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Flores y memoria en Gijón contra las víctimas asturianas de los nazis

El Cervigón acoge un homenaje a las víctimas asturianas de los campos de concentración: “No hay que olvidarlo nunca”

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Eloína Blanco Fanjul busca el nombre de su madre, Olvido Fanjul, en el homenaje a los asturianos en los campos nazis, ayer en el monolito instalado en la senda del Cervigón. Marcos León

Se llamaba Olvido Fanjul Camín, y pese a su nombre, su vida y su increíble historia permanecen presentes cada día en la memoria de sus hijos. Dos de ellos, Eloína y Manuel Blanco, participaron ayer por primera vez en el homenaje a los españoles que sufrieron cautiverio en los campos de concentración nazi, conmemorando así los 76 años cumplidos desde la liberación del campo de Mauthausen, en Austria, en un acto que tuvo lugar en el monolito que les recuerda en la senda del Cervigón. Un acto de justicia y memoria histórica organizado por el Ateneo Obrero, Cultural Gijonesa, Federación Asturiana Memoria y República y Les Comadres.

recuerdo a Rosario Acuña. Paz Fernández Felgueroso y Ana González, en el centro, participaron ayer en el homenaje a Rosario de Acuña en el 98 aniversario de su muerte en Gijón. | Marcos León

El homenaje, que ni la incesante lluvia pudo deslucir, fue también un gesto de reivindicación para Olvido, puesto que su nombre no figuraba hasta ahora en la lista de víctimas. “Me han asegurado que se incluirá”, explicaba Eloína Blanco con un ramo de flores a la memoria de su madre.

Olvido Fanjul partió de El Musel como cuidadora de los niños de la guerra evacuados con rumbo a Rusia. En Leningrado conoció a un militar ruso con el que se casó, pero su historia duró poco: con el cerco alemán a la ciudad fue detenida cuando estaba embarazada y deportada a una cárcel de Tallin, en Estonia. “Allí dio a luz a un hijo que le quitaron y del que nunca más supo; no sabemos si tenemos un hermano por el mundo, y daría los dedos de una mano por saberlo”, lamenta Eloína.

De Tallin pasó al campo de concentración de Ravensbrük, un campo nazi exclusivo para mujeres a 90 kilómetros de Berlín. Ella, la única gijonesa. Fue liberada por la Cruz Roja Sueca y pasó a casas de reposo en Suecia y Francia. En Tarbes, al sur del país galo, se reencontró con un cuñado, Gerardo Blanco, de La Calzada como ella, con el que se casó y tuvo tres hijos. En 1963 volvió a su barrio natal, y tras largos años de silencio, reveló su dura historia a la familia, que sabía apenas algunos retazos.

Ahora, sus hijos quieren que su periplo vital forme parte del recuerdo del horror de la guerra y las víctimas del nazismo, porque “es necesario recordar que muchos gijoneses fueron denunciados por el gobierno franquista, que concentraba a sus compatriotas a la muerte”, tal y como señaló la alcaldesa, Ana González, en su intervención. “Es un día triste pero necesario para no olvidar nunca; debemos revisar la historia para contarla como es”, apostilló la Regidora antes de participar en acto por el 98 aniversario de la muerte de Rosario de Acuña, la escritora, pensadora y feminista fallecida en 1923.

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