ha ideado un sistema de preventa a través de tiques que se pueden adquirir en varios establecimientos de La Calzada y Jove, así como en la iglesia de Santa Olaya. “La gente puede adquirir los tiques, de dos y cinco euros, y se les cambiarán por el número correspondiente de bolsas de rosquillas en los locales parroquiales, de tal manera que solo pueden entrar un máximo de tres personas a la vez para mantener las distancias de seguridad”, explica el párroco de Jove, José Manuel Álvarez.

Y otra novedad: para que la recogida de las rosquillas se haga de forma escalonada, se podrán retirar ya a partir del día 26, puesto que el párroco las bendecirá ya unos días antes y, por lo tanto, será igual que si se recogieran el mismo día de la fiesta. Basta con acudir al salón parroquial de ese día en adelante con los tiques comprados previamente en los locales colaboradores para hacerse con los dulces, a los que muchos atribuyen también poderes protectores. “Este año todo es diferente, pero de lo que se trata es de cumplir las normas y que todos volvamos a estar el año que viene”, señala. Con mascarillas, y también con rosquillas.