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La familia del joven atropellado mortalmente en Somió: “No hay justicia posible; la pérdida de una vida es irreparable"

El único acusado acepta tres años por homicidio imprudente y la omisión de socorro y logra eludir su ingreso en prisión | “Quisimos evitar el trance del juicio”, destaca el abogado de la acusación

En el centro, Álvaro A. S. camina hacia el Juzgado acompañado por sus abogados, José Joaquín García Fernández, a la izquierda, y Alejandro García Cueto-Felgueroso, a la derecha. Pablo Palomo

Álvaro A. S., el gijonés que atropelló mortalmente a su amigo de la infancia Juan Fombona en diciembre de 2017, tras pasar juntos una noche de fiesta en Somió, ha logrado eludir la cárcel. El procesado aceptó ayer dos años de prisión por un delito de homicidio imprudente y otro año más por un delito de omisión del deber de socorro, tal y como reclamaba la familia de su víctima al entender que, pese a ser consciente del incidente, se dio a la fuga tras arrollar a su amigo en la avenida de Dionisio Cifuentes. A pesar de esos tres años impuestos, no entrará en la cárcel al haber cumplido ya cinco meses en preventiva y concurrir las atenuantes de reparación del daño (su compañía de seguros pagó los 171.600 euros de indemnización a la familia del finado) y el de embriaguez. “En una muestra de generosidad, y siendo una petición expresa de la familia, se ha accedido a la suspensión de la pena privativa de libertad”, aseguró ayer Ángel Bernal, abogado de la familia Fombona Braga, que ejerció la acusación particular.

El procesado llegó al Palacio de Justicia pasadas las nueve de la mañana. Lo hizo acompañado de sus abogados. Su defensa la ejerció Alejandro García Cueto-Felgueroso “Jano”, y José Joaquín García. El juicio estaba señalado en el Juzgado de lo Penal número 3, donde varios testigos esperaban para declarar. Como Álvaro A. S. nunca llegó a reconocer los hechos –ni siquiera se pronunció sobre lo ocurrido aquella madrugada a lo largo de todo el proceso judicial– todo hacía presagiar que se celebraría la vista. No fue así. Las partes alcanzaron un acuerdo tras varios minutos en la sala. Álvaro A. S. aceptó el homicidio imprudente y la omisión del deber de socorro “porque se pudo representar que algo ocurrió”, manifestó su defensa una vez formalizado el trato.

Con el visto bueno de las partes, se dio carpetazo a uno de los sucesos más sonados en Gijón de los últimos años. Los hechos se remontan a la noche del 2 de diciembre de 2017, cuando víctima y condenado se encontraban en un conocido pub de Somió tomando copas. Sobre las 4.15 horas de la mañana, Álvaro A. S., que estaba claramente afectado por el alcohol, decidió coger el coche para volver a su casa, a escasos metros. Su amigo rechazó subir con él y optó por irse andando hasta su vivienda. Una y otra familia eran vecinos de toda la vida y mantenían una buena relación que se rompió a raíz de este trágico episodio.

Juan Fombona, también afectado por el alcohol tras toda la noche de fiesta, se tumbó en mitad de la calzada, cerca de la iglesia de San Julián, sin que Álvaro A. S. se percatase. El Ministerio Fiscal aseguró que “actuó con total negligencia por su alteración inducida por el alcohol”. Además, según el escrito de acusación, hizo maniobra alguna para esquivarlo ni frenó el coche, por lo que terminó por pasarle por encima. Aunque no le alcanzó con las ruedas, “le provocó una serie de lesiones que derivarían en la muerte de Fombona instantes después”. “No hay justicia posible porque la pérdida de una vida es irreparable. La familia, que está destrozada, no quiso pasar por el trance de una semana de juicio. En estos tres años nunca ha reconocido los hechos ni se ha puesto en contacto con la familia”, aseveró Bernal, tras suscribir el acuerdo.

Compañía de seguros

La compañía de seguros del ahora condenado formalizó el pago para indemnizar a la familia de Fombona antes del juicio. La Fiscalía reclamaba 171.600 euros (70.400 euros para cada uno de los padres y de 15.400 para cada uno de sus dos hermanos). La víctima, de 38 años, estaba soltera, convivía con sus padres y no tenía descendencia. Con seis años adicionales de retirada de carnet para Álvaro A. S., el máximo que prevé la ley, se zanja uno de los sucesos que más conmocionó a la ciudad durante los últimos años.

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