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Del taichí a la informática: las asociaciones vecinales recuperan sus talleres

“El objetivo casi siempre es socializar”, afirman los usuarios de las actividades, que regresan en muchas sedes de vecinos tras el parón por la pandemia

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Las asociaciones de vecinos recuperar la actividad y los talleres Juan Plaza

Se llama Felicidad Fernández, es alumna de una clase de TRX (entrenamiento en suspensión) que se imparte en la asociación de vecinos de Moreda y tiene un nombre que sirve para resumir el sentimiento de todos los abonados de los colectivos de los barrios que, tras los duros meses del confinamiento, han vuelto en abril a tener una actividad frenética. Clases deportivas, de yoga, de taichí, de vainica, de baile y hasta de informática componen un menú rico y variado que sirve también como excusa. Lo cuenta Charo Blanco, la presidenta vecinal de Moreda: “El objetivo de estas clases muchas veces es socializar. No es solo entretenimiento”.

Volviendo a Felicidad Fernández, que se apuntó a la asociación de vecinos de Moreda hace cosa de un mes, hay que decir está debutando en las clases de TRX, que, para los profanos, consiste en una especie de cuerdas para realizar entrenamientos con el peso corporal en suspensión. “Solo llevo dos clases, pero es duro”, explica la mujer, que sigue con atención las indicaciones de su profesora, Belén Álvarez. Para su colectivo, el regreso de las actividades en las asociaciones de vecinos también supone un respiro. “Han sido meses complicados”, concreta.

En la biblioteca de la asociación de vecinos “Santiago” de Nuevo Gijón, Perchera y La Braña hay sección para la novela, los autores asturianos y hasta los cómics. No hay ninguna sección a simple vista dedicado a lo oriental, pero ni falta que hace, porque en ese lugar se imparte durante varios días a la semana un taller de taichí para principiantes. La clase, habitualmente, corre a cargo de Juan Carlos Santos, pero ayer estuvo al frente de los alumnos Susana Salvador. “Dicen que esto es relajado, pero qué va. Alguna que otra agujeta sí que hay”, desvelan Tere Castañón, Ruth Fernández y Hilda Prida. “Tengo 77 años y gracias al taichí estoy estupenda. No tengo ni un dolor”, remata Jacinta Penedo, otra de las alumnas.

Como si fuera un silencioso hacker ruso, Joaquín Miguel García maneja el ratón de su portátil en la primera planta de la asociación de vecinos de Laviada. La sede vecinal da a la bulliciosa avenida Constitución. Y mientras el tráfico se encasquilla en la arteria, Joaquín García disfruta bajándose contenido en la red de redes. “Lo último que me he descargado es la banda sonora original de ‘Sonrisas y Lágrimas’”, puntualiza el varón, de 70 años.

Él lleva tres años ya manejándose con el teclado. Buena parte de la culpa la tiene su profesor, Manuel Bienvenido, que enseña al resto de los alumnos a moverse por internet, manejar el Whatsapp y hasta la técnica para hacer que algún que otro retoque fotográfico. “Llevamos con la clase desde que salimos del cierre”, explica el hombre, que pertenece a una asociación de vecinos que también imparte otras actividades como yoga.

Manejarse bien con el ordenador le ha dado la vida a Joaquín Miguel García para entretenerse durante las duras semanas del confinamiento. Y a él, como a decenas de gijoneses, que las asociaciones de vecinos vuelvan a bullir en actividad cumpliendo todas las medidas de seguridad, le parece la mejor de las noticias que podrían darle.

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