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Jorge Flores Fernández Experto en el uso de las nuevas tecnologías, dio una charla en las jornadas municipales sobre adicciones

“Hasta los 6 años un niño aprende mejor sin pantallas, no le aportan nada”

“Ya hay jóvenes saturados que se borran de las redes sociales; lo adictivo suelen ser los juegos online”

Jorge Flores.

Jorge Flores.

Hasta al menos los seis años un niño debería poder disfrutar de una infancia “analógica” y, según vaya creciendo, descubrir poco a poco las nuevas tecnologías y las redes sociales bajo la supervisión cercana de sus padres. Esto es, al menos, lo que considera Jorge Flores, responsable de “Pantallas Amigas”, una iniciativa de promueve el uso responsable de dispositivos digitales. Ayer, fue uno de los ponentes en las jornadas municipales sobre adicciones.

–¿Influye la edad a la que se empiezan a usar las pantallas de cara a desarrollar comportamientos de riesgo?

–Sí, claro. Desde el momento en que empezamos a incorporarlas a nuestra vida hay una inercia, no sé si natural o provocada, para que cada vez nos ocupen más tiempo. Es cuestión de acumulación de hábitos. Cuando antes se empiece, antes se alcanzan cotas más altas.

–¿Es importante marcar a qué edad se va flexibilizando el uso de teléfonos móviles y redes sociales?

–Es una lucha titánica, pero esa labor de contención de retrasar el uso habitual y hacerlo de forma contenida y controlada es importantísima. Y cuanto más temprana sea la edad a la que se incorpora el dispositivo, más intenso debe ser el control. La mayoría de familias no están preparadas para vigilar correctamente el uso de estas tecnologías con niñas de edades tan tempranas. Se necesita muchísimo tiempo de supervisión. Pero sí es importante tratar de dibujar un itinerario progresivo para ir incorporando estos dispositivos. Los van a necesitar.

–Ahora las redes sociales son un espacio más para el acoso escolar.

–Sí, pero igual que ocurre ante un problema entre compañeros de trabajo, hoy en día se da igualmente el ciberacoso entre personas adultas. Lo que pasa es que los jóvenes se han acostumbrado más a canalizar su ocio y sus relaciones en ese contexto digital. En los mayores sigue ocupando menos espacio en su vida. También es verdad que parece que esas personas más jóvenes, y lo ideal es que sean cada vez más, llegan a un punto de, digamos, saturación. Y dejan de verle la gracia a ese mundo.

–¿Son más conscientes ahora del riesgo? Ya se habla mucho de la “salud digital”.

–Sí, ya se ha superado la fase de creer que es una tontería. Hace años la mentalidad era “quiero usar las redes sociales, cuanto más mejor, porque los mayores son unos carcas”. Ahora empieza haber cambios. Yo para la charla en Gijón traía la historia de una chica que dijo que había pensado en la cantidad de tiempo que gastaba en las redes y que sentía que no le aportaban lo suficiente. Ese mundo tiene una dinámica de “estás o no estás”. Si estás, es como que debes interactuar, tener seguidores, subir contenido. Ahora por fortuna se está reflexionando más sobre si merece la pena caer en esa inercia y esa presión.

–¿Cuándo se puede hablar de una adicción a las pantallas?

–Se habla de adicción muchas veces, pero se abusa del término. Podríamos hablar más bien de enganche, como puedes engancharte a una serie o a una persona. Es algo que te gusta mucho y de lo que puedes tender a abusar. La adicción en este mundo está más relacionado con los juegos online multijugador y se tienen que dar una serie de parámetros: su uso problemático debe causar trastornos en la vida diaria y hay un aumento de la tolerancia, cada vez necesitas estar más tiempo para tener el mismo nivel de satisfacción.

–¿Debemos defender una infancia “analógica?

–Por supuesto. No se van a perder nada. En esas etapas iniciales creo que hay muchas más fuentes de aprendizaje fuera de la pantalla que dentro. Una vez se introduce, tiende a robar cada vez más tiempo. La mera observación, el juego y hasta el aburrimiento son importantes, porque enseña a los más pequeños a ver que la vida va más lenta y que no siempre responde a sus expectativas. Hasta los seis años no te pierdes nada por no haber visto una pantalla, salvo los dibujos animados.

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