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Francisco Covarrubias Espartero | | Presidente de la Asociación Párkinson Jovellanos

“El párkinson va más allá de los temblores y todavía tiene mucho estigma social”

“La pandemia nos afectó gravemente a nivel económico; algunos socios todavía tienen miedo y no acuden a las terapias”

Francisco Covarrubias, ayer, en la mesa informativa de la Asociación Párkinson Jovellanos instalada a la entrada del rastro. | Ángel González

Pese a ser una enfermedad bien conocida, el párkinson, por su errónea asociación a los “achaques” propios de la edad, sigue rodeado de un estigma y desconocimiento que, a juicio de la Asociación Párkinson Jovellanos, podrían erradicarse a base de pedagogía. Ayer, día mundial de la enfermedad, el grupo instaló una mesa informativa a la entrada del rastro, y su presidente Francisco Covarrubias, alerta de que la pandemia les pasará una grave factura económica.

–¿Ya se ha retomado parte de la actividad perdida durante la pandemia?

–La pandemia nos afectó gravemente, porque cuando llegó el estado de alarma lo tuvimos que cerrar todo, y eso nos supuso dejar de impartir las terapias que solíamos dar y que son muy importantes para los socios de la asociación. Estamos volviendo poco a poco, ahora se empieza a notar que la gente que está vacunando ya está más tranquila y vuelve a participar, pero todavía hay socios que tienen miedo de salir de casa. Es comprensible. Todavía nos queda un tiempo para recuperar. Por ejemplo, nuestro gimnasio es bastante amplio y solíamos atender a diez o quince personas a la vez. Ahora no podemos pasar de cuatro. Hay gente que no puede venir por simple falta de espacio. Y eso está siendo difícil económicamente.

–¿Por qué?

–Porque funcionamos en parte gracias a las ayudas del Principado y del Ayuntamiento, pero hasta el 30%. El resto son fondos propios. Y los sacamos de esos talleres de terapias, con nuestros fisioterapeutas, logopedas y demás. La situación económica ahora mismo es complicada, aunque lo que nos preocupa más es cómo este parón está afectando a los socios fuera de la asociación. Las visitas y consultas con el neurólogo, por ejemplo, se retrasaron muchísimo. Suelen tener una frecuencia de seis meses y muchos esperaron un año. Eso, junto a la falta de movilidad, está siendo un problema grave.

–Cualquier paso atrás en la rehabilitación es muy difícil de recuperar después.

–Sí. Lo que hicimos fue llamar y dar instrucciones para que pudiesen hacer ejercicios y se mantuviesen activos. Muchos socios todavía tienen miedo a salir de casa y es importante que no se queden quietos.

–¿Cómo ha evolucionado el asociacionismo de este colectivo?

–En España hay 160.00 enfermos diagnosticados y otros 30.000 que se calculan que están sin diagnosticar. En Asturias hay 4.000, y de ellos unos 1.000 en Gijón. Y a día de hoy 1 de cada 5 tiene menos de 50 años. No es una cosa de la gente mayor, no son achaques. Por eso defendemos la campaña de este año, porque queremos una imagen más positiva y realista del enfermo. La gente debe saber que el 30% de los enfermos no llegan a desarrollar ese temblor que tan característico se cree que es. Y que cuando vea a un paisano con rigidez al caminar o le falta el equilibro sepa que puede tratarse de un enfermo y no de alguien que ha bebido de más, que es el estigma social con el que cargan los pacientes.

–¿Todavía hay vergüenza?

–Sí, por la imagen que puedan dar, por el qué dirán. Hoy (por ayer) vi a mucha gente que parecía que quería acercarse a la mesa informativa y acababa dando la vuelta. Hasta que la sociedad no vea el párkinson como una enfermedad, vamos a seguir viendo casos así.

–¿Qué retos de futuro se plantea?

–Retomar la actividad en cuanto se pueda, incluyendo los viajes termales y las excursiones. También nos gustaría implantar la terapia ocupacional y poder dar un servicio de psicología, porque la enfermedad también supone un impacto importante en los familiares próximos del enfermo.

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