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Los comerciantes de Aguado quieren dar otro paso con la peatonalización

“Pedimos el corte al tráfico en su totalidad”, afirma la mayoría de hosteleros de la concurrida calle de La Arena cinco años después de la conclusión de las obras | Unos pocos negocios recelan: “Tener menos aparcamientos nos puede matar”

Por la izquierda, Ricki Izaguirre, Isabel Sanjurjo, Ángela Suárez, Manu Fongere, Ana Ruz, Gonzalo García, Henry William, Rafael Aneiros, José Amador Medina, Juan Carlos Suárez, Irene González, Ana Alza, Cristina Rey, Eva Canal, María Ángeles Cuervo y Víctor Rivas, ayer en el tramo semipeatonal de la calle Aguado.

Por la izquierda, Ricki Izaguirre, Isabel Sanjurjo, Ángela Suárez, Manu Fongere, Ana Ruz, Gonzalo García, Henry William, Rafael Aneiros, José Amador Medina, Juan Carlos Suárez, Irene González, Ana Alza, Cristina Rey, Eva Canal, María Ángeles Cuervo y Víctor Rivas, ayer en el tramo semipeatonal de la calle Aguado. Ángel González

En los 160 metros de tramo semipeatonal de la calle Aguado, el espacio comprendido entre el paseo del Muro y Emilio Tuya, con más de una veintena de comercios, se respira ambiente a poco que salgan dos rayos. En pocas semanas, se cumplirán cinco años del final de las obras para adecuar la arteria a su estado actual, que atravesaron por muchos problemas, parón incluido. Pasado este tiempo, los dueños de los negocios de la vía lo tienen claro, casi por unanimidad. “Abogamos por una peatonalización completa”, asegura la mayoría.

La calle Aguado, ayer. Ángel González

Lucía el sol ayer en Aguado, que a la hora del vermú era un hervidero de clientes disfrutando de las terrazas y haciendo las últimas compras del fin de semana en sus tiendas. Coinciden los comerciantes en que la actividad se disparó a partir de julio de 2016 cuando finalizaron los trabajos de semipeatonalización. Unas obras que para la mayoría fueron incompletas. De esa opinión es Cristina Rey, del restaurante La Gitana, que lleva nueve años en el lugar. “El coche sigue teniendo la prioridad. Daría una gran vida social si se peatonalizar toda la calle”, comenta.

Las obras en la calle Aguado, hace cinco años. Ángel González

La remodelación comenzó en marzo de 2015, dentro del plan de peatonalizaciones del Ayuntamiento. El gobierno de la entonces alcaldesa, Carmen Moriyón, invirtió 138. 242 euros, se perdieron 20 plazas de aparcamiento y se ensancharon las aceras. Los vecinos tuvieron que esperar más de un año y medio, hasta julio de 2016 para recuperar la normalidad. A la regidora de Foro no le quedó más remedio que fulminar a la adjudicataria del proyecto a medio camino por los retrasos. Más tarde, en julio 2018, la Junta de Gobierno aprobó un veto a esa firma y a las responsables de los cambios en las calles Eo y Marqués de San Esteban. Moriyón llegó a reconocer en agosto de 2016 que lo de Aguado fue “un desaguisado”.

Una de las que no han olvidado la tortuosa reforma es Ángela Fernández, la responsable de la tienda de moda femenina No Monotonía. Lleva desde el 2014 con su negocio. “Fue toda una odisea porque quedó todo empantanado. Fue un caos y llevó más tiempo del que se anunció”, rememora. Sobre la posibilidad de ampliar la zona para los paseantes, es tajante. “La peatonalización completa sería ideal. Esto es un eje hostelero y comercial y todos nos beneficiaríamos”, explica.

A pesar de la pandemia, en la vía de La Arena han surgido nuevos negocios. Uno de los noveles es el francés Manuel Fongere, que regenta junto a su mujer, Diana Barros, una tienda de alimentación gourmet llamada Les Délices de Manu. Ingeniero de construcción de titulación, lo tiene más claro que el agua. “Habría que hacerlo al completo porque hay cruces peligrosos y se podrían poner más terrazas”, indica.

Justo en la acera de enfrente está La Quesería Gijón, que lleva Ana Ruz junto a su marido. Llevan ocho años en el mismo lugar, así que conocen perfectamente las dos realidades de Aguado. La de antes de la semipeatonalización y la de ahora. “Está claro que la calle tiene ahora más vida. Fue a mejor y hay más terrazas”, asegura. “Debería estudiarse y si se llega a la conclusión de que no perjudica a nadie, tendría que peatonalizar entera”, apostilla.

“Soy partidario de las calles peatonales al completo porque son un banderín de enganche que lleva implícito un aumento del negocio”, afirma Rafael Aneiros, el titular de Sartor, una tienda de moda masculina. Aneiros tiene 64 años y está próximo a la jubilación. Titulado en Derecho, cursa en sus ratos libres la carrera de Psicología. Está ya en tercero. “Nuestros clientes son las personas, no los coches. Eso atraería a la gente, sería un imán. Estoy completamente a favor”, remata.

La calle Aguado le debe su nombre a Alejandro María Aguado y Remírez de Estenoz, también conocido como el Marqués de las Marismas del Guadalquivir. El financiero sevillano tiene relación con Gijón porque impulsó la carretera Carbonera a mitad del siglo XIX. La mala fortuna quiso que el andaluz falleciera en la ciudad, en la calle Recoletas, el 12 de abril de 1842, el mismo día que vino a inaugurar la obra. Sabiendo esto, muchos gijoneses podrían brindar en memoria del aristócrata en las muchas terrazas que se aposentan en el tramo semipeatonal de la vía que lleva su nombre. Haciendo esquina con la calle Manso está el Pates Arriba, que regenta Gonzalo García, un langreano de 36 años que calma la sed del barrio desde hace siete años. “Si la peatonalizaran al completo, se ganaría en seguridad y en ventas al poder cerrar las terrazas”, analiza.

Justo delante está el Niord, que lleva Irene González desde hace dos años. “En la calle se trabaja la sidra, el vino, la cerveza. Hay una marca propia, una ruta establecida, a la que se le puede sacar partido si la vía fuera peatonal”, indica. José Amador Medina, de la sidrería Nueva Ibérica, considera que las obras mantuvieron “el mismo tráfico”. “Ahora es una calle para dar la vuelta, dar prioridad al paseante sería bueno para todos los comercios”, concreta.

“Esta era una calle con ambiente, pero no tanto como ahora”, dice Ricky Izaguirre, el dueño de la vinatería El Naranjo desde hace diez años. “Desde Emilio Tuya hasta el Muro no hay garajes así que la peatonalización sería buena”, analiza. De igual forma piensa María Ángeles Cuervo, que abrió La Casa de la Ventresca en agosto de 2020 y cuya familia también regentó hasta hace poco una tienda de souvenirs en la plaza Mayor. “Estoy a favor si nos dejan poner terrazas cerradas”, subraya.

En la misma tónica se muestran Henry William, de Las Brasas del Marqués y del Grupo La Marquesa; Víctor Rivas, de Pata Negra Salamanca, y Ana Alza, de El Portalón. “Pagamos impuestos por tener dos mesas de terraza, sería bueno poder poner más”, dice el primero. “Ojalá y cuanto antes, siempre y cuando dejen una zona de carga y descarga”, concreta el segundo. “Si se llega a un acuerdo entre vecinos y comercios, sería lo mejor”, zanja la tercera.

Pero también están los que prefieren dejar las cosas como están. Una de ellas es Eva Canal, trabajadora de la Ferretería San Lorenzo, que abrió hace casi cuatro décadas. “Una peatonalización completa nos mataría. Mucha gente viene de otros barrios y necesita un sitio donde aparcar”, argumenta.

Tampoco lo ve nada claro Isabel Sanjurjo, dependienta de Tati, una tienda de ropa de señora. “La semipeatonalización fue buena para las terrazas, pero mucha gente sigue viniendo en coche”, explica. Cierra Juan Carlos Suárez, de Aguado 35, que cinco años después de que se peatonalizaran los 160 metros entre el paseo del Muro y la calle Emilio Tuya pide extender la misma estrategia hasta Marqués de Casa Valdés. “Es el momento oportuno”, razona.

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