Ellas, en femenino, llevan años siendo chigreras, agricultoras, cosechadoras, amas de casa y, en algunos casos, hasta conductoras de ambulancia. Pero para ellas mismas, su “único” mérito ha sido el de “trabayar toda la vida”. Un esfuerzo que hace ya varios años quiere premiar y poner de relieve el llagar de Trabanco, en Lavandera, inspirado precisamente en el ejemplo de sus propias mujeres. “De manera especial en mi madre, que tantas veces no pudo estar con sus hijas porque tenía que cocinar, hacer tartas, lavar manteles y cerrar el chigre”, destacaba ayer Yolanda Trabanco, hija del lagarero Samuel Trabanco.

Lo hizo en un acto que ya se ha convertido en un punto de encuentro para aplaudir la labor callada de muchas trabajadoras a las que han querido rendir honores haciendo uso de un juego de palabras: la sidra sobre la madre, una manera de elaborar el caldo tradicional y esmerada, “en la que mi tío Vicente era un maestro y que nos ha dejado como legado”, explicaba Samuel Trabanco en la introducción del acto de entrega de galardones “Madres de la Sidra 2021”.

La pandemia obligó a que fuera un acto reducido, una pequeña espicha en mesas separadas, pero suficiente para que las siete homenajeadas de este año se sintieran las verdaderas protagonistas de muchos años de trasiego. “El trabajo en el campo es muy duro, no hay horarios ni fiestas, no se puede parar nunca”, contaba pizpireta Adelina Fernández Poladura. Ella, junto con su hija María José Poladura, fue premiada ayer por su labor como cosechera de manzana en Fabares (Villaviciosa). Toda su familia se lleva dedicando a ello desde generaciones, y por eso “estamos muy agradecidas, no lo merecemos”, señalaban emocionadas.

Otras pueden dar fe de largos años a pie de barra, como María Dolores Martínez Valdés, de la sidrería gijonesa Casa Ferino, quien llegó al chigre para echar una mano un fin de semana en la cocina y ya lleva 25 años entre fogones, o Mar González, de Sidrería Rompeolas (Tazones), que suma 26 años de servicio y que ayer quería dedicar el premio “a Toya Hortal, mi jefa que ahora se jubila”.

Belén Esteo Miranda, de Sidrería La Montera (Avilés), se atrevió a cambiar de vida hace más de 25 años para montar una sidrería junto a su cuñada. Y Loli García Tomás, de Sidrería Bedriñana (Villaviciosa), viuda del conocido chigrero Amable Bedriñana, tomó las riendas de su negocio tras su fallecimiento a finales de 2018. Ayer fue un día especialmente emocionante para ella, que dedicó su galardón a su marido, “que allá donde esté estará muy orgulloso”. Y quiso agradecer “esta distinción al trabajo de la mujer, es muy necesario darle visibilidad”.

Además, la naveta Araceli Estrada recibió el premio “Madre de la Sidra Honorífica 2021” por su labor como pionera al volante de una ambulancia en España. El galardón de ayer fue una forma especial de agradecer el trabajo de los sanitarios en la pandemia, pero reconocía Araceli entre risas, como buena hija de la Comarca de la Sidra, que “un culín no lo perdono”.

Han sido ellas las que durante años sacaron adelante negocios y pumaradas, y las que con su ejemplo dejan una huella para las generaciones venideras, con una lección añadida: “no hay que rendirse y seguir siempre adelante”. Porque, a pesar de todas las pandemias, que “nos han puesto las cosas tan difíciles”, recalcaba Yolanda Trabanco, “hemos aprendido a adaptarnos y nunca hemos dejado de compartir”.