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Los agentes que salvaron a un gijonés de morir en El Rinconín: "Siempre hay alguien que te quiere"

La víctima llevaba una navaja y forcejeó con uno de los policías al que intentó quitarle su pistola

Los agentes que salvaron a un gijonés de morir en El Rinconín: “Siempre hay alguien que te quiere” Marcos León

"Me llamo César y ya he dejado mi DNI en la funeraria".

Con esas palabras se dirigió el hombre que el pasado lunes quiso atentar contra su vida en la playa de El Rinconín. Se las dijo, con ya con el agua por la cintura, a Juan Antonio, un agente de la Policía Nacional con más de 20 años de experiencia en el cuerpo, que se adentró en la mar pasadas las 21.30 horas del lunes para impedir el funesto final. En realidad, Juan Antonio trataba de ganar algo de tiempo para su compañero, el agente Javier, pudiera llegar hasta el varón, con claras intenciones autolíticas, para reducirlo. Javier, con 18 años a sus espaldas en la Policía, se tiró con el chaleco antibalas puesto y comenzó un forcejeo con el hombre, que incluso trató sin éxito de arrebatarle la pistola. Ya en la arena, el implicado tuvo que ser reducido por los agentes que le descubrieron una navaja y varias latas de cerveza escondidas en una cazadora de color oscuro. El rescatado acaba de perder a su suegra y tenía problemas con su hijo. Decía que no tenía a nadie y por eso había decidido ponerle fin a sus días. "Lo único en esta vida que no tiene solución es la muerte. Siempre va haber alguien que te quiera", explicaron los dos héroes de El Rinconín sobre el suceso, casi como si fuera una píldora contra la desesperanza. Y es que reconocen que los intentos de suicidio son "cada vez más habituales".

Juan Antonio lleva en una de sus muñecas una pulsera con la bandera de España y en la otra un reloj digital marca "Polaroid". El pasado lunes se encontraba con su compañero de patrulla, Javier, que antaño fue agente de la UIP. O sea, antidisturbios. Llevan juntos cuatro años. Recibieron la llamada de alerta, el lunes sobre las 21.30 horas. El SAMU les informó de que un hombre había avisado de su intención de suicidarse en la playa de San Lorenzo. Las primeras informaciones llevaron a los policías hasta cerca de la escalera diez, aunque luego tuvieron que acercarse a la zona de El Piles. "Yo no lo veía, fue mi compañero el que me lo señaló con la linterna", explica Juan Antonio. Al final, ni en la zona del Piles ni en la escalera diez. El hombre que necesitaba su ayuda se encontraba cerca de la escalera 18. "Bajé al pedrero y él venía caminando entre las piedras. El agua le debía llegar por la cintura", apunta José Antonio, que trató de dialogar con la víctima. "Me dijo que si me acercaba, los dos íbamos para dentro", añade.

El intento de conversar fue poco fructífero. El hombre llevaba una cazadora de color oscuro. "Noté como que intentaba coger algo con la mano", dice Juan Antonio como llevándose la mano a la cintura. Poco después descubrirían que el varón llevaba un cuchillo. "Tenía cara de estar ido. Nos dio sus pertenencias y nos dijo que el DNI lo había dejado ya en la funeraria. Veía la linterna del compañero. Estaba como desquiciado", prosigue el agente. Es entonces cuando interviene Javier, que se lanzó con todo al agua. "Empezamos a forcejear y me echó la mano a la cintura para quitarme el arma. Eso me lo dijo después y me pidió perdón por ello", cuenta. Ya en la arena, las cosas no se pusieron más sencillas. Casi lo contrario. El hombre siguió oponiendo resistencia. "Tuvimos que reducirlo y engrilletarlo. Estaba muy violento", narra el policía.

Ya en el coche patrulla, el afectado se relajó y explicó su situación. Contó que acaba de perder a su suegra y que tenía problemas con su hijo. Que no había nadie que lo quisiera. Finalmente, aceptó ser trasladado al Hospital de Jove, al área de psiquiatría. "No hemos sabido más de él. Siempre va a haber alguien que quiera. A veces en este tipo de casos lo único que hay son personas que se sienten solas, que necesitan ser escuchadas", zanjan los dos policías que salvaron la vida de un hombre que quiso atentar contra sí mismo en El Rinconín.

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