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De chigre a templo de vino en Gijón: el bar de barrio con más de 700 botellas

Felipe Ferreiro ha convertido un negocio familiar en un referente nacional de todo tipo de caldos: “Esta bebida incita a aprender”

Felipe Ferreiro

Felipe Ferreiro Juan Plaza

Aunque el restaurante Las Rías Bajas sea “oficialmente” una sidrería, lo más importante no son los culetes sino el vino. Con apariencia de chigre de toda la vida, el local ubicado en la calle Poeta Alfonso Camín se ha convertido en una de las mejores vinaterías de todo el país, según varias clasificaciones de expertos. La “culpa” la tiene Felipe Ferreiro Llanos, el dueño, que en los últimos años ha logrado conformar una bodega con más de 700 botellas de vinos de casi todo el mundo. “Cuanto más sabes, más quieres aprender”, explica el hostelero, de 45 años.

La conversión de una sidrería del barrio de El Llano en un templo para los amantes del vino es una historia con mucha miga. Ferreiro nació en Monchengladbach, una ciudad alemana de algo más de 200.000 habitantes a pocos kilómetros de la frontera con Holanda. Sus padres, naturales de Galicia, emigraron a esa localidad por trabajo, aunque años más tarde decidieron afincarse en Gijón, cuando Ferreiro era un “guaje de cinco años”. Fue en 1985 cuando decidieron abrir las puertas de la sidrería Las Rías Bajas, que acaba de cumplir 36 años en activo.

“Funcionó durante mucho tiempo como una sidrería normal. Mi padre tenía varios vinos blancos, un Rioja y el tinto de la casa. Nada más”, apunta el hostelero, que cuando se jubiló su progenitor, hace unos 15 años, asumió los mandos del negocio. Fue hace 13 años cuando decidió apuntarse a un curso de sumiller. Es decir, de experto en vinos. Su vida cambió para siempre y el vino se convirtió en su pasión. “Esto es como una enfermedad. Cuando empiezas a estudiarlo, ya no lo puedes dejar”, explica el barman.

A medida que se fue cultivando, decidió ir introduciendo sus conocimientos en el negocio. Al principio, fueron unas pocas botellas, pero ahora ha conformado una bodega que da gusto verla. Tiene más de 700 de 500 marcas, una cifra que le impide tener carta. Y así, a base de ir aprendiendo y aprendiendo, ha logrado colocar una sidrería de barrio de toda la vida en una de las mejores vinaterías de todo el país. “Hay vinos de casi todos los países de Europa. También de Israel, Brasil o de Estados Unidos. Cada zona es un mundo diferente”, apostilla Ferreiro.

Felipe Ferreiro con varias botellas Juan Plaza

A sus 45 años, su reputación ya le precede. En el barrio ya es conocido por su olfato y su gusto. Tanto que muchos de sus clientes habituales se fían de su sapiencia y se dejan guiar por sus recomendaciones. Su buen tino también acapara gente de fuera. “Con estos vinos hay muy poca gente en Gijón. La gente que viene de fuera se queda un poco alucinada”, reconoce Ferreiro en el tono humilde que ponen las personas cuando hablan de algo que les apasiona sin querer avasallar. Pero si en la variedad está el gusto, Las Rías Bajas también tiene su fortaleza en el precio. Ferreiro explica que lucha contra el estereotipo de que el vino es un producto elitista. Y por esa misma razón explica que la buena marcha de su negocio se explica por los precios ajustados que le pone a las copas. “¿Cuánta gente puede haber que sea aficionada en Gijón al vino? Los que apreciamos esto nos movemos mucho por fuera, así que tenemos que poner unos precios que dejen unos márgenes muy lógicos”, se cuestiona Ferreiro a la vez que se responde a sí mismo.

Además del vino, Las Rías Bajas también tiene buena estrella en los quesos. Si los expertos han colocado la sidrería del barrio de El Llano entre las mejores vinaterías de España (la última ha sido la revista especializada “Esquire”), portales especializados lo colocaron en el pasado como un referente por su tabla de quesos. Y es que, aunque con sus mesas de madera y su barra de toda la vida lo parezca, queda claro que el chigre de Ferreiro no es uno más.

Eso sí, la pandemia sí que le ha afectado como al resto del sector. No solo por los cierres y las restricciones de aforo y de horario, sino porque ahora se piensa mucho en sus recomendaciones qué botella de vino es la que va abrir. “La pandemia nos ha afectado como a todos, porque hay menos continuidad”, razona el hostelero al que no se le caen los anillos si tiene que hacer honor al leit motiv de su negocio. Y es que Ferreiro también es diestro si tiene que escanciar un buen culete porque para algo es uno de los hosteleros con mejor uva de la ciudad y también de todo el país.

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