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De viaje con Jovellanos | Gran viaje de 1791 (XX)

Los viajes de Jovellanos (capítulo XX): El paso por Elgóibar

La ruta del prócer gijonés entre Éibar y Azcoitia, antes de realizar su visita a Loyola, hito destacado de su recorrido por tierras vascas

Cementerio de Olaso, en Elgóibar.

Cementerio de Olaso, en Elgóibar.

Tras banquete abundante en Éibar, en casa del importante armero Bustindui, Jovellanos parte, y aunque su objetivo era alcanzar Loyola, no lo logra, aunque llega muy cerca, a la población de Azcoitia. Loyola era un punto destacado de su viaje, y bien que lo describirá nuestro ilustrado, como podremos comprobar, pero antes veamos que nos cuenta desde Éibar hasta la citada Azcoitia: “Despedida; montar a caballo a las cuatro; plaga increíble de tábanos; camino real, abierto por la falda de un monte todo de peña y con buenos petriles, pero sin guardarruedas, pues no los tienen estos caminos, que por lo común son muy mal hechos, aun los modernos. Gran niebla, sobrevenida de repente. A la legua Elgóibar; a la entrada, en un montezuelo, existe el pórtico de una antigua iglesia gótica, ya destruida, con tres grandes arcos punteados de atrevido carácter; en el cuarto frente, que está cerrado, se ve aún la antigua puerta de la iglesia con su adorno historiado; sigue el lugar, a que se entra por un puente de dos grandes arcos. Buena plaza, buen caserío, algunos edificios grandes, y bulle bastante gente. Hay su convento de franciscanos”.

Junto con los tábanos, pasa Jovellanos por Elgóibar, a unos 7 kilómetros de Éibar y nos habla de los restos de una antigua iglesia gótica. Se está refiriendo ciertamente a lo que fue el monasterio y la iglesia de San Bartolomé de Olaso. Solo queda el pórtico de acceso de la antigua iglesia, que hoy es puerta de entrada al camposanto de Elgóibar.

La iglesia había sido consagrada en 1459 y proyectada por el maestro Martín Sancho. Fue parroquial hasta que se construyó la nueva San Bartolomé en el centro de la villa a principios del XVIII, perdiendo importancia, y finalmente siendo destruida, convirtiéndose a posteriori en cementerio. Esto aconteció en al año 1805.

El pórtico conservado es muy sugerente y consta de una doble puerta dividida por parteluz, con las imágenes a ambos lados de San Pedro, San Pablo, San Bartolomé, San Sebastián y San Juan Bautista, con otras figurillas de ángeles y vírgenes en las arquivoltas.

Elgóibar es una población a orillas del Deva, que nace a partir de un espacio territorial que en el medievo se denominaba Marquina de Yuso y Suso. Será con el rey Alfonso XI en 1346 cuando, bajo el fuero de Logroño, se otorgase la carta puebla que daría origen a la población actual.

Cita Jovellanos también un convento de franciscanos. Y es que entre 1516 con su consagración y hasta 1840, con la desamortización de Mendizábal, existió un monasterio, con su iglesia anexa, de San Francisco. En 1890 el convento fue demolido pero la iglesia persistió un poco más, hasta que también fue destruida en 1924. Curioso es mencionar, que parte de los materiales, tras la demolición, se reciclaron en las obras, de las aún existentes escuelas Padre Aguirre, aunque ya no ejercen como tales. También se conserva en el convento de Santa Clara la cruz que presidía la entrada a la iglesia.

Escribe Jovellanos a continuación, varios elementos de interés: “Por más que hicimos no pudimos llegar aquí hasta el anochecer; había niebla y era imposible ver a Loyola, uno de los objetos de esta maldita travesía. Hemos visto el cultivo hasta en las alturas; mucho arbolado también, joven, bien cuidado, y hasta en las cimas. En esto gana a la Vizcaya. Las mujeres no parecen tan aseadas ni sueltas ni graciosas como las vizcaínas. Estamos en una pésima posada, digna de Galicia; se anda ahora a caza de camas: quiera Dios que parezcan para que descansemos. Ya parecieron: Deo gracias, y vamos a ellas, pues que el agua de limón nos ha refrescado. La calle en que estamos, que sale a la plaza, es buena; hay en ella una casa construida de nuevo, que es lindísima; está frente de la posada y no se habita aún. Prevengo que las camas son inmundas, y voy a dormir vestido. Todo falta, pero hay dos conventos de monjas”.

Aparte de la observación de los cultivos en la zona, llama la atención la reflexión, casi sociológica, que hace sobre las mujeres en esta zona y las diferencias que percibe con las vizcaínas y el dato de la posada donde pernocta, donde incluso duerme vestido por el carácter inmundo de las camas.

Y cita dos conventos de monjas en Azcoitia, uno sería el de Santa Clara. Es entre 1684 y 1692, bajo el control de la familia Zuazola, una dinastía que tendrá gran influencia en el municipio, cuando se desarrollan las obras. El mayorazgo había sido fundado por licencia concedida a Pedro de Zuazola, tesorero general del rey Carlos I de España.

Cuando se consagra el edificio, se organizaba a partir de un claustro interior, de buenas dimensiones, con iglesia de una sola nave y tres tramos rematada en cúpula. Sin duda destaca a nivel artístico el retablo barroco del siglo XVIII. Hasta 2017 hubo una congregación de clarisas residiendo.

El otro sería el convento de Santa Cruz, a las afueras de la población, hacia su lado este. Su promotora fue María Ignacia Hurtado de Mendoza, que tras superar varios obstáculos consagra el edificio conventual en 1691. La importancia del lugar queda atestiguada por la celebración durante muchos años, hasta finales del siglo XVIII, en su claustro, de las Juntas Generales de Guipúzcoa.

El convento tiene planta rectangular y cuatro alturas, con muros de mampostería. Se accede a la iglesia a través de un precioso pórtico de tres arcos de medio punto. La iglesia tiene planta de cruz latina y ábside curvo. El crucero se cubre con una gran bóveda. Aquí hasta 2018 también hubo monjas residiendo.

Añadir que Azcoitia fue fundada en 1324 y se llamaba San Martín de Iraurgui de Azkoitia en las proximidades de la actual ermita de San Martín. Pocos años después, en 1331, hay un traslado al otro lado del río Urola que vértebra la población y da origen al actual solar. Fue villa mayor de la Diputación y Corregimiento, junto con Tolosa, Azpeitia y la propia San Sebastián.

Acaba así el domingo 21 de agosto de 1791 para don Gaspar, pero el lunes 22 dará para mucho, y empieza así su narración: “Salida de Azcoitia a las tres y tres cuartos; hay mucha nobleza y buenas casas; pero bastan a ennoblecer esta villa las casas de Narros y Peñaflorida, dos bienhechores de su patria y originarios de aquí”.

Apellidos de alcurnia en esa zona los que nombra Jovino, ya que, nada más y nada menos, que la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País fue fundada en Azcoitia en 1764. Y hay dos personajes claves en esta creación, sus alma mater, Xabier María de Munibe, conde de Peñaflorida y Joaquín de Eguia, marqués de Narros. Justo las dos personas citadas en el texto. Y es que nuestro ilustre viajero tuvo una relación crucial con las Sociedades Económicas de Amigos del País. Estas instituciones, auténticos focos de difusión cultural y científica, muy ligadas a los planteamientos de la Ilustración, fueron trascendentales en la vida de Jovellanos. Y precisamente a partir de la vasca, que fue la primera, se plantearon otras. Jovellanos fue activo partícipe en la fundación de la sevillana, donde llegó a ser secretario de una de las comisiones, la de Industria, Comercio y Navegación, participando en varios informes. En Madrid fue nombrado socio en 1778, y alcanzó la dirección de la misma en diciembre de 1783.

Aquí redactó escritos tan reseñables como el “Elogio del marqués de los Llanos de Alguazas”, el “Elogio de don Ventura Rodríguez” o “el Elogio de Carlos III”.

En la de Asturias también tuvo un papel preponderante, desde que por Real Cédula en febrero de 1781 se aprobaron sus estatutos. Destaca sobre todo, por el interés de lo escrito en él, su famoso “Discurso económico sobre los medios de promover la felicidad de Asturias”. Yo desde aquí siempre reivindico y recomiendo su lectura, porque en muchos aspectos el texto es absolutamente actual.

El caso es que Jovellanos finaliza el día 21 en Azcoitia, con el objetivo de conocer Loyola, pero esta visita la vemos en el próximo capítulo, merece mención especial.

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