DTO ANUAL 27,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Los viajes de Jovellanos (capítulo XXIV): El periplo de Jovino por San Sebastián

El gijonés pasa tres jornadas en la capital guipuzcoana antes de retomar su viaje para regresar a la próxima localidad de Tolosa

El castillo de la Mota, en el monte Urgull de San Sebastián, con la ciudad a sus pies.

El castillo de la Mota, en el monte Urgull de San Sebastián, con la ciudad a sus pies.

Estuvo Jovellanos en San Sebastián entre el martes 23 de agosto y el viernes 26, cuando retoma camino para llegar de nuevo a Tolosa. Pero en ese ínterin, como era habitual en él, realizó una serie de visitas que quedaron bien designadas en su Diario y que vamos a desgranar aquí.

En su periplo donostiarra, iniciado en aquella mañana del 23 de agosto de 1791, nuestro viajero escribe: “Visita de la iglesia de Santa María: pésima arquitectura en la portada; buen retablo mayor y colaterales, por dibujos de D. Ventura, aunque el primero sobre un plano semicircular, y los otros interrumpido el cornisamento; mala escultura, a excepción de una medalla de San Pío papa; otros dos retablos de mármol, por iguales dibujos; buenos y completos pasos de la Pasión, en que hay figuras de mucho mérito de la escuela de Hernández, pero que no le igualan. Dos casas de los Valenceguis: una del tiempo de Carlos V, de mucha y buena escultura; inscripción en letra alemana, que dice: Juan Martínez de Oyanerde hizo esta casa, año de 1536. La otra de buena y seria arquitectura, En general, buen caserío, indicio de mucha antigua riqueza; las iglesias son como catedrales”.

Varias informaciones dignas de ser comentadas, y es que la primera referencia es a uno de esos lugares, que aún hoy, es de visita obligatoria en la Parte Vieja de la capital guipuzcoana, la basílica de Santa María del Coro. Esa portada que Jovellanos define como de “pésima arquitectura”, y es que el barroco no entusiasma en demasía a nuestro ilustrado como bien sabemos, es la foto icónica del edificio. Si paseamos por la calle Mayor nos enfrentamos directamente con esta fachada, que al verla, nos recuerda sin duda un retablo tallado en piedra, donde el barroco, el rococó y el plateresco se entremezclan generando un coctel artístico, cuanto menos, muy llamativo, y todo enmarcado entre dos torres. Entre lo representado en la fachada destaca la imagen del propio San Sebastián asaeteado y coronando, en lo alto, el escudo de la ciudad.

Hay que decir que es considerada esta iglesia la más antigua de San Sebastián, ya que fue levantada sobre una iglesia románica anterior, aunque se sabe con precisión que lo que se ve hoy, data de su inauguración en 1774. Cuando Jovellanos la vio, era por tanto de reciente construcción. Las obras habían comenzado en 1743 y el proyecto fue diseñado por Pedro Ignacio Lizardi y Miguel de Salazar. Al interior, y aprovechando la planta y orientación de la iglesia antigua, tiene un gran salón dividido en tres naves y cerrada con presbiterio semicircular con bóveda de horno.

Comete algún error Jovellanos en sus apreciaciones artísticas porque adjudica a Ventura Rodríguez el retablo mayor y los colaterales, cuando en realidad los realizaron Diego de Villanueva y Francisco Azurmendi, y habla de los pasos de la Pasión (Última Cena, Prendimiento y Descendimiento de la Cruz) como obra del taller de Gregorio Hernández, y sin embargo lo eran de su compatriota, el gran escultor, nacido en Argul (Pesoz), Juan Alonso de Villabrille y Ron.

Hay que mencionar que diversos edificios que hoy vemos en la parte vieja de San Sebastián se añadieron o se transformaron tras el gran incendio del 31 de agosto de 1813 que asoló la ciudad. Y es que tras la derrota de los franceses en Vitoria, en plena guerra de la Independencia, en junio de aquel año, se retiraron a San Sebastián. Las tropas aliadas formadas por ingleses y portugueses asediaron la ciudad y tras grandes destrucciones y desmanes acabaron logrando la rendición francesa el 8 de septiembre, 59 días después de iniciarse.

De ahí que la calle que pasa por delante del pórtico de Santa María del Coro se llame 31 de agosto, aunque en tiempos de Jovellanos era la calle de la Trinidad.

Escribe a continuación lo siguiente y del máximo interés: “El convento de San Telmo es como una ciudad, colocado al pie del monte en que está el castillo; grande iglesia gótica de una nave, pero sobre columnas colosales, como otras de este país; buena escalera y gracioso claustro por el gusto de Carlos V, pero sin esculturas, y tanto mejor. Bellísima plaza cuadrilonga, sin ornato, pero muy limpia, bien empedrada, uniforme, de tres altos, sin contar los soportales, y con cuatro entradas; al frente la Casa pública, en lo principal de la ciudad, y arriba del Consulado; la sala de éste, adornada de estucos, es magnífica; mala fachada, pero grandiosa. Comida en mesa redonda con el comandante de unas goletas que van a la costa patagónica. Por la tarde, con D. Joaquín Juni y D. Miguel Lardizábal, al castillo; vista de la sublime peña sobre que está fundado a la parte del mar de la costa de Francia, de la playa de oriente; puente de madera en ella y hermosa campiña. Por la noche tertulia a casa de Montehermoso: agradable compañía. El puerto de San Sebastián tiene una entrada franquísima y sin barra, mas su concha no tiene fondo o, por mejor decir, no la hay. Las embarcaciones grandes corren en ella mucho riesgo, y no caben en su dársena, que es seca, estrecha y de mala forma, porque tiene dos senos”.

Cuántos datos a tener en cuenta en este fragmento, donde además finiquita Jovino el día 23 de agosto.

Sin duda aquí nos habla de otro de esos puntos estratégicos a nivel histórico, y porqué no decirlo, también turístico, del San Sebastián actual, el antiguo monasterio de San Telmo. A día de hoy, es la sede del Museo de Historia y Etnográfica Vasca, el museo más antiguo de todo el País Vasco, ya que abrió sus puertas allá por el año 1932, aunque en 2011 tuvo una importante remodelación.

El monasterio de San Telmo es una imponente construcción al pie del monte Urgull, bien cerca, como dice Jovellanos, del castillo, que también visita, como nos indica en este mismo párrafo. Es el Castillo de La Mota, cuya construcción se remonta al siglo XII, cuando Sancho el Mayor manda construir una atalaya defensiva sobre este monte, hoy lugar de paseo y esparcimiento de los donostiarras. La fortaleza fue sufriendo remodelaciones a lo largo de los siglos, hasta ser sede en la actualidad, de una exposición sobre la historia de la ciudad.

En lo que se refiere al convento dominico, decir que su origen data del año 1544, bajo el mecenazgo del que fuera secretario de Estado de Carlos I, Alonso de Idiáquez. La advocación a San Telmo tenía una clara unión con el mundo marítimo ya que este santo era patrón de los hombres de la mar. Iglesia, claustro y dependencias propiamente conventuales crean una trilogía de gran interés arquitectónico. Obra de clara transición entre el estilo gótico y el renacimiento. La iglesia tiene planta de cruz latina y crucero rectangular alrededor del presbiterio cubierto por bóvedas estrelladas de gran belleza. Debido a la cercanía del monte Urgull, el claustro es trapezoidal en lugar de cuadrado, lo que le confiere cierta singularidad.

Tras el incendio devastador, ya citado, de 1813, los frailes alquilaron parte del convento al ejército para usarlo como cuartel. En 1836, con la desamortización de Mendizábal, el edificio pasó a manos del Estado y los monjes fueron expulsados definitivamente. Tras varios avatares históricos el edificio abre sus puertas como museo urbano en 1932, como ya indiqué.

Miguel de Lardizábal y Uribe era uno de los acompañantes de Jovino al castillo y merece una pequeña reseña biográfica. Había nacido en el actual México, en el antiguo virreinato de Nueva España, aunque tenía raíces vascas. Fue miembro del Consejo Supremo de Indias, estuvo en la apertura de las Cortes de Cádiz, fue consejero de Estado y director en sus fases diferentes del Seminario de Nobles de Vergara. Al igual que Jovellanos también fue pintado por Goya.

El recorrido donostiarra no acaba aquí, pero el martes 23 sí, por tanto, lo que acontece al día siguiente, donde anticipo ya que Jovellanos hará y nos contará una preciosa excursión por los alrededores de la ciudad, lo veremos y lo disfrutaremos en el próximo capítulo de este apasionante viaje.

Compartir el artículo

stats