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El asesino de Lorena Dacuña se enfrenta a 20 años de cárcel por “un crimen alevoso”

La Fiscalía entiende que José Manuel Sánchez mató a puñaladas a su expareja “por celos” y consciente de que la víctima no podía defenderse

José Manuel Sánchez Merino el día que ingresó en prisión tras confesar el crimen ante la Policía.

José Manuel Sánchez Merino el día que ingresó en prisión tras confesar el crimen ante la Policía. Julián Rus

Fue un crimen “con alevosía”. La Fiscalía solicita una pena de 20 años de cárcel para José Manuel Sánchez Merino, asesino confeso de la limpiadora gijonesa Lorena Dacuña, al entender que el acusado acabó con su expareja movido por “su actitud celosa y controladora”. Por eso, pide que concurran los agravantes por parentesco y desprecio de género. El escrito solicita también que el camarero indemnice con 60.000 euros al único familiar directo de la fallecida, su hermano Francisco José Dacuña, así como que se prorrogue su prisión preventiva hasta la celebración del juicio.

Lorena Dacuña mantuvo una relación con su asesino durante unos ocho años, llegando a convivir la pareja una temporada en el domicilio de ella, situado en la calle Callao, en La Calzada. “La relación cesó en el mes de noviembre de 2019, no habiendo aceptado la ruptura el acusado, que siempre mantuvo una actitud celosa y controladora”, señala la fiscal. Explica que el acusado “llevaba tiempo queriendo averiguar si su expareja mantenía una relación sentimental con otra persona”. Por ello, en la madrugada del día 2 de febrero de 2020, tras terminar su jornada laboral en una sidrería del barrio, Sánchez Merino se fue a su piso compartido de la calle San Luis para coger dinero y un cuchillo. Lo guardó todo en su mochila y volvió a salir. Ya avanzada la madrugada, se dirigió a un karaoke que unos amigos le habían dicho que ella solía frecuentar.

El asesino, siempre según Fiscalía, vio a Dacuña con otro hombre en el local indicado y esperó a que saliesen. Les siguió hasta la casa de ella y pudo colarse en el edificio por quedar mal cerrada la puerta del portal. Mientras la gijonesa y su acompañante subían en ascensor, el acusado hizo lo propio por las escaleras, “sin que ellos se percataran de su presencia”, y aguardó escondido en el último tramo del rellano para esperar a que la mujer abriese la puerta del domicilio. Después, les empujó mientras insultaba a Dacuña a gritos. Ella cayó al suelo y él sacó el cuchillo de su mochila, pero “se rompió sin saber cómo”, así que el hombre decidió acceder del todo a la vivienda para conseguir otro de la cocina. Ese momento fue el que, a juicio de la Fiscalía, sirvió para que el acompañante de Dacuña, un varón de origen portugués, huyese de la escena, llevándose con él la mochila de Sánchez Merino, que aparecería horas después en la calle Daniel Cerra.

En el domicilio de la calle Callao, mientras el acompañante huía, Sánchez Merino salía de la cocina de Dacuña con un nuevo cuchillo, un arma con unos 3,5 centímetros de anchura y al menos 12 de largo que la fiscal pide que se use como pieza de convicción para que la pueda estudiar el jurado popular que asuma el caso. Dacuña “intentó zafarse de él metiéndose en una de las habitaciones de la vivienda”, pero el acusado entró tras ella y “con ánimo homicida comenzó a acuchillarla sin que la víctima pudiera evitarlo ni defenderse”. La mujer cayó sobre la cama y Sánchez Merino continuó con la agresión “hasta en 13 ocasiones”. La herida mortal fue en el corazón.

Por lo relatado, el Ministerio Fiscal asegura que concurren los agravantes tanto de parentesco, por la relación sentimental que el asesino había tenido con su víctima, como la de desprecio de género, ya que el crimen estuvo motivado por los celos. Pide para el acusado, además de los 20 años de cárcel, otros 10 de libertad vigilada, en los que tendrá que estar siempre localizable, no podrá acercarse a Francisco José Dacuña y tendrá que buscarse una residencia fuera de Asturias. Se llama a declarar a 13 personas, entre ellas múltiples agentes policiales, el hermano de la víctima, sus mejores amigas y el varón portugués que abandonó huyendo la escena del crimen. También pide comparecer a los autores de la autopsia de Dacuña y del informe forense sobre la imputabilidad del acusado –que señala que el hombre era “consciente” de lo que estaba haciendo pese a haber consumido alcohol y drogas–, así como a los agentes que inspeccionaron la escena del crimen.

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