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Las bibliotecas suavizan las normas para devolver libros ante los numerosos retrasos

“El servicio será más cercano”, aseguran los responsables de los centros, con préstamos pendientes por los constantes cierres por el virus

Pedro Pérez junto a su hijo, Martín Pérez, ayer, en la biblioteca de La Arena.

Pedro Pérez junto a su hijo, Martín Pérez, ayer, en la biblioteca de La Arena. Marcos León

El coronavirus también afecta a los libros. O, mejor dicho, a los usuarios de las bibliotecas, que se encontraron en marzo durante la primera cuarentena con la imposibilidad de devolver los documentos extraídos con fecha previa a la declaración del estado de alarma. Con la desescalada, las bibliotecas gijonesas se mostraron comprensivas con estos casos y aprobaron un protocolo más laxo para tratar a aquellos que, por razones del virus, se retrasan en la devolución de los documentos. Este plan entraña un margen más amplio de devolución para no incurrir en sanciones y permite renovar los documentos más días de lo normal siempre que los préstamos no estén demasiado solicitados. “El objetivo es hacer el servicio algo más cercano”, apuntas fuentes del servicio municipal de bibliotecas.

Muchos centros se encontraron con una situación anómala con el inicio de la desescalada, allá por el verano. La mayoría, como la de La Arena, mandaron cartas a los usuarios y realizaron llamadas de teléfono para tratar de acelerar la recuperación de los documentos que no pudieron volver a su lugar de origen por la cuarenta. El impacto del virus no fue igual en todos los puntos y dependió en gran medida del numero de usuarios que acuden con regularidad a las bibliotecas. Así lo cuenta Olatz Enguita, la encargada de la biblioteca de La Arena, donde no notaron tanto el golpe del covid-19 en cuanto a retrasos se refiere. “No fueron mucho más allá de lo habitual, pero se notó algo”, relata.

No piensa lo mismo Fernando Abella, el director de la biblioteca Jovellanos. “Fue tremendo”, asegura el profesional al cargo de un servicio que depende del Principado y que usan miles de gijoneses cada día. Aunque antes más que ahora. Así lo dicen los datos que facilita Abella. En octubre de 2019, cinco meses antes de la pandemia, el centro prestó 9.000 documentos. O sea, una media de 290 al día. Por esas mismas fechas, pero en 2020, los préstamos bajaron a los 5.600. Es decir, una media de 189 al día. “Ya en enero, la tendencia se mantiene. Hubo 5.450 préstamos”, indica Abella, que añade otra cifra para comprender la dimensión de la situación. “En octubre de 2011, hicimos 18.000 préstamos al mes. O sea, 580 al día”, detalla. El director calcula que en el momento del cierre de la biblioteca Jovellanos había en circulación unos 4.000 documentos. “Muchos quedaron en manos de los usuarios y durante varias semanas no pudieron ser devueltos. Alguna gente quería venir en persona”, asegura con rotundidad Abella sobre una circunstancia del todo imposible debido a que el edificio histórico del centro estaba cerrado.

De situaciones como las que relata Abella nació esa forma más tranquila de afrontar las devoluciones por parte de las bibliotecas asturianas. En la red municipal, por ejemplo, se permite renovar los documentos a aquellas personas, que por el virus, no se atreven a acudir en persona a los centros. Eso sí, siempre que la obra no esté solicitada por otro usuario. También, confirman desde el servicio municipal de bibliotecas, se han relajado las sanciones, que en algunos casos no se imponen o son más laxas.

Ayer, el servicio municipal de bibliotecas regresó a pleno rendimiento. Los 11 centros de Gijón abrieron con todos los servicios. Es decir, con las mediatecas y los servicios para la lectura de la prensa. Como el resto de la sociedad, las bibliotecas han notado el impacto del virus y sus responsables trabajan incansablemente para que sus usuarios tenga más fácil disfrutar de los ricos universos que pueblan sus estanterías.

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