DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Mallada mira a la época de Pilar Fernández Pardo para relanzar el PP

El presidente, bajo amenaza de sanción, se resiste a dimitir ante el ascenso de Pablo González

la reaparición de Pilar fernández pardo. Teresa Mallada calificó ayer de “error” la destitución de Pilar Fernández Pardo en 2013, fruto de una gestora impulsada por Mercedes Fernández, y reconoció públicamente su valía en un encuentro que mantuvieron en Gijón. En la imagen, por la izquierda, Pardo, Mallada y el exconcejal gijonés Pablo Fernández, en la plaza del Instituto. La imagen tiene un enorme simbolismo y llega después de la recuperación de antiguos “pardistas”, como Manuel Pecharromán, para cargos orgánicos.

la reaparición de Pilar fernández pardo. Teresa Mallada calificó ayer de “error” la destitución de Pilar Fernández Pardo en 2013, fruto de una gestora impulsada por Mercedes Fernández, y reconoció públicamente su valía en un encuentro que mantuvieron en Gijón. En la imagen, por la izquierda, Pardo, Mallada y el exconcejal gijonés Pablo Fernández, en la plaza del Instituto. La imagen tiene un enorme simbolismo y llega después de la recuperación de antiguos “pardistas”, como Manuel Pecharromán, para cargos orgánicos.

Cuando el 14 de febrero de 2013 la dirección regional del PP, presidida entonces por Mercedes Fernández, decidió nombrar una gestora del partido en Gijón y defenestrar a su líder, Pilar Fernández Pardo, uno de los argumentos esgrimidos fue que, en las elecciones, el PP había podido conseguir sólo 200 interventores para cubrir las 400 mesas electorales en las que votaban los gijoneses, evidenciando una debilidad nunca vista. Desde entonces, ha llovido y los aguaceros internos han erosionado el partido hasta el extremo de que en la última cita ante las urnas el número de representantes de los que dispuso la formación cayó a mínimos. Ese es uno de los termómetros que marcan el grado de congelación al que ha llegado el PP local bajo la presidencia de Mariano Marín, según cuentan ahora sus críticos. Pero el líder aguanta impertérrito en medio de la ventisca que se ha desatado para removerlo del cargo. Sus afines alaban su entereza y su lealtad.

Que dimita es el objetivo declarado de la actual dirección regional que lidera Teresa Mallada y de la mayoría de la propia junta local del PP de Gijón, que quiere “reactivar” el partido en la mayor ciudad de Asturias, la que pone y quita gobiernos autonómicos, como dicen los clásicos. Por otro lado, la dimisión de Marín también facilitaría la llegada al cargo de Pablo González, actual secretario general y diputado autonómico (la junta local debería votar).

Con la sede del partido en la calle Álvarez Garaya abierta sólo unas pocas horas al día, la falta de comisiones de estudio (grupos de trabajo) para elaborar propuestas, escasa coordinación con el grupo municipal y el mandato vencido hace dos años, Marín se agarra al cargo apelando a que su relevo deben escogerlo los afiliados votando en un congreso, negándose a aceptar su “dimisión forzada” para imponer a un nuevo presidente local “a dedo”.

Esa fue la repuesta que dio públicamente después de que la presidenta del PP de Asturias, Teresa Mallada y el secretario general de la organización, Álvaro Queipo, le conminaran a dimitir en una reunión que los tres mantuvieron en la sede del PP de Asturias el pasado 15 de enero, como desveló este diario. Marín, que en diciembre había logrado que lo recibiera la número tres del partido a nivel nacional, Ana Beltrán, señala que sólo se irá voluntariamente si así se lo piden desde Madrid.

La reafirmación pública de Marín, contrariando a la presidenta regional, llevó a que 44 de los 68 miembros de la junta local del PP de Gijón promoviera su reprobación en la reunión de este órgano colegiado del pasado viernes, para reprobar al presidente. Él se negó a permitir la votación, recibiendo duras críticas de quienes la promovían mientras sus afines guardaban silencio. Al día siguiente, Álvaro Queipo calificaba durante la reunión del comité regional del PP como “intolerable” y “totalmente excepcional” la paralización del partido en la ciudad, advirtiendo de que la dirección regional está dispuesta a tomar medidas. El órdago estaba echado, pero el pulso se mantiene y el presidente local no está dispuesto a ceder.

Sus afines explican que la dimisión serviría en bandeja la presidencia del PP de Gijón a Pablo González, algo que podría no tener tan fácil de conseguir en un congreso dado que aunque el diputado autonómico tiene predicamento entre un buen número de afiliados, también suscita el rechazo de otra parte. Es una explicación de la historia que choca diametralmente con la de quienes ya se han hartado de la inactividad, que recuerdan que Marín había anunciado su dimisión para intentar presentarse como decano al Colegio de Abogados, aunque no llegó a hacerlo ni a presentar aquella candidatura. La idea que está calando entre los miembros de la junta local que piden a Marín que se vaya es la de que el único sentido de que no dé el brazo a torcer es desgastar a Teresa Mallada con la estrategia de “cuanto peor, mejor”. Estrategia que atribuyen no a Marín sino a quien lo aupó al cargo, Mercedes Fernández, con el control de Gijón desde que forzó la marcha de Fernández Pardo, que ayer reapareció por sorpresa junto a Mallada, en un evidente gesto.

Ahora, el desenlace probablemente vendrá por la vía de un expediente disciplinario que permita separar a Marín del cargo. Mientras, el presidente resiste contra viento y marea.

Compartir el artículo

stats