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La obra del skatepark de Cimadevilla tropieza: quejas por su mala ejecución

Los usuarios de la instalación deportiva denuncian grietas en los arreglos de cemento: “Está peor que antes”

Jonathan Silos, en el skatepark de Cimadevilla.

Jonathan Silos, en el skatepark de Cimadevilla. Juan Plaza

Las obras del skatepark de Cimadevilla se han pegado un tropezón. Y nunca mejor dicho porque los primeros arreglos que el Ayuntamiento ha acometido en la instalación han puesto en pie de guerra a los “skaters” y a los “bikkers”, que es como se conoce en los patinadores y a los que hacen trucos con las bicis en la jerga, respectivamente. “Está peor que estaba”, claman.

Ana Querejeta tiene 21 años y hasta hace un año era futbolista. Jugaba en el Sporting femenino. Cosas de la vida, terminó con un monopatín bajo el brazo. Ahora es común verla en el skatepark de Cimadevilla. Sabe de memoria que son los “coppings” y qué es “grindar”. Para los que no, lo primero son las barras de metal donde se apoya el patín para hacer trucos. Eso es “grindar”.

Cuenta que los últimos arreglos que ha hecho el Ayuntamiento han hecho imposible eso de “grindar”. O sea, que se ha vuelto más complejo para los skaters hacer sus trucos. “Los materiales que han usado son de mala calidad. El cemento ya tiene grietas”, lamenta la joven, que denuncia que también se colocó una barra en el centro del parque, que, al estar mal atornillada, tuvo que retirarse.

Jóvenes en la instalación deportiva.

¿Y es muy importante poder grindar para patinar? Parece que sí. Así lo cuenta Beoga Camps, un joven de 21 años tan aficionado al skate que cuando decidió mudarse a Gijón le influyó la sana afición por este deporte que hay en la ciudad. “Grindar es una parte muy importante de este deporte, así que se puede decir que los arreglos no han cumplido su función”, comenta el joven, que afea que la pista sea principalmente de cemento. “Debería ser de algo más deslizante”, indica.

El Ayuntamiento presupuestó las mejoras del skatepark en 16.352,32 euros. Ese dinero es para mejorar las condiciones de pavimentación de la cancha, empleando pintura acrílica. También, para reparar con mortero, o sea aplicando cemento, las zonas donde haya “falta de sección, desconchones, grietas o textura rugosa”, rezaba el contrato. Por ahora, se ha realizado solo lo segundo, pero los usuarios claman por lo primero porque caerse en el duro cemento raspa la piel. Tanto les incomoda la superficie de cemento que algunos de ellos han rebautizado ahora el skatepark como el “lija park”.

Nico Jara tiene 25 años y raro es el día que no se le ve con el patinete por el barrio alto. “La ubicación es muy buena, pero el suelo es un infierno. Además, en verano refleja”, comenta el joven. “Es por las luces que son amarillas”, apunta Camps. Jara, como el resto de usuarios habituales de la pista, aplauden al Ayuntamiento su buena fe. Pero reclaman ser escuchados a la hora de hacer este tipo de intervenciones. Lo cuenta también Diego Serrano, que es “bikker”. “El presupuesto de inversión ha sido pequeño y no responde a nuestras prioridades”, lamenta. “Da rabia, porque que inviertan es un privilegio, pero es una pena que lo hagan mal”, zanja un joven de 25 años que como el resto de usuarios del skate park, piensa que las primeras obras han sido un tropezón.

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