“Siempre quise ser arquitecto, desde pequeño colocaba piedras sobre piedras”. La confesada vocación infantil de Manuel Suárez-Lledó Alemany, tercero de los siete hijos del afamado endocrino local José Antonio Suárez-Lledó Rodríguez, se hizo realidad convirtiéndolo en arquitecto municipal, primero en Gijón, y luego en Oviedo. Nacido en la calle San Bernardo el 11 de noviembre de 1950 el arquitecto gijonés falleció ayer a los 70 años. Estaba casada con Beatriz Ortea Tugnoli con quien había tenido tres hijos Claudio, Cristina y Paula. Era el colegiado número 165 del Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias, en cuya junta de gobierno ejerció distintos cargos en distintas etapas a partir de 1981.

Suárez-Lledó estudió en el colegio Blancanieves y en el Instituto Jovellanos de Gijón antes de irse a Madrid a hacer la carrera de Arquitectura, en la que se tituló en 1978 como especialista en urbanismo. En todo ese camino estuvo a su lado el también arquitecto Vicente Díez Faixat y juntos se estrenaron en la profesión en el estudio del padre de Vicente, José Díez Canteli. “Lo hicimos todo juntos. los estudios en el colegio, en el instituto, irnos a Madrid. Nuestra relación era casi de hermanos más que de amigos. Era un hombre entrañable, cariñoso, siempre pendiente de los demás. Y en lo profesional, sabías que donde estaba Manolo había un trabajo riguroso y una honradez a prueba de bombas”, recordaba ayer un emocionado Faixat.

En aquello años el joven Suarez-Lledo se involucro en varias obras de la familia Díez como una torre de viviendas en el Polígono de Pumarín. Atítulo individual también firmó viviendas unifamiliares y algunos bloques de viviendas públicas, por ejemplo en Langreo.

Tras un breve tiempo ejerciendo la profesión de manera liberal, Suárez-Lledo se incorporó en 1983 a la dinámica del Ayuntamiento de Gijón como personal de confianza del entonces alcalde José Manuel Palacio. Estuvo algo más de cuatro años y su nombre se vincula, por ejemplo, a la planificación del nuevo parque de Los Pericones. El nuevo pulmón verde que se pensó para ese nuevo Gijón.

A finales de 1988 se incorporó a la plantilla del Ayuntamiento de Oviedo. Se había presentado a un proceso selecitivo en ambos ayuntamientos. Ganó la plaza en Oviedo y perdió la de Gijón por medio punto. Del Ayuntamiento de Oviedo se jubiló en 2015 como jefe de la oficina de planificación y gestión urbanística.

Suárez-Lledó supervisó en Oviedo el catálogo de edificios protegidos de la ciudad y mostró especial interés en el patrimonio industrial del concejo y, sobre todo, por la Fábrica de Gas, ayudando a desarrollar junto a César Portela el plan especial del recinto fabril. Entre otros asuntos, peleó por retirar la condición de Bien de Interés Cultural de la plaza de toros de Buenavista.

Si la arquitectura fue su vocación, la natación fue una de sus pasiones. “Siempre fue un gran nadador. Nadaba en el Club de Regatas y el Grupo Covadonga y siempre hacia la travesía de la playa. El año pasado quedó de los primeros en la categoría senior”, recordaba su hermano Emilio. Curiosamente la natación y el mar fueron el camino para encontrar a quien sería su esposa. El propio Manuel Suárez-Lledó lo recordaba en una entrevista de Cuca Alonso publicada en LA NUEVA ESPAÑA: “La mar estaba mal y un chico se tiró desde San Pedro para recoger un balón. El agua lo arrastraba y Beatriz se lanzó en su ayuda. Yo estaba en el vestuario del Club de Regatas me arrojé al agua junto a otras personas para ayudar hasta que llegó la lancha de salvamento”. Aquel dramático suceso dio paso a una boda y una familia.

Tras la jubilación, nadar, trabajar en el huerto de su casa de Somió y disfrutar de la familia ocupaban parte de su tiempo de Suárez-Lledó. Una infección pulmonar complicó un problema oncológico con el que ya había luchado hacía años y que reapareció con virulencia. Sus restos mortales serán incinerados a las ocho y media de esta tarde en el tanatorio de Cabueñes. El funeral por su eterno descanso se oficiará en la iglesia parroquial de San Julián de Somió, a la una y media del sábado.