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El Rector flexibilizará la llegada de docentes a Marina Civil para garantizar los estudios

“Habrá relevo generacional”, promete Villaverde | Los veteranos de la Escuela: “Si queremos profesionales, deben pagarse sueldos dignos”

Los profesores Verónica Soto y José Manuel Cuetos, ayer, en la Escuela de Marina Civil.

El nuevo rector de la Universidad de Oviedo, Ignacio Villaverde, se comprometió ayer a explorar, junto a la dirección de la Escuela de Marina Civil, “algún mecanismo que garantice el relevo generacional de docentes” y evite la desaparición de los estudios en el corto plazo, un riesgo “real si no se actúa de inmediato”, tal y como desveló LA NUEVA ESPAÑA. El máximo dirigente académico abogó por potenciar la figura del profesor ayudante.

Este relevo se presenta a día de hoy complicado por las características especiales a las que están sometidos los docentes de la Escuela, ya que para impartir las asignaturas de determinadas especialidades se exige que los profesores tengan experiencia laboral de navegación y, además, que inicien una carrera investigadora. El problema: un profesional embarcado cobra más a bordo que como profesor. “Por eso, casi nadie se arriesga a la docencia”, sostienen en el centro.

La hornada de profesores que se incorporaron a la escuela cuando abrió sus puertas está a punto de jubilarse, y urge tomar soluciones para cubrir las vacantes. “Dentro de esa ronda de reuniones que vamos a hacer con los distintos centros, una importantísima es precisamente la de Marina Civil, porque efectivamente tienen un problema serio de continuidad, por las características y el perfil de sus docentes, sobre todo, en las especialidades náuticas y el ámbito profesional en el que podemos reclutar personas que puedan hacer frente a esa docencia”, afirmó el Rector. Su intención es buscar alternativas como la figura de ayudante. “Y también trabajar sobre los requisitos para poder acreditarse a las figuras de ayudante doctor, contratado doctor, titular y catedrático de la Universidad”, sostiene Villaverde. Así, de esa manera, “se trata de intentar hacer atractivas las plazas de profesor en la Universidad y poder fichar a profesionales o a jóvenes egresados que quieran hacer carrera académica”.

Un planteamiento que está en la raíz del asunto, habida cuenta de que “el profesor asociado es casi impensable aquí, casi ningún recién egresado quiere iniciar la carrera docente cobrando muy poco cuando embarcados ganan mucho más”, explica José Manuel Cuetos, catedrático de la especialidad de Náutica. Él es uno de los primeros profesores que llegaron al centro y le queda poco para jubilarse. Cuando se incorporó lo hizo “con muy buenas condiciones”, habida cuenta de que su plaza dependía en aquel momento del Ministerio de Transportes y “cobraba de docente casi más que navegando”. “Si queremos un profesional, el sueldo debe ser digno”, sostiene.

“De momento, tiramos de profesionales de la Administración, pero son pocos y tienen problemas de compatibilidad”, indica. De manera que lo que urge es “contar con figuras intermedias como ocurre en carreras como Medicina, que faciliten una estabilidad, porque nadie quiere ser asociado; solo en casos muchas veces de chicas que deciden hacer un parón para formar una familia”, razona el catedrático.

Una de las recién incorporadas es Verónica Soto, quien está haciendo un doctorado porque siempre le ha gustado la docencia. Llega de una empresa privada para ser sustituta de ayudante de doctor, tras haber estudiado en la Escuela. “Si no sale, siempre puedo volver a mi anterior trabajo”, indica. Tiene claro que “esto es una apuesta”. “Aquí se busca continuidad y el gran problema de la escuela es que navegando se gana muchísimo mas”, explica. “Tienen que moverte otras cosas”, concluye.

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