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Juan Jareño | Autor del diseño de Las Letronas

“Con Las Letronas quisimos algo como la ciudad, sin barreras ni fronteras”

“La obra se ha convertido en un reclamo para venir a Gijón, un polo de atracción al nivel de los museos o de los edificios más singulares”

El diseñador gijonés Juan Jareño, ayer delante de Las Letronas.

El diseñador gijonés Juan Jareño, ayer delante de Las Letronas. Juan Plaza

Juan Jareño (Gijón, 1968) es el autor del diseño de Las Letronas. La obra fue un regalo de la Federación de Empresarios del Metal y Afines del Principado de Asturias (Femetal) a la ciudad. Ubicada en los Jardines de la Reina, cumple ahora diez años como uno de los iconos más apreciadas y fotografiadas por los gijoneses y los turistas.

–Se cumple una década de Las Letronas. ¿Qué representan para usted?

–Significan para mí lo mismo que para el resto de la ciudad. Por ser el autor, no tengo una sensación diferente. Como el resto de los gijoneses, para mí son un icono. Quizás con algo de sorpresa porque el trabajo que hice no lo defino como escultórico. He tenido que ir asimilando el proceso de ser el autor de Las Letronas. En origen, solo era hacer una adaptación a un elemento físico de un elemento gráfico.

–¿Eso qué quiere decir?

–Creo recordar que fue la entonces alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, quien hizo un viaje a Ámsterdam. Hizo una foto del famoso letrero de la ciudad holandesa y a la vuelta me dio un folio con esa imagen. Me preguntaron a ver si a partir del logotipo de Gijón, que ya existía, qué recorrido había para convertir eso en una figura física donde la gente pudiera hacerse fotos. No había más pretensiones.

–Ya hace más de una década se intuyó que la escultura iba a ser un imán para las fotos.

–Era un momento en que se estaban descubriendo muchas cosas. En 2011, no llegabas a la ciudad y de pronto descubrías el objeto, sino que ya recurrías a las redes sociales a la hora de visitar la ciudad. Si Las Letronas son un reclamo turístico es porque si las ves fuera de Gijón te sirven de reclamo para venir a la ciudad. Son un polo de atracción. Es un icono que define a la ciudad, lo mismo que los museos o los edificios singulares.

–¿Cómo fue el proceso de creación?

–Surgieron dos preguntas. ¿Dónde ponerlas? y ¿cómo se hace esa conversión? La respuesta es conjunta. La forma que tienen está directamente relacionadas con el espacio dónde están. Hubo bocetos para otras ubicaciones donde Las Letronas no eran como son hoy. Se propusieron lugares emblemáticos. La solución no estaba pensada para ser una foto, sino para enmarcar lo que había alrededor.

–Prosiga.

–Queríamos que Gijón le pusiera nombre a una postal de Gijón. Esa postal tenía que estar formada por tres cosas. Quien se saca la foto, Las Letronas con el nombre de la ciudad y lo que se ve detrás, que sirve de imagen de la ciudad.

–¿Se decidió a la primera colocarlas en Fomento?

–Hubo dos opiniones. Una, colocarlas en un lugar popular para reforzar Gijón. O usarlas para enviar gentes a lugares donde interesaba, que tenían potencial, pero que no estaban tan explotados turísticamente. Se barajó la explanada de Poniente, el Náutico o la escalera 18 del paseo de San Lorenzo.

–Algunas esculturas de la ciudad consolidadas, como “La Madre del Emigrante o el “Elogio del Horizonte”, al principio no calaron. ¿Sucedió algo parecido con Las Letronas?

–Se aceptaron desde el primer momento, pero no se puede comparar con los otros casos, que son esculturas. Ante la creación del autor, el espectador toma una elección. Es como el Museo del Prado. Vas si te gustan los cuadros de Velázquez. Con la obra de Eduardo Chillida y de Ramón Muriedas, la ciudad se divide entre a quienes le gustan y a los que no. Esas figuras tienen una historia detrás que también va más allá de la valoración personal. Eso con Las Letronas no ocurre.

–¿Por qué?

–Porque ya iban alimentadas por toda la campaña que se hizo con el logotipo previo, que fue una revolución gráfica en la ciudad brutal. Antes de colocarte un refresco, ya te habían invitado a cincuenta latas. El trabajo de acostumbrar a la gente ya estaba hecho. El origen de Las Letronas no es escultórico. Es un logotipo que se convierte en algo tridimensional.

–Mucha gente hasta las escala. ¿Eso qué le parece?

–Bien, calculamos el peso para ello porque que la gente se pudiera subir a ellas era algo imprescindible. Esta no es una escultura para ver, es para tocarla. La premisa era hacer algo como la ciudad, que pudiera tener un uso, que no tuviera ni barreras, ni fronteras. Por eso son tan sólidas y están hechas de una pieza.

–¿Será su obra más recordada?

–Entiendo que así sea. Paso todos los días porque está en mi recorrido cuando salgo a correr. Me sorprende que de una forma tan casual haya sido capaz de hacer eso y haya logrado tener en la ciudad una manera de existir como diseñador.

–Su nombre no sale en la placa.

–No es un problema. Fue una decisión personal. Fue el último trabajo que hice para mi empresa. Aceralia regaló el metal, la pintura la puso otra empresa, los cortes y los transportes tampoco se cobraron. No tengo consideración de escultor y esto fue un regalo de Femetal.

Las Letronas, en reparación.

Homenaje institucional por la efeméride

La alcaldesa, Ana González, participa hoy a las 12.00 horas en los Jardines de la Reina en un acto de homenaje por el décimo aniversario de Las Letronas, inauguradas en marzo de 2011. Ayer, se limpió la pieza para esta celebración (en la imagen).

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