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La familia y las amigas de Lorena Dacuña: “Queremos que pase el juicio y que pague”

“Me he quitado el sentimiento de culpa”, indica el hermano | “Me acuerdo de ella cada día”, afirma la compañera que dio la voz de alarma

Francisco Dacuña, ayer, en su casa, con fotos de su hermana.

Francisco Dacuña, ayer, en su casa, con fotos de su hermana. Marcos León

Lorena Dacuña no se presentó a trabajar el lunes 3 de febrero de 2020 y, a medida que las horas pasaban y seguía sin responder a las llamadas, los temores de que algo le hubiese pasado iban en aumento. Más aún cuando pudieron confirmar que su expareja, José Manuel Sánchez Merino, tampoco había acudido a la sidrería donde ejercía de camarero. Los peores augurios se confirmaron cuando accedieron al piso de la calle Callao en el que vivía la limpiadora gijonesa, de 41 años. Un año después del brutal crimen machista, que se cumple hoy, la familia, las amigas y las compañeras de trabajo de Dacuña comparten sus recuerdos de una mujer “muy especial, positiva y que siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás”, que fue asesinada a cuchilladas en la madrugada del 2 de febrero por su exnovio, en prisión preventiva. “Nos acordamos a diario de ella. Siempre estaba ahí para todo el mundo y no hay día que no hablemos de ella”, reflexiona Aroa Sánchez, “como una hermana” de Lorena.

La herida y el vacío siguen presentes. Todos coinciden en la necesidad de que se celebre cuanto antes el juicio contra Sánchez Merino y pague por lo que hizo. El autor confeso se enfrentará a un jurado popular, previsiblemente antes de que acabe el año, por un delito de asesinato. “Tenemos ganas de que pase porque sería revivirlo todo otra vez y cuanto primero, mejor. Queremos que cumpla todo lo que hizo, y que pague los años que sean”, señala Aroa Sánchez. “No merece ningún tipo de perdón ni me creo su arrepentimiento. Ni yo ni nadie. Solo espero que la condena sirva de escarmiento para él, y para cualquier que piense hacer algo así, y que ninguna mujer vuelva a sufrir lo que pasó mi hermana”, aporta Francisco Dacuña.

El hermano de la gijonesa asesinada trata de superar la pérdida, aunque los recuerdos afloran ahora que se cumple un año del crimen machista. “Lo llevo mejor, ya me quité el sentimiento de culpabilidad que me tenía martirizado, por no haberlo visto y no hacer nada por evitarlo. Tenía un sentimiento de culpa muy grande. Ahora lo llevo lo mejor que puedo”, reflexiona Dacuña, que se muestra “muy agradecido” con el Ayuntamiento de Gijón, el área de Igualdad y su abogada, Salomé Miranda. Será quien ejerza la acusación particular, atribuyendo a José Manuel Sánchez Merino un delito de asesinato. A su favor tienen que el procesado era “plenamente consciente” de lo que hacía, como demostró el informe forense, desvelando por LA NUEVA ESPAÑA.

Lorena Dacuña dejó huella en todas las personas con las que compartió su vida. “En su ausencia está más presente que nunca, ha pasado un año, pero era mi mejor amiga y no ha pasado ni un solo día que no me acordase. La gente falta y te vas a acostumbrando, pero en su caso, cada día me acuerdo más de ella”, afirma Ana Menes, compañera de trabajo y quien se movilizó aquel día para localizar a Lorena Dacuña. “Era una persona muy especial, positiva. Siempre estaba ahí para los demás. Con lo que tenía encima y se lo callaba, y siempre estaba para los demás”, añade Menes, que solo espera que “haya un poco de justicia y que no salga más”. “No es una persona, es un ser despreciable”, resalta la compañera, que hoy acudirá a llevarle flores al cementerio.

“Una gran persona”

Ese cariño ganado a diario por la víctima lo ha recogido su familia durante este último año. “Ves que era una chica querida, por todo el mundo. Por sus compañeros, sus jefes y sus amigas. Se fue una gran persona”, lamenta Francisco Dacuña, que asegura que en todo este tiempo no ha sabido nada del asesino de su hermana. Más allá de la carta de perdón publicada en este periódico. “Cuando pasó te enteras del pasado que tuvo, porque quitando la muerte de mi hermana están los malos tratos y los hijos que tenía abandonados. Fue una sorpresa, porque es verdad que iba de machito, pero no me di cuenta nunca que esto podría pasar”, confiesa Dacuña. “Tuvo la opción de tener una buena vida con una persona como mi hermana, y no quiso. No lo aprovechó”, estima. Ahora, Sánchez Merino permanece recluido en la cárcel de Dueñas (Palencia) a la espera de juicio, algo que en la familia Dacuña esperan que llegue pronto para pasar página.

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