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Paz Fernández Felgueroso: “La ampliación de El Musel no fue una obra faraónica, los grandes barcos acabarán llegando”

“La paralización del planeamiento urbanístico hizo mucho daño a la ciudad” | “Las primarias, tal y como están planteadas, no son buenas para el PSOE”

Paz Fernández Felgueroso, delante de las Letronas.

Paz Fernández Felgueroso, delante de las Letronas. Ricardo Solís

A Paz Fernández Felgueroso le agrada ver la vida pasar junto a las Letronas, la obra de Juan Jareño instalada en los Jardines de la Reina gracias a su impulso como Alcaldesa hace una década, casi el mismo tiempo que ha transcurrido desde que dejó el Ayuntamiento, al acabar su tercer mandato. No le cuesta poner el retrovisor, aunque dice que prefiere mirar hacia adelante. “Esto es una excepción, siempre he rehuido las entrevistas en calidad de ex”, avisa, sonriente.

–¿En qué ha cambiado Paz Fernández Felgueroso desde 2011?

–Pasé de una actividad frenética a otras más suaves. He procurado darle vida a mi vida. Los ochos años en los que presidí el Consejo de Comunidades Asturianas tuve ocasión de trabajar para la emigración. Soy nieta de emigrante avilesino y eso me hizo feliz. Ahora estoy en el Consejo Social de la Universidad nombrada por el Gobierno regional y sigo en el Archivo de Indianos. Además, permanezco en varias asociaciones y en la Tertulia Feminista Les Comadres. Necesito sentirme útil.

–¿Y en qué ha cambiado Gijón?

–La ciudad ha progresado, pero sigue teniendo proyectos importantísimos sin desarrollar. La cuestión del metrotrén es la que más me preocupa.

–Dice metrotrén y no plan de vías en general. ¿La estación intermodal no le preocupa?

–Me parece más importante el metrotrén que saber si la estación de largo recorrido estará 200 metros más adelante o más atrás.

–En 2019 se firmó un convenio para construirla junto al Museo del Ferrocarril. Hubo consenso y ahora el PSOE lo ha roto.

–No valoro positivamente aquel consenso de hace dos años. Ya se había logrado otro consenso antes. ¿Por qué tras ocho años sin hacer nada se llegó en 2019 a un consenso para cambiar la estación de sitio sin ningún estudio económico ni del terreno, que es muy complicado? ¿Por qué es más válido el consenso de 2019 que el anterior? También antes hubo acuerdo entre administraciones y se hicieron concursos con un enorme consenso.

–¿Entonces apoya que la actual Alcaldesa vaya a romper el convenio vigente?

–Es razonable. Hacer la estación junto al Museo del Ferrocarril acarrearía muchas dificultades. En el convenio que firmamos nosotros, el exconcejal José María Pérez logró incluir una salvedad: el consenso estaba supeditado a que la estación fuera viable técnica y económicamente. Si esa condición no se da en el actual convenio, entonces se ha hecho lo que se tenía que hacer.

–¿Le gusta la propuesta del Ministerio para hacer la estación intermodal ampliando la provisional de Sanz Crespo?

–Necesitaría verla con mayor nivel de concreción para opinar. No obstante, esa estación habrá que usarla para algo. Se puede usar para eso o para otros asuntos. No me pregunte cuáles, pero es posible.

–¿Prefiere la estación en Sanz Crespo o en Moreda?

–No tengo preferencias. Ampliar Sanz Crespo no sería la estación excepcional que podríamos todos querer. Pero esas estaciones no se hacen ahora. En mi época había mucho dinero para hacer soterramientos totales y grandes estaciones. Ahora, no. Lo que tengo claro es que no se debería perder más tiempo. Lo que más me preocupó en su día a mí fue la tunelación, por el tipo de suelo de la ciudad. Eso se hizo perfectamente. En 2011, estaba listo. ¿Por qué no se avanza?

–¿Por qué prioriza el metrotrén?

–Porque la centralidad la dan las cercanías. Además, cuando se habla de centralidad, ¿a qué nos referimos? Si se coge un mapa de Gijón, se ve que hay más habitantes hacia la zona donde está proyectada la estación que en el centro. Además, si la primera estación del metrotrén está en plaza de Europa, ¿cuál es el problema? No creo que la estación de largo recorrido tenga que tener ninguna centralidad. Eso lo garantizan las cercanías.

–¿El plan de vías no es posible sin plusvalías por edificar en los terrenos?

–Las plusvalías habrá que aplicarlas. Adif cedió el terreno para eso. ¿Se puede cambiar el proyecto de lo que se va a construir ahí, con menos alturas y más zonas verdes? Seguramente. Quizás sea mejorable ese diseño, incluso obteniendo menos plusvalías. Pero no se puede renunciar a ciertas cosas.

–¿No es peligroso que un nuevo convenio nazca sin consenso?

–Es mejor que salga por consenso, por supuesto. Pero si no lo hay, habrá que seguir adelante. Gijón no puede condicionar ese proyecto a una cuestión de consensos. Espero que todo se reconduzca.

–Otra gran obra que defendió en sus mandatos fue la ampliación de El Musel. Con el paso del tiempo, ¿la ve excesiva?

–Nunca la calificaría de faraónica. Esa ampliación era necesaria. No se hizo para la inmediatez. Además, hubo una crisis de por medio y ahora una pandemia. La persona que mejor conocía El Musel en Gijón era el difunto Luis Adaro. Y apostó abiertamente por la ampliación, incluso mayor. No, no fue una obra excesiva.

–Pero muchos terrenos están infrautilizados.

–Acabarán llenándose y acabarán llegando los grandes barcos. La ampliación era y es imprescindible. Había la posibilidad de optar a fondos europeos y todos los puertos competidores estaban creciendo.

–¿No fue una operación onerosa?

–Si no se hubieran conseguido los fondos europeos, habría sido una operación onerosa. Pero el Puerto lo está soportando. El problema es que todo se enredó con el famoso pleito, que cayó sobre dos personas cuando aquello se aprobó por todo el Consejo de Administración y con todos los informes a favor.

–No parece que el PSOE saque ahora pecho por El Musel.

–Es probable. Desde luego los que estábamos entonces en responsabilidades lo vimos claro. La obra se hizo francamente bien. Hubo modificados, sí. Como en cualquier otra gran obra portuaria de la época.

–¿Pagaron los dirigentes portuarios Fernando Menéndez Rexach y José Luis Díaz Rato los platos rotos?

–Si es que los hubo, sí. Y de manera injusta porque había un Consejo de Administración en pleno detrás de aquello.

–¿Por qué nadie con responsabilidad los apoya ahora públicamente a pesar de que judicialmente les va bien?

–Cuando la Justicia está de por el medio, todo el mundo se aparta.

–Saltemos a la Zalia. ¿Tiene futuro?

–Seguramente con un tamaño menor. La Zalia fue un proyecto que vio muy claro Tini Areces. Tiene todas las posibilidades, pero se está tardando demasiado. No es un proyecto muerto, pero deberían acelerarlo ya. Creo que el vicepresidente Juan Cofiño quiere. Me alegra.

–Tabacalera, otro proyecto inconcluso de su época. Lo que pretende Ana González no se parece a la pinacoteca que usted quería. ¿Le gusta?

–No he visto el asunto aún al detalle. Tabacalera es un edificio atractivo, tanto por el continente como por las posibilidades de contenido. Creo que se está afinando el proyecto. Ya veremos el final.

–Pero no va a ser una pinacoteca, eso seguro.

–Cada uno decide en función de su momento y del dinero que tiene. Uno no puede pretender que lo que se haga ahora sea lo que se proyectó hace diez años. Además, creo que Tabacalera tendrá pinacoteca. En alguna parte hay que hacerla. Parece que Tabacalera será varias cosas. Está bien.

–El gobierno local se abre a modificar el planeamiento urbanístico de Cimadevilla. ¿Cómo debe cambiar el barrio?

–No sabría decir en qué dirección, pero está bien hacerlo al hilo de Tabacalera. La gran transformación de Cimadevilla se hizo en tiempos de Tini (Areces) y de José Manuel (Palacio). Pero sin duda hay elementos que actualizar. En Cimadevilla hay que generar sinergias. Tabacalera lo hará.

–Los jueces tumbaron a sus gobiernos dos Planes Generales de Ordenación. ¿Hasta qué punto aquello afectó a la ciudad de hoy?

–Se volcaron por asuntos muy formales. Se derribó todo el plan por algo pequeño que estaba mal. Se pudo haber vuelto al planeamiento original muy rápido y fácil, pero la alcaldesa Moriyón entendió que no era necesario. Si estuvimos años sin planeamiento fue porque no hubo un interés en tenerlo. Para mí aquello implicó un disgusto enorme. No a nivel personal, sino por el parón que supuso para la construcción en la ciudad, por el daño que se hizo a inversores... Se hizo daño a mucha gente.

–Más de urbanismo. La Ería del Piles sigue tan mal como la dejó.

–Espero que eso funcione de una vez. Es un espacio único. Me gustaría que se hiciera lo que ya está planificado. Quizás no veo muy claro la playa verde porque azota mucho el viento. Pero el resto me parece bien. Ahora es una cochambre. Ojalá se desbloquee pronto.

–¿Le gusta la semipeatonalización del Muro?

–No tengo los datos objetivos sobre su incidencia. Hay una comisión para eso. En todo caso, las peatonalizaciones son siempre cuestionadas en un principio.

–¿Pero qué Muro le gustaría?

–No lo sé. Esperemos a ver qué dicen los expertos. Imagino que habrá soluciones intermedias para coches y peatones.

–La ordenanza de movilidad, que entra en vigor en días, aboga más bien por relegar al coche.

–Los tiempos conducen a limitar el coche. Aunque seguirá siendo necesario, evidentemente. Hay que acertar con un equilibrio. No es sencillo. Le deseo mucha suerte a quien decida porque pisará callos. No obstante, el centro de Gijón está poco peatonalizado y estas operaciones siempre generan polémica. Yo me acuerdo la que se armó con la peatonalización de la calle Corrida. ¿Quién metería ahora coches en la Corrida? Peatonalizar el centro es complicado. Aunque es ineludible ir hacia eso.

–La movilidad es asunto de IU en el gobierno de coalición. ¿Le gusta esa alianza?

–Yo estuve en coalición con IU y no hubo el menor problema. Ahora creo que las relaciones también son buenas.

–Fruto de esa coalición es el futuro reglamento de laicismo. ¿Lo cree necesario?

–Respeto que consideren que haya que hacerlo. Yo iba a San Pedro y a los Carmelitas el día de La Asunción. También fui a actos de otras confesiones religiosas, en representación de los gijoneses. Si consideran necesario un reglamento... no lo sé. Yo no lo necesité. Pero las cosas cambian.

–Más polémicas que atañen a IU. El anillo navegable del Piles se hizo durante sus mandatos. ¿Hay que cerrarlo?

–Lo que digan los informes. El Piles tiene que estar limpio y sería fabuloso que los piragüistas, los del Grupo en concreto, pudieran usar la instalación. Pero en esto, lo que digan los informes.

–¿Cómo es su trato con Ana González?

–Hablamos bastante a menudo. Tenemos un trato regular y bueno.

–A ella le ha tocado un PSOE muy diferente al suyo. ¿Echa en falta mayor presencia del partido en la vida pública?

–Cada tiempo tiene sus formas.

–El PSOE celebra primarias en meses. ¿Qué hará?

–Las primarias, tal y como están planteadas, son un lío siempre. No le hacen ningún bien al partido. Se entienden como una lucha interna y conducen a debates estériles. No me gusta el formato actual.

–El exconcejal Monchu García tiene previsto presentarse. ¿A quién apoyará?

–No sé lo que haré. Es muy pronto todavía.

–¿Ha perdido peso el PSOE gijonés en el socialismo asturiano? No hay ningún primer espada de la ciudad ni en el Gobierno regional ni en la FSA.

–Eso es muy relativo. Hubo siempre muchos gijoneses, empezando por presidentes, y ahora no toca. Me gusta lo que está haciendo Barbón, pero hay que esperar. Gijón no ha perdido peso, es cuestión de momentos.

La exalcaldesa, en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón. Ricardo Solís

–Echemos la vista atrás. Usted hizo bandera de la micropolítica, es decir, acciones a pie de calle. ¿Se hace ahora?

–Me ridiculizaron mucho por aquello, en los plenos y en la prensa, pero yo siempre la defendí. La micropolítica consiste en darle importancia a lo cotidiano, cosas que tienen que ver con la sensibilidad del ciudadano: una acera, una ayuda social... Que la administración se acerque a los problemas pequeños.

–Lo contrario a las grandes obras, símbolo de la etapa de Vicente Álvarez Areces. ¿En algún momento se sintió bajo su sombra?

–Siempre estuve muy orgullosa de aquel legado. Tuve mucha suerte de haber heredado aquel Gijón.

–Hablando de herencias. A sus antecesores, José Manuel Palacio y Álvarez Areces, les acaban de dar espacios públicos en la ciudad. ¿Le gusta la elección?

–Me alegro de que a Tini se le haya dado un paseo (el de la playa de Poniente) que no exija cambiar nombres. A mí nunca me gustó cambiar el nombre de las calles por el trastorno que provoca en los vecinos (José Manuel Palacio da nombre a la antigua avenida Juan Carlos I), salvo casos muy excepcionales.

–¿Ambos lo merecen?

–Yo soy fan de Tini Areces. Siempre tuve muy buena relación con él y fue un animal político. A José Manuel le traté mucho menos, sus mandatos me tocaron estando yo en Madrid.

–Avancemos en el tiempo. ¿Cómo juzga los ocho años de Carmen Moriyón?

–Creo que la ciudad perdió fuelle. Pero cada uno hace en su momento lo que entiende oportuno. No tuve malas relaciones con Moriyón porque siempre hubo un respeto mutuo. A Foro le echo en cara dos cosas: la parálisis del metrotrén y haber renunciado al invernadero del Botánico. Eran cuatro millones del plan A para Gijón y se renunció a ellos a cambio de nada. Cascos se cargó aquel proyecto sin nada a cambio.

–Moriyón tuvo un segundo mandato porque Podemos no quiso hacer alcalde a José María Pérez. ¿Cómo vivió aquello?

–Josechu habría sido un magnífico alcalde. No se le apoyó con la disculpa absurda de El Musel. Siempre trabajé muy bien con él. Gente joven, con amplia visión. Aquello no se lo perdono a Podemos. Yo siempre tuve mucha suerte con mis colaboradores.

–Tres destacados fueron José Manuel Sariego, Jesús Morales y Pedro Sanjurjo. ¿Mantiene el trato?

–A Jesús lo veo menos, aunque lo llamo a veces para recordar cosas, tiene una gran memoria. Tengo trato con los tres. Con José Manuel hablo bastante y leo lo que publica en LA NUEVA ESPAÑA.

–Y con su gran adversaria política, Pilar Fernández Pardo, ¿ha vuelto a hablar?

–Éramos adversarias en los Plenos. Ella era muy dura y muy concienzuda en su trabajo. Era una adversaria difícil, a tener muy en cuenta, pero en lo personal siempre hubo respeto.

–Uno de sus grandes legados es el Parque Científico Tecnológico. ¿Le gusta el plan de ampliación?

–Es uno de los proyectos que más ilusión me produjo. El planteamiento de la ampliación me parece muy acertado. No sé si será necesario hacer un hotel, pero el espacio y el concepto son los idóneos. El Parque, con tantos trabajadores ya como Arcelor, es básico para la ciudad. Gijón es y debe ser portuaria e industrial. Y el Parque ayuda a la industria.

–A dos pasos está Laboral Centro de Arte. ¿Qué opina del giro que le quiere dar el Principado?

–Estoy plenamente con la Alcaldesa en la defensa de un espacio que es único en Asturias. Este centro no se puede medir por el público que vaya o deje de ir. No sé si tiene que haber una o dos personas al frente, lo que quiero saber es qué dirección va a tener este referente de Gijón. La defensa de la Alcaldesa es muy positiva.

–¿Es acertado que la Universidad Laboral opte a Patrimonio Mundial?

–El monumento lo merece. Es buena idea, aunque el proceso es largo.

–¿Se equivocó Ana González al vincular el edificio al franquismo?

–En un primer momento, pues no sé. No obstante, de sabios es rectificar. Tuvo una reacción muy positiva.

–¿Qué espina se le quedó para siempre clavada tras doce años en la Alcaldía?

–Por encima de todo, haber dejado a la ciudad con un Plan General colgado. Esa espina no me la quitaré porque fue por asuntos menores. Se hizo mucho daño a la ciudad, era fundamental para su actividad económica. No debimos equivocarnos.

–¿Y qué le provoca especial orgullo?

–Más allá de lo tangible, como Talasoponiente, el Acuario, el Parque Científico o las mismas Letronas, me quedo con el afecto de la ciudadanía. Me siento querida en la calle y eso es lo mejor. También estoy orgullosa de haber podido desarrollar una ciudad tan potente como la que heredé.

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