Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La descendencia del conquistador Francisco Pizarro reside en Gijón

Pepa García Calleja recopila en un libro la historia de su familia, plagada de anécdotas y emparentada con el conquistador del Perú

Pepa García, delante de la casa familiar.

Pepa García, delante de la casa familiar. Juan Plaza

La gijonesa Pepa García Calleja goza de una estupenda memoria. Casi tan grande como su familia, con numerosas ramificaciones que se pierden en el tiempo. Por eso, durante el confinamiento encontró la mejor terapia contra la situación en el ejercicio de poner por escrito la historia de su ascendencia, espoleada por sus hermanos. Y con resultados sorprendentes. “Somos descendientes de Francisco Pizarro”, asegura, tal y como consta en un árbol genealógico que ha sido acreditado oficialmente. En ese documento consta una relación de sangre con el conquistador del Perú. Se trata de un escrito que se guarda con celo en casa de uno de los primos de García Calleja.

“Parece ser que hubo después de Pizarro obispos y gobernadores que forman asimismo parte de la familia”, relata la gijonesa, basándose en el estudio que ha hecho de su linaje. Una indagación que se remonta medio milenio atrás, “con saltos en el tiempo” que ahora está tratando de rellenar. Una conexión familiar con el conocido guerrero, que llegó a ser nombrado gobernador de Nueva Castilla, y que ahora quedará reflejada en papel para el conocimiento de las generaciones venideras en el libro “La Casa del Águila”, obra en la que ha empleado año y medio y que tiene más de 200 páginas. Y que además de ser un compendio de relatos familiares, es también un buen pedazo de la historia de Gijón.

Porque la familia de García habitó hasta el año pasado en un edificio histórico de la ciudad, en la bautizada como Casa del Águila. “Se llamaba así porque en el bajo había una tienda, Telas el Águila, conocida por media ciudad, y así se le quedó el nombre a la casa para siempre”, dice. Se trata en sí mismo de un edificio histórico, con “una antigüedad de 125 años, y con curiosidades que poca gente conoce”. “Fue el primer edificio de Gijón en tener ascensor”, relata. Ubicado en San Bernardo 15, junto a la bahía de San Lorenzo, perteneció a su familia hasta el año pasado. “Tuvimos que venderlo tras el fallecimiento de mis padres, es una casa muy grande”, explica.

La descendencia de Pizarro reside en Gijón

La descendencia de Pizarro reside en Gijón

Y en realidad ha sido el eje central de su relato, un espacio de referencia para todo el linaje en el que tienen cabida “desde las travesuras infantiles de los niños de la casa, desde los padres y los abuelos hasta nosotros mismos, porque fuimos ocho hermanos de los que uno ya ha fallecido” hasta “los recuerdos que conservo de los vecinos, de las tiendas del barrio y de una forma de vida que conocimos entonces y que ha cambiado mucho”. Las vicisitudes de la Guerra Civil que padecieron los abuelos, los juegos de los niños de aquellos años, el recuerdo de la casa del pueblo de Cerico de la Torre, en Palencia, de donde era natural la matriarca, y los chascarrillos familiares que han ido sobreviviendo de generación en generación pueblan una obra nacida sin más pretensión que la de mantener viva la memoria de un clan que se define como “muy locuaz”. “En casa se cuenta todo lo que no sea trágico”, relata con una sonrisa García. Además, asegura que dio forma al libro “como quien hace un bizcocho”. “Me puse y salió del tirón”, indica. “Un día escribí una anécdota familiar y mis hermanos me dijeron que podía ser el primer capítulo de un libro, porque anécdotas tenemos para dar y tomar”, añade.

Por ejemplo, sus padres Francisco García y Concepción Calleja fueron la segunda pareja que se casó en la parroquia de San Pedro tras la reinauguración del templo en 1954. Puede decirse que ellos estrenaron la iglesia, porque “antes se casó otra pareja, a las siete de la mañana y ellos lo hicieron sobre las diez”. Y llegaron a celebrar sus bodas de oro en el mismo escenario, junto a la playa y rodeados de toda la familia.

La saga comparte también otras historias más mundanas, como un número de la lotería hallado también en la casa familiar. Se trata de un billete del año 1850 en el que el premio se pagaba en reales de vellón, y que ha quedado para la posteridad como el número oficial al que juegan todos los miembros de la familia y los amigos más allegados. Aquellos a los que Pepa García hará llegar el fruto de su esfuerzo. “Dediqué cinco horas diarias de escritura durante el confinamiento a realizar este trabajo”, indica. “Supone un pequeño tesoro para un clan que hasta puede presumir de conquistadores en el Nuevo Mundo”, remata.

Compartir el artículo

stats