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Cabueñes y la Politécnica se unen para combatir el cáncer con un proyecto pionero

El hospital y la escuela idean un programa que usa miles de datos clínicos para detectar tumores

Por la izquierda, sentados, José María Enguita y Nuria Valdés; de pie, Ignacio Díaz y María Dolores Chiara, a la entrada de Cabueñes.

Por la izquierda, sentados, José María Enguita y Nuria Valdés; de pie, Ignacio Díaz y María Dolores Chiara, a la entrada de Cabueñes. Marcos León

Inteligencia humana para lograr que la artificial ayude a pelear contra el cáncer. El Hospital de Cabueñes ha unido esfuerzos con la Politécnica de Gijón para crear un novedoso sistema que permite visualizar de forma intuitiva el procesamiento de miles de datos clínicos, genéticos y sociales de casos registrados de enfermos tumorales. El proyecto busca aunar la potencia de las máquinas (capaces de cribar una gran cantidad de información) con “la experiencia e intuición” de los sanitarios, cuya capacidad para “cazar” posibles patrones sin investigar “no pueden resumirse en un algoritmo”.

La técnica de la que se han servido los investigadores se llama “morphing projections” y, a grandes rasgos, lo que hace es representar en una pantalla con puntos de colores cada caso descrito de un paciente con cáncer en su base de datos. El programa incluye un abanico gigantesco de información (solo el apartado de información genética incluye 20.000 niveles diferentes) y permite al usuario escoger qué apartados quiere visualizar, entre los que se incluyen el tipo de cáncer del paciente, el sexo, la raza y la gravedad del tumor.

Según qué apartados se elijan, esos puntos de colores se juntan o se separan. Es la forma que tiene el sistema para informar al usuario de su estudio de datos: cuanto más próximos estén esos puntos, más similares son según los apartados seleccionados. Incluso usuarios sin formación sanitaria pueden entender las categorías más obvias. Por ejemplo, si solo se marca le de “estado vital”, los puntos de colores, que en un primer vistazo están aglutinados sin orden en el centro de la pantalla, se separan, y en la parte superior se sitúan los pacientes vivos y, en la inferior, los que fallecieron. Si se marca también la categoría de “género”, los dos grupos se subdividen separando hombres y mujeres. La división sigue con el resto de categorías descritas y la complejidad y contenidos del programa pueden modificarse. “Lo importante es el sistema, el haber logrado que una persona puede entender un volumen de datos que de normal sería imposible ver en su totalidad. Esos puntos de colores son la traducción visual de una gráfica de Excel que incluiría 20.000 columnas, una por cada expresión genética, y 6.000 filas, una por cada tejido tumoral, además de las variantes de sexo, raza y demás. Y, encima, puedes ‘jugar’ y elegir qué ver”, razona Ignacio Díaz, uno de los ingenieros al mando del proyecto. Junto a él han trabajado en el plan José María Enguita, Abel Alberto Cuadrado, Diego García y Ana González, integrantes del equipo Supervisión y Diagnóstico de Procesos industriales (GSDPI) de la Universidad de Oviedo en Gijón. Desde Cabueñes, colabora Nuria Valdés, jefa de sección de Endocrinología y Nutrición en Cabueñes, así como la investigadora María Dolores Chiara, adscrita al Instituto de investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA).

La utilidad de este nuevo sistema es que un médico entrenado en la temática puede, mientras navega y prueba con las distintas variantes, toparse con algún patrón indicativo de un comportamiento desconocido del cáncer. “La máquina nos ayuda a ver un volumen de datos que de normal sería inasumible y nosotros, los humanos, interpretamos qué tienen de especial. Hay cosas que un programa informático no puede aprender a hacer y el futuro se dirige a intentar que ambas partes colaboren y se potencien, a explotar con tecnología el dominio del humano. Este es un primer intento de eso”, concreta Díaz.

El proyecto arrancó hace ahora alrededor de un año y sus resultados preliminares (el equipo permite “jugar” con una demo gratuita en la página del GSDPI) ya han servido para llamar la atención de la revista “Bioinformatics”, que depende de la Universidad de Oxford. A partir de ahora, explican los responsables de la iniciativa, la idea es que proyectos similares al suyo se tomen como base para simplificar y potenciar los algoritmos de inteligencia artificial y el “big data” con interfaces en las que los humanos puedan participar.

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